Hazte socio/a
Última hora:
Pedro Sánchez, con el Papa

La complejidad como integridad e interconectividad

E. Morin (08.07. 1921 – 29.05.2026) y su visión abarcadora. El reto de su conservación y ampliación

Imagen de un E. Morin sonriente

La muerte del pensador, sociólogo y filósofo francés Edgar Morin ocurrida este fin de semana último supuso el fin de su andadura mortal pero no el de su pensamiento que sigue suscitando comentarios y reacciones.No es esta la ocasión para recoger ni evocarlos todos pero sí es ocasión para reflexionar aunque brevemente acerca del patrimonio que nos deja puesto que el mismo seguirá teniendo repercusiones en tiempos venideros.

             He de reconocer que su pensamiento no es fácil de comprender. Es ‘complejo’, como dijera Morin mismo por lo que no deberíamos pedir una simplificación de su pensamiento, si bien sería de gran ayuda.Más bien sería preferible aprenderlo como la realidad, en sí misma, es compleja por lo que hemos de aceptarla, comprenderla, vivirla tal cómo es o tal cómo se nos presenta: con todos los enredos, con todas sus dimensiones. Simplificarla sería manipularla o falsificarla.

             Morin nos ha enseñado a verlo todo desde una perspectiva multidisciplinaria.No es el pionero en este campo pero sí unas de las voces más influyentes. De tal forma que esta perspectiva es clave para comprender adecuadamente su legajo que por sí es ya complejo, pues resiste a todo intento de ser resumido pero abarcador y a la vez una llamada a la integridad puesto que esta es la finalidad de toda complejidad.

             Siendo así, hemos de aceptar que este todo es un sistema, una red de interdependencias, lo cual debería ayudarnos a aceptarnos mutuamente, pues la realidad está compuesta de unidades y diversidades que en sí son enriquecedoras y que no deberían reducirse o simplificarse. A esta luz, nuestro empeño nunca acaba o es interminable, pues siempre hay matices que se nos escapan por lo que hemos de seguir indagando, investigando, explorando.

             Más que por su contenido, juzgo muy inspirador el legajo de Morin por la actitud subyacente que ha de traducirse en medios concretos dentro de nuestros propios quehaceres intelectuales y culturales que por su 'urgencia esencial', como dijera el mismo Morin, han de realizarse de inmediato. En otras palabras, es algo temporal; no es algo fijo o cerrado. Siempre se abre a nuevas perspectivas que van madurándose o evolucionándose conforme a los contextos culturales cambiantes que en su complejidad forman un abanico experiencial amplio y no fácil de definir o categorizar. En mi opinión, es este el carácter perenne de su legajo no susceptible a una fácil hermenéutica.

             En una entrevista reciente distinguía nuestro distinguido finado entre ‘sobrevivir’ y ‘vivir’. Aquel, según él, se refería a lo que él hizo, junto a los suyos, en tiempos de la ocupación nazi, puesto era de una familia judía. Por otra parte, este significaba para él algo participativo. 

             Podría concluirse al respecto que el pensamiento complejo es participación en esa compleja realidad del ser humano y de sus constructos que desde una perspectiva hegeliana son áreas de la actividad del espíritu hacia la plena realización del conocimiento absoluto. A la postre, todo empeño intelectual y cultural es un intento de ampliar nuestro conocimiento de la realidad en toda su complejidad. La participación significa 'tomar parte', solo una parte y no acapararlo o reducirlo todo.

             No cabe duda de que existe un riesgo de construir un sistema monolítico, algo que la ideología nazi, con toda su patología maléfica, quería pretender en su tiempo. Ciertamente el legajo moriniano corre este riesgo de acapararlo todo en toda su complejidad. A mi modo de ver, Morin tuvo en cuenta todo ello por lo que con mucho esfuerzo desarrolló su pensamiento complejo como alternativa factible e incluso ética a todo ello.

             Mas, a mi modo de ver, hemos de fijarnos en la relacionalidad que subyace a este gran complejo por lo que es preciso examinar todos los componentes y su contribución a fijar este gran todo. Morin, quizá, estaba obsesionado por un todo coherente puesto que sobrevivió a una especie de fragmentación de la realidad humana con el Holocausto. En dicha fragmentación, toda relacionalidad, es decir toda humanidad, fue anulada.

             La humanidad, es decir, la relacionalidad ha de tejer una unidad, un sistema complejo de relaciones que no excluye, que no discrimina, que no mata sino que edifica. Y las edificaciones culturales siempre son complejas y estas se viven ‘relacionalmente’.Incluso, me atrevería a decir que el pensamiento complejo tiene una veta fenomenológica, pues su ‘método’, por así decirlo, es descriptivo; permite que se vea, se describa el fenómeno en toda su complejidad. Así es descriptible en cómo se vive, en cómo se comprende en términos de relacionalidad, que es su 'esencia trascendente' en medio de las variedades incontables, por lo que lo interdisciplinario se vuelve necesario, imprescindible para poder abarcarlo todo y proponer un modelo hermenéutico adecuado.

             Resulta inevitable que la cultura sea así. Exige por su naturaleza un acercamiento interdisciplinar, puesto que es una red, ‘simbólica de significados’, como dijera Clifford Geertz que era pionero de la denominada antropología posmoderna. En tiempos posmodernos o pos-posmodernos, el modelo complejo, relacional e interdisciplinar de Morin es un contrapeso que a su vez lleva a una especie de compromiso.

             Y este compromiso, de acuerdo con el espíritu de sus planteamientos, es una llamada a conservar lo humano en toda su complejidad, resistiendo cualquier intento de sistematizarlo o reducirlo a unos esquemas límpidos o estructuras monolíticas simplificadoras. Dicho en otros términos, requiere una hermeneútica también compleja o una que le haga justicia, desvelando toda su riqueza y todos sus matices. Desde ahí puede hacerse una llamada incesante hacia una mayor relacionalidad, una interacción más constante e incluso más compleja o enredada, algo que Lévi-Strauss había pregonado en su día.

             Mas todo ello trae consigo un mayor reconocimiento de los límites de nuestras capacidades cognitivas y científicas. Pero por ello no hemos de dejar de explorar y ampliar nuestras fronteras para una ‘humanidad’ mayor, más grande, más compleja, más rica, más matizada. Lo cual significaría más íntegra y más interconectada: más abarcadora pero más comprometida con lo humano y su conservación que necesariamente conlleva su ampliación.

También te puede interesar

Lo último