La IA y la religión
Algunas reflexiones preliminares desde los tres componentes de la religión: credo, código y culto
Recientemente, el cardenal Luis Antonio Tagle, en una misa en la Diócesis de Legazpi (Filipinas), ha denunciado, con su habitual sonrisa y sentido de humor, que algunos sacerdotes dependían de la AI para preparar o redactar las homilías. El actual cardenal decano del Sacro Colegio dijo que la AI dependía de algoritmos, de datos. En efecto, una homilía preparada por la IA carece de corazón. No es el trabajo del misionero, añade el purpurado.
Pues bien, para investigadores de la filosofía y de la teología, como el que suscribe estas líneas, la IA ayuda a encontrar referencias exactas para citas aprendidas de memoria o puede resumir algunos trabajos o presentar las tesis fundamentales sobre algún tema. Pero claro no se puede depender totalmente de la IA, pues esta puede cometer errores o al menos hacer generalizaciones infundadas. Sin embargo, he de confesar que muchas veces he encontrado, gracias a la IA, resúmenes o esquemas muy útiles de lo que podría llamarse el credo que en la religión es lo que se cree y que es objeto de estudio de ciertas ciencias relacionadas con la religión, sobre todo la teología y la filosofía de la religión.
No se puede dudar de la utilidad de la IA para la investigación. Pero no debería reducirse esta a los aportes de la IA.En otras palabras, nuestro uso de la IA ha de ser inteligente, es decir, prudente. Esto significa tener en consideración algunos principios éticos inviolables que se basan en la primordialidad de lo humano. Es decir, todo ha de hacerse para el bien del ser humano que es el bien común y no para promover medidas inhumanas. Y la forma más radical de esta es sustituir lo humano, su creatividad, su esfuerzo, su capacidad racional y moral por la obra más eficaz o más límpida o más rápida, si bien imperfecta, de la IA.
En unas conversaciones digitales sostenidas con algunos amigos y viendo varios posts en las redes sociales, me he enterado de personas concretas que consultan con la IA para resolver sus problemas personales o cuando están en crisis o apuros. A primera vista, esto podría calificarse como ‘patético’ mas, viéndolo con ojos más escrutadores, refleja que en este mundo cada vez más digitalizado, los hombres, nuestros hermanos y hermanas, se encuentran cada vez más aislados, más solos.Con la época digital, se han aumentado cosas negativas, como los bulos, la agresividad y la falta de modales en los discursos públicos, sobre todo digitales, la soledad que ya no es sonora, parafraseando al Doctor Místico; es más bien una soledad o aislamiento de todo afecto humano en nombre de la eficacia, de la rapidez, de la impersonalidad.Todo ello forma parte del ‘sueño' o 'utopía digital’ que promete la IA cual un político en plena campaña electoral.
Todos queremos una vida más cómoda. La comodidad o el confort supone la rapidez, la eficacia, la técnica, es decir, la facilidad para lograr los objetivos. La facilidad para lograr los objetivos es la esencia de la técnica.Según este esquema, solo cuentan los fines. No cuentan los medios. En realidad, volvemos a aquel axioma ético: los fines no justifican los medios o los medios no justifican los fines.
Dicho en otros términos, se ha contado con la IA para encontrar una brújula o una ayuda para seguir el código de la religión, que son las normas que se viven a partir de lo que se cree (que se resume en el credo). Dado que depende de los datos y algoritmos disponibles en las redes, se ha notado que los consejos para seguir el código religioso dados por la IA son más bien ‘seculares’. Es decir, no suelen ser avisos espirituales, propios de un confesor o director espiritual sino que son más bien consejos, como los que se encuentran en los libros de autoayuda o incluso de la denominada ‘nueva era’. Tal vez en esta materia o área los mencionados consejos de tipo autoayuda son los que más dominan en las redes en lo que a orientaciones éticas, existenciales o incluso espirituales se refiere.
No cabe duda de que fácil dar consejos de tipo autoayuda o de estilo ‘nueva era’ que es una forma secularizada de lo religioso. Cualquiera puede consultar un libro o un texto para buscar recetas listas o prefabricadas, como hace la IA. Esto no es de extrañar, pues la verdadera orientación espiritual, que supera a los mencionados tipos de consejos prefabricados, necesita o exige la intervención humana. Esta puede que no sea precisa, exacta, algebraica como las fórmulas matemáticas o los silogismos captados por la lógica simbólica. Puede que sea vacilante, inconstante, incoherente, inconclusa e incluso contradictoria, es decir, puede revelar la fragilidad humana que por naturaleza es capax Dei por tener una inteligencia, voluntad y memoria en vez de un centro de datos o un sistema algorítmico, cuya única capacidad es reproducir datos y producir salidas, que dependen de las entradas.
Es preciso reconocer, a tenor de lo ya afirmado, que la IA, hasta la fecha, se ha demostrado incapaz de dar orientaciones válidas, auténticas con respecto a la vivencia del código, sobre todo a la luz de cuestiones actuales y problemas concretas. La IA solo puede dar resúmenes de datos acerca del credo o avisos genéricos de autoayuda mas sin poder dar verdadera orientación en lo que al código que es la vida de un creyente en su realización concreta.
Tras reflexionar brevemente acerca del credo y el código, ahora pasamos a reflexionar acerca del elemento de la religión más obvio o más visible y que suele ser tomado como la única coordenada para poder observar fenomenológicamente una religión. Me refiero al culto o la liturgia.
La IA puede simular o grabar o ilustrar cómo se lleva a cabo una celebración pero no puede celebrar. Esto requiere la intervención humana no solo por su validez sino sobre todo por su ejecución. La IA, por ejemplo, no puede celebrar misas o administrar los sacramentos y demás ritos.Puede proveer los textos como un credo o código. Pero no es capaz de actuar, ejecutar la celebración que solo puede llevarse a cabo con la intervención humana y cuya validez y legitimidad requiere el factor humano.
A tenor de ello, puede decirse que el culto o la liturgia es la última frontera o la última barrera para salvaguardar lo humano en la religión.Esta siempre es la relación entre Dios y el hombre. Es una relación siempre mediada, que usa de medios para construir puentes relacionales.No se puede dudar de que la tecnología nunca es neutral y que puede influir cómo se construyen dichos puentes mas siempre hay limitaciones. Los puentes, y su ‘arquitectura’ (y ya se ha demostrado como la IA ya ha invadido el área del arte religioso), influyen la vivencia, pues constituyen el camino por donde se camina el hombre para llegar a la deseada meta de relacionarse con lo Absoluto. Mas estos mismos puentes no pueden acaparar la integridad de esta vivencia religiosa.Claramente en este camino claramente hay elementos imprescindibles, como la mediación de otros hombres. Los credos y los códigos, o la interpretación de los mismos, pueden orientar. Lo mismo podemos decir de las simulaciones del culto, que es la vivencia religiosa principal. Pero el verdadero culto, amén de ser lo más visible o palpable de los elementos de la religión, solo lo puede llevar el hombre. La IA puede proveer material para la liturgia o la oración pero solo el hombre puede celebrar u orar. Los textos están ahí pero hace falta la intervención humana para convertir los mismos textos en un drama viviente, en una obra compartida, en una liturgia.
La verdadera oración requiere la inconstancia, la contradicción, la imperfección, la incoherencia del ser humano que busca a lo Absoluto para tener una relación verdadera y duradera. La relación con lo Absoluto 'perfecciona' al hombre sin que este llegue a ser perfecto como Dios o al menos perfeccionista. La IA pretende ser perfecta pese a sus errores o defectos. Pretende ser el fin y no simplemente un medio, lo cual es peligroso en sí. Los puentes solo son medios que pueden ser optativos. La IA solo puede cumplir esta función en determinadas circunstancias. Pero los mediadores, que solo son los seres humanos, son imprescindibles.