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Todo sobre el consistorio de cardenales, en RD

Seguirán las conversaciones a todos los niveles: Ya hablaremos

Cómo la escucha compete a toda la Iglesia y hacia un redescubrimiento del sentido original de la obediencia

Y proseguirán las conversaciones. Se concluye el consistorio extraordinario de mesas redondas, una innovación inspirada por el papa Francisco cuyo espíritu se palpa en el aula consistorial

Felizmente ya ha terminado el consistorio extraordinario. El segundo del papa León XIV. Este acontecimiento será recordado con letras de oro en los anales de la memoria eclesial de todos. Redacto esto con tinta de color y tono más humildes mientras se está desarrollando la misa de la imposición del palio, un símbolo antiguo de significado marcado pastoral que llegó a ser un símbolo de prestigio y poder.  Tres filipinos han recibido hoy este bello símbolo del papa Prevost, a saber, Mons. David W. Antonio de Nueva Segovia, Mons. Alberto Uy de Cebú y Mons. Charlie Inzon de Cotabato.

Me alegro de que nunca hayan desaparecido de las misas del inicio del ministerio petrino, incluso con la revisión llevada a cabo para la de Benedicto XVI en 2005 que recalcó, la ‘sumisión’ de las tres órdenes del Sacro Colegio. Hubiera sido suficiente la imposición del palio pero el papa Ratzinger añadió la ceremonia de la entrega del anillo petrino por el cardenal decano. Si bien representa el matrimonio del sucesor de Pedro con la iglesia de Roma, y con la universal, es más bien un símbolo medieval de poder, del poder del sello con el que los monarcas de antaño sellaba los documentos emanados desde arriba para imponer desde arriba. Me hubiera gustado una entrega simbólica de llaves conforme al Evangelio de hoy, Mt 16, 13-19.

             De nuevo, León XIV ha pronunciado un bello discurso de clausura.Claramente la Iglesia no es una democracia en el sentido del consenso racional pero sí debería tener principios democráticos. No es un parlamento pero no debería ser una estructura monolítica o un sistema totalizador y totalizante. El sínodo o el colegio episcopal, de manera especial por su colaboración directa con el papa, el Sacro Colegio es un espacio de comunión y discernimiento mutuo cuya finalidad es ayudar Sucesor de Pedro. En este esquema, es operante el discernimiento por el que se realizar eso de caminar juntos que no reduce a la Iglesia a un mero parlamento o congreso gobernado por intereses propios y egocéntricos.

            Subrayando su intención de conservar este tipo de reunión como cita anual, el papa proyectando la próxima convocatoria para el año entrante. El discurso cierra con un rotundo y unánime rechazo a la resignación ante la violencia, afirmando que Dios sigue abriendo caminos de reconciliación en la historia.

             Puede leerse el discurso magnífico del papa desde muchas claves. Por ejemplo, desde las preocupaciones actuales como Venezuela (Filipinas también está siendo sacudida por temblores de la tierra), las guerras, la crítica al poder, las familias etc.) Todo ello lo analizarán mejores especialistas que el que suscribe estas líneas.

             Lo que yo, desde mi competencia limitada y laical, quiero subrayar es la dimensión eclesial. Se nota que esta tiene en León XIV una dimensión espiritual, pues la sinodalidad es un estilo espiritual de vivir la Iglesia. No es un método científico para deshacer la burocracia o que tiene el propósito de reducir la eclesialidad a una serie de reuniones regulares sino que es un estilo espiritual que ha de discernir cómo custodiar el don del Señor que es la Iglesia que es de todos. Como le gustaba decir al llorado papa Francisco: todos, todos, todos.

             Esta custodia es colectiva y no solo le compete a una entidad solitaria y aislada, máxime si se tiene en cuenta las realidades del sufrimiento humano global a las cuales no se puede sostener una respuesta solitaria y aislada. Es cuestión de sentido común, por así decirlo.Y todo ello ha de pasar a cómo se vive eclesialmente que ha de ser comunitaria.

             A tenor de ello, sí se podría leer el discurso final del papa desde diversos prismas pero personalmente me quedaría con los siguientes párrafos que he entresacado del texto íntegro y que yo transcribo a continuación:

 ‘Por eso, estos días refuerzan mi esperanza. No solo por lo que hemos compartido, sino por la forma en que lo hemos hecho. En un tiempo marcado por la polarización, incluso la manera en que la Iglesia escucha y dialoga se convierte en parte de su proclamación. Si sabemos seguir buscando juntos la voluntad del Señor, dejándonos guiar por el Espíritu Santo, estoy seguro de que nuestra comunión será cada vez más fructífera para la misión de la Iglesia y para el servicio de toda la familia humana.

Creo que, poco a poco, estamos redescubriendo el sentido más auténtico del Consistorio: la reunión del Colegio Cardenalicio en torno al Sucesor de Pedro para que, en la escucha mutua y el discernimiento común, el Espíritu Santo ayude al Papa a guiar a la Iglesia. No un parlamento, no un congreso en el que prevalezcan las opiniones o los intereses, sino una experiencia de comunión al servicio de la misión.

Lo que estamos aprendiendo a vivir en estos días no concierne solo al Colegio Cardenalicio. Es un estilo que estamos llamados a promover en toda la Iglesia, para que cada bautizado, según su propia vocación y responsabilidad, pueda participar en la construcción de la civilización del amor y en el servicio al bien común’.

             Larga ha sido la cita. Mas muy jugosa. El papa habla desde la esperanza que por naturaleza de comparte en estos tiempos eclesiales marcados por la polarización. La Iglesia o es cosa de una persona. Es comunión cuya finalidad es el servicio. Vuelve a redefinir del Consistorio. El papa es quien convoca, o para decidir en su soledad sino para activar la escucha y el discernimiento común que es la manera de cómo se realiza la comunión. Y no solo para el Colegio Cardenalicio, tampoco para un parlamento o congreso sino para toda la Iglesia, para todos los bautizados, pues todos tenemos vocación y responsabilidad en la construcción de la ‘civilización del amor’, expresión acuñada por san Pablo VI en su homilía durante la misa de clausura del Año Santo, la noche de Navidad del 25.12.1975. 

             Al fin y al cabo, el servicio al bien común es como se construye la civilización del amor lo cual pone de relieve el sentido original de la obediencia, que no es sumisión total e incondicional que fue el modelo de Wojtyla y Ratzinger, sino ‘ob-audire’ o escucha de la Voz del Señor que es Luz y que se oye en las luces y voces de toda la Iglesia y no solo de un gremio elitista o clerical. En efecto, se trata de proseguir con la conversación por la que esta escucha se sigue realizando. Y no solo para el Sacro Colegio sino para todos; hay que escuchar a todos, hay que obedecer al Señor en todos, en cada bautizado con vistas a la construcción de la civilización del amor que es servicio al bien común.

Si bien muchos perciben que la voz del Señor tiene ondulaciones verticales, en realidad resuena horizontalmente, pues solo desde horizontes compartidos los ecos de la tierra se unen con los acordes del cielo, los aromas del aire y las profunidades de las aguas puede crearse una sinfonía integral y global, rompiendo así el tradicional monopolio monocorde cantado al unísono de los que se quedan en los balcones oteando la fertilidad de los campos con el hedor del estiércol mezclado con el sudor, las lágrimas y sangre que juntos suben como incienso agradable a la tarde a lo lejos.

             En efecto, puede expresarse la esencia de la sinodalidad de la Iglesia como Comunión en esta frase tan cotidiana como lapidaria en que se les implica a todos, todos, todos: ‘ya hablaremos’.

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