Sinodalidad en Asia

La 12.ª Asamblea Plenaria de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia (FABC), celebrada en Yakarta, Indonesia desde una perspectiva filipina 

Dos delegados filipinos en la plenaria de la FABC, de la izquierda a la derecha Mons. Antonio Maralit de San Pablo, Laguna y el cardenal Pablo Virgilio David de Kalookan
Dos delegados filipinos en la plenaria de la FABC, de la izquierda a la derecha Mons. Antonio Maralit de San Pablo, Laguna y el cardenal Pablo Virgilio David de Kalookan

Después de aquel consistorio reciente convocado por el papa León XIV, me parece lógico que ahora los obispos asiáticos estén reunidos en Yakarta. Como representantes de mi tierra, están en el país vecino el Cardenal Pablo Virgilio David (obispo de Kalookan y vicepresidente de la FABC) y Mons. Marcelino Antonio Maralit Jr. (obispo de Boac y presidente de la Comisión de Comunicaciones Sociales de la Conferencia Episcopal Filipina o CBCP) El evento comenzó ayer, el 21 de julio, y concluirá el día 26.

           Bajo el lema  central de la asamblea es ‘La llamada a la conversión sinodal y la misión de ser puentes y constructores de puentes en Asia’ los sucesores de los apóstoles que desarrollan su labor en el continente más grande del mundo, conforme al espíritu sinodal impulsado por los papas Francisco y León, abordará el tema del diálogo interreligioso, la reconciliación y el encuentro mutuo en este continente que es el hogar de grandes tradiciones religiosas y en el que el Cristianismo sigue pareciendo algo occidental, algo de fuera si bien nació en el Suroeste de Asia.

             En efecto, esta asamblea supone una conversión personal y comunitaria que permita a la Iglesia ser más participativa, misionera, transparente y dócil a la guía del Espíritu Santo’.   Esta conversión personal implica a todos en la comunidad. El lema no puede menos de destacar la naturaleza y la vocación misionera de la Iglesia que ha de abrirse a las acciones del Espíritu. En Asia, las diversas comunidades eclesiales están llamadas a ser puentes en Asia dada la diversidad cultural, religiosa, lingüística y étnica que en su conjunto es una bendición o una riqueza pero también conlleva aspectos negativos como tensiones, problemas perennes como la pobreza, la violencia asimismo las implicaciones de la migración, de los desafíos ambientales que pasan por los cambios sociales que se están produciéndo a un ritmo vertiginoso.  

             Dentro de este marco, inevitablemente se destaca la necesidad de no levantar muros y la de construir puentes, mediante el diálogo que desembocaría en una convivencia no solo pacífica sino también enriquecedora.Todo ello en medio de los desafíos actuales como la justicia ecológica y, como no, la inteligencia artificial que el magisterio papal más reciente ha subrayado.

             Esta reunión importantísima para nuestra región eclesial se desarrollará mediante conversaciones espirituales e interculturales, celebraciones litúrgicas, momentos de oración personal, convivencia cristiana que se caracterizará por un talante dialogal y abierto y comunicados a la prensa. Todo ello se coronará con una esperada Documento Final.

             En el espíritu de comunión, el papa León XIV estará presente en la persona de su legado personal que es el cardenal Oswald Gracias, arzobispo Emérito de Bombay. El cardenal Luis Antonio Tagle, proprefecto del Dicasterio para la Evangelización, dirigió ayer una jornada de retiro al inicio de la Asamblea. El cardenal Mario Grech, secretario general de la Secretaría General del Sínodo, presentará las líneas de acción para la implementación del Sínodo. La intervención de Grech subrayará el vínculo de la Iglesia en Asia con la universal en lo que a la sinodalidad se refiere. Desde ahí, los pastores asiáticos han de buscar conjuntamente, en un acto de discernimiento colectivo y comunitario, cómo aplicar los principios rectore de la sinodalidad.

 Se espera la intervención del papa León XIV mediante un mensaje en video. La celebración eucarística de clausura se celebrará en la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción en Yakarta. Después de la misa está prevista una visita a la Mezquita Istiqlal, la más grande del sudeste asiático. Asimismo los obispos recorrerán el Terowongan Silaturahmi, es decir, e Túnel de la Amistad, que conecta físicamente la mezquita y la catedral, símbolo viviente en Indonesia de la convivencia pacífica entre religiones, que es un tema que sigue en estado de constante ebullición tanto por su actualidad como por las dificultades inherentes en su implementación correcta.

Claramente esta Federación está modelada en la sinodalidad que se lanzó con un espíritu renovado desde los tiempos del Concilio pero con nuevo ímpetu desde el pontificado de feliz memoria del papa Francisco.

Después de superar etapas e ideologías que habían intentado llevar a cabo una labor de revisionismo con respecto a la verdadera herencia del Concilio, y tras la irrupción del fenómeno Francisco con su don de la sinodalidad, el cardenal David, siguiendo en parte un modelo de la eclesiología de la comunión desarrollada, a la luz del Extraordinario Sínodo de 1985, sobre todo por el cardenal norteamericano Avery Dulles (frente a la interpretación más bien clerical del entonces cardenal Ratzinger que abogaba por un fundamento ministerial en las Órdenes Sagradas), ha insistido no solo en fundamento bautismal de la sinodalidad sino en su desarrollo. 

Es tiempo de superar cualquier planteamiento clerical en orden a recuperar el espíritu primaveral del Concilio que el papa Francisco ha insistido en ser de ‘todos, todos, todos’. Esto, a mi modo de ver, recupera lo que había proclamado san Pablo VI el 08.12.1965 en su homilía incomparable en la Plaza de San Pedro con motivo de la clausura del Concilio: ‘Para la Iglesia Católica, nadie es un extraño, nadie un excluido, nadie un lejano. Cada uno es un llamado, un invitado; es, en cierto sentido, un presente. Que lo diga el corazón de quien ama: ¡todo ser amado está presente!’

La igualdad en términos de dignidad, y no de función, es el punto clave de la sinodalidad por lo que es necesario recuperar la eclesiología del Pueblo de Dios de Lumen Gentium (LG). El bautismo es la dignidad fundamental e igualitaria que constituye la eclesialidad y su camino sinodal en la historia.   De ahí que se espere que se recupere no solo la primordialidad de una eclesiología del Pueblo de Dios, con el vínculo de la comunión como fuerza aglutinante conforme a la visión Paulina de un Cuerpo Místico sino también la perspectiva fundamental de LG desde la cual ha de contemplarse la Iglesia: la del Misterio. Este mismo Misterio, encarnado históricamente en la Iglesia, es caminante, misionero y evangelizadora hacia la plenitud escatológica de la venida del Reino que algunos ideólogos habían intentado ‘secuestrar’ o ‘acallar’ en 1985, veinte años después de la conclusión del Concilio.

La sinodalidad, que necesariamente ha de ser caminante, misionera y evangelizadora, significa la correponsabilidad en la Iglesia de parte de todos sus miembros. Es este el verdadero criterio para definir la eclesialidad, no como en tiempos pasados y hasta la actualidad en la mentalidad popular que tiende a reducir a la Iglesia a los pastores, sobre todo a los obispos, especialmente cuando hacen un acto colectivo a la luz de un acontecimiento político y social. El cardenal Filipe Neri António Sebastião do Rosário Ferrão, arzobispo de Goa y presidente de la F.A.B.C., se hizo eco de este espíritu primaveral del Concilio con estas palabras lapidarias: ‘Somos ante todo el Pueblo de Dios y, por lo tanto, nuestra dignidad y nuestra igualdad fundamental, es derivada del bautismo”.   Siendo así, la sinodalidad es camino de vida eclesial. En efecto, es la única espiritualidad eclesial fundada en el bautismo y que crece y madura en la diversidad de los ministerios pero siempre convocada hacia la misma mesa con distintas lengua y culturas pero las de un pueblo en marcha, en comunión, viviendo la Misterio de ser Iglesia hacia la plenitud del Reino, más allá de esta historia inmediata.

La sinodalidad, conforme a la visión expuesta arriba, es un desafío actual que esta asamblea plenaria intentará rumiar, vivir y concretizar dentro de esta región de retos y promesas, de tradiciones e innovaciones, de tensiones y resoluciones. Y Filipinas, país mayoritariamente católico y plataforma histórica de la labor evangélica de los misioneros de antaño, está llamada a aportar un grano significativo a este empeño común, empezando con la conversión propia del clericalismo todavía imperante en su seno.

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