TEODICEA DE LA NOCHE

Desde la noche en Tierra Santa a la noche oscura colectiva de la humanidad hoy en día a la luz de la Pascua

El Cardenal Pizzaballa bendice a Jerusalén con la reliquia de la Santa Cruz, Domingo de Ramos 2026
El Cardenal Pizzaballa bendice a Jerusalén con la reliquia de la Santa Cruz, Domingo de Ramos 2026

Últimamente he estado redactando reflexiones teodiceales teniendo por contexto y fondo la Semana Santa y la Pascua a la luz de todo lo que está ocurriendo en el mundo. Mis textos han girado en torno a las homilías del papa León XIV. Pero también he seguido los pasos y los textos del cardenal patriarca de Jerusalén, pastor de los católicos de rito latino en la tierra de Jesús, que está viviendo unos momentos dramáticos desde que se desató esta última locura que es la guerra.

El mundo entero, empezando con el cristiano, se ha solidarizado con los católicos de rito latino en Tierra Santa desde aquel Domingo de Ramos en que a los lideres de la comunidad eclesial, encabezados por el patriarca y el custos, no los dejaron acceder a los lugares sagrados para los oficios.

Y mientras escribo este texto me llega un anuncio que una filipina, junto con su marido israelí y sus suegros, perecieron en un ataque de misil ahí en Tierra Santa.

Vivimos en tiempos de incertidumbre y violencia. No se sabe hasta cuándo esta locura continuará y cómo se acabará todo esto ya que, al parecer, la locura que es muy propia de las últimas fases del despotismo ha desplazado todo intento racional y razonable para lograr una solución humanitaria.  Pues es esta una noche oscura, por así decirlo, en expresión consagrada de san Juan de la Cruz.

Pero como ha subrayado el cardenal Pizzaballa, la resurrección de Jesús ocurrió en la noche. Cuando llegaron las mujeres y los apóstoles por la mañana ya había ocurrido, Jesús ya había resucitado. Y para nosotros creyentes todas las noches en que nos vemos sumergidos es una ocasión de Pascua, de Resurrección. De ahí que pueda derivarse una teodicea de la noche que puede condensarse en una fórmula que el mismo cardenal patriarca ha ofrecido: Jesús nos procede.

Jesús no está en el lugar donde lo habíamos puesto, colocado, sepultado. Está vivo.Resucitó de noche para sorprendernos, para procedernos a Galilea, según el relato de Mateo, lejos de la violencia y de la intriga de Jerusalén. Mateo seguramente escribía su relato para su iglesia compuesta de judíos que abrazaron la fe cristiana que se vieron obligados a huir del centro religioso y político y refugiarse tal vez en Siria.

Pues, de todo ello podemos aprender que Jesús no es estático. No está en los lugares o en los contextos en donde lo solemos ubicar por nuestras limitaciones. Por su Resurrección, ha salido de estos lugares o tópicos, ha salido de nuestras expectativas para abrirnos un camino de esperanza. Nos procede. Se ha ido a Galilea donde nos espera. Así nos ha construido un itinerario que hemos de recorrer. 

La espiritualidad o la vivencia cristiana es un itinerario para encontrarse de Jesús lejos de nuestras comodidades y sistemas. Jerusalén, y la tragedia y el fracaso en ella, no debería ser el final del trayecto; no debería tener la última palabra. Es este un grito teodiceal que se vuelve cuaderno de bitácora y brújula.

La teodicea es exigencia de hacer nuestro este itinerario trazado por Jesucristo. La teodicea es testimonio vivo de que Dios es real, Dios es bueno frente al mal tanto cósmico y moral, frente al mal que es privación del bien, en efecto, privación del ser que debería existir o ser. La espiritualidad ha de moverse en la historia como teodicea sabiendo que de noche la victoria ya se ganó, que de noche algo nos había precedido en el camino para ofrecernos un itinerario hacia el origen hecho meta, el origen que por esta condición es lo originario, lo que ha dado origen a todo el camino que recorrimos como itinerario de encuentro, más allá de la sacralizada institucionalizada y violada, sobre todo por los blasfemos que insisten en ser comparados con Dios y en ser diositos que quieran regir los destinos humanos a expensas de los más pequeños y débiles.

La teodicea, y ahora podemos aplicar las palabras del patriarca para nuestro planteamiento, es una ‘desobediencia a la resignación’ o a los límites de las expectativas que quieren comerse nuestras realidades e imponer sus cadenas y sombras. La teodicea, cuya raíz es la noche, quiere que volvamos al origen convertido en meta o en lo originario, que nos ha precedido y que nos invita a seguir este itinerario mediante la esperanza. De ahí que la espiritualidad cristiana, a través de la teodicea, es una vocación. Otra vez prestemos atención a Pizzaballa cuando dice: ‘El Resucitado no es un objeto de culto; es un sujeto que llama… El Señor ha resucitado y nunca lo encontraremos donde lo habíamos puesto, sino delante de nosotros, llamándonos a salir’.

La salida es subida de la expectativa de las certezas e imposiciones humanas a la esperanza que solo Dios nos puede ofrecer. A través de su precedencia, hecha concreta en el itinerario, somos llamados, tenemos una vocación. El que nos precede al lugar originario, que es Galilea, muy lejos de las vilezas humanas que violan todo lo sagrado y lo racional, es una llama que nos llama desde la noche a nosotros que seguimos en la noche, a salir de sus sombras para descubrir el sentido originario de la noche, que es la precedencia, que es ambiente del Misterio que nos abraza, que nos espera, que nos salva ahí donde las meras expectativas no llegan, ahí donde la esperanza tiene su hogar.

     

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