¿Vacío profético en Manila?
La línea profética en el epicentro de la nación en tiempos de transición
La línea ‘profética’ en la capital filipina, de la que fue creador o protagonista principal el cardenal Jaime Sin (arzobispo de 1974 a 2003) fue un acontecimiento recordado para siempre en los anales históricos de la colectividad nacional. Su momento cumbre era aquella ‘revolución’ de 1986 por la que se expulsó la dictadura de Marcos. Todos pensábamos que era un adviento para cambios profundos. Mas, como ha demostrado la historia, fue solo un cambio de régimen más de valores. Siguen vigentes los viejos modelos, incluso en esta época de la IA, y que se ha evolucionado en la Inteligencia Dinástica, pues ahora ocupa la silla presidencial el hijo del dictador Marcos y su vicepresidente, la hija del nefasto Rodrigo Duterte. El padre está ahora encarcelado en La Haya por crímenes de lesa humanidad mientras que la hija está ahora está enfrentando un juicio político ante el Senado filipino, constituido como Tribunal de Destitución, amén de otros casos criminales en las cortes filipinas.
El ‘Paradigma Sin’ por el que la Iglesia institucional, dirigida clericalmente por mitrados y sus colaboradores los ‘estolados’ (porque en esta tierra la estola ejerce un poder hechizador, como un imán, sobre los fieles laicos sencillos) se repitió en su triunfalismo en 2001 con la destitución extrajudicial del presidente Joseph Estrada, acusado de corrupción masiva. Y ahora, algunos obispos que apoyaban esta medida extraconstitucional, pues habían apoyado la nueva Constitución de 1987 tras anular la promulgada durante los años de la dictadura, se han arrepentido de ello dado que la solución (la presidencia de Gloria Macapagal Arroyo) era peor que el problema (la de Joseph Estrada). Es que todo se regía por el culto a las personalidades, a lo hechizos personales emitidos por personajes o por el carisma de personas u objetos ‘personificados’ como en las fábulas.
Y los hechizos siguen y se han ampliado o fortalecido con los mantos y las coronas de las Vírgenes que se llevan en procesión, cual un concurso de belleza, incluyendo un desfile de las 3 imágenes pontificalmente coronadas en Parañaque cuando esta ciudad sigue sufriendo las consecuencias nefastas de las riadas. Prefieren dar vueltas con imágenes antiguas y maquilladas en vez de ir dándose vueltas para socorrer a los más necesitados, sin maquillajes y sin medios. El pueblo fiel y sencillo se aferra a las cabezas que llevan mitras bordadas (a veces con joyas) y a las Vírgenes coronadas que llevan trajes bordados (muchas veces con joyas).
Por lo que me pregunto si es una cuestión de profetismo cristiano o fashionimo (de ‘fashion’ o moda) que se convierte en púlpito no necesariamente evangélico sino ideológico con finalidad de manipulación de las masas. Cosa muy peligrosa. Y tanto el Vaticano como los obispos filipinos se dieron cuenta de ello por lo que los tres cardenales sucesores de Sin, a saber, Gaudencio Rosales (2003-2011), Luis Antonio Tagle (2011-2019) y José F. Advíncula (2021-) tienen (o tenían) un talante distinto al de Sin. El primero hizo limpieza, como ya se sabe, pues la gestión económica de la archidiócesis en tiempos de Sin dejaba mucho que desear. Tanto el segundo como el tercero son o fueron más sobrios. Tagle sin mencionar a Duterte criticó a los que se portaban como reyes en una homilía mientras que Advíncula llamaba a la sobriedad, acción y oración en sus pastorales.
La orientación o ideología desde Benedicto XVI era distinta. Incluso se sabe que Juan Pablo no veía con buenos ojos a los pastores activistas o metidos en la política, pues todo ello le olía a la chamusquina de la maldita teología de la liberación, muy marginada y perseguida durante su pontificado. Mientras que en su propio país apoyaba a los pastores que intentaban aplicar los mismos principios de la teología de la liberación sobre todo por medio de la Solidaridad de Walesa.
A tenor de esto, los pastores de Manila evitaban pronunciamientos sobre la política, pues, como se ha demostrado tales pronunciamientos, desde el púlpito, disfrazados de homilías o sermones moralizantes suelen ser, en realidad, arengas que incitaban o excitaban o provocaban a medidas partidarias que suelen realizarse en las trincheras de las calles con voces de protesta que muchas veces se confunden con la insurrección, la sedición o la rebelión.
Se dice que el Cardenal Virgilo Pablo David, obispo de Kalookan, dentro de la Provincia Eclesiástica de Manila y una diócesis relativamente pobre pero cercana a la capital manileña, podría ser el posible sucesor de Advíncula en la sede manileña puesto que este el 30 de marzo del año que viene tendrá que presentar su renuncia al cargo de arzobispo por razones de edad. David fue uno de los beneficiarios de aquella política del papa Francisco de mirar hacia las diócesis marginadas, pues es esta la primera vez en Filipinas que un obispo residencial de una iglesia local pequeña sea elevado al rango cardenalicio. Claramente este honor se debe a que David, amén de ser pastor de una iglesia local pobre, fue vilipendiado por el presidente Duterte, pues luchaba denostadamente en contra de la violencia desatada durante aquel régimen nefasto amén de luchar por los derechos de los más pequeños.
Y todo ello sigue hasta el presente. David ha estado (o sigue estando) presente en las asambleas multitudinarias, en las misas; sigue figurando en los medios de comunicación en clave de denuncia profética. Algunos dicen que es el nuevo Cardenal Sin. Está bien claro que tiene un talante distinto a los tres últimos cardenales de Manila.
Lo dicho no quiere decir que estos tres hayan faltado al deber de proclamar el Evangelio mas el estilo es distinto. David tal vez inconscientemente esté intentando llenar un ‘vacío profético’. La experiencia no del todo positiva con el ‘talante Sin’ ha demostrado que es fácil reducir la homilía en una arenga por lo que los pastores han adoptado otro talante u otra estrategia. Mas el tiempo es apremiante. La situación es seria. ¿Se necesita llenar el vacío causado por otro tipo de talante?
En este epicentro de la nación, el talante de un cardenal es importante. A estas alturas, es necesario que el arzobispo de la capital sea un purpurado. No como en el caso de la otra sede cardenalicita tradicional que es Cebú, la 'reina ciudad del sur' y cuna del cristianismo en el archipiélago, si bien es otro epicentro pero no como Manila.
Es posible que al jubilarse Advíncula, David sea trasladado a la capital. Mientras tanto estamos todos esperando el primer consistorio para crear nuevos cardenales del papa León XIV. Es difícil hacer un pronóstico aunque sí los recientes nombramientos ya nos han ofrecido pistas acerca de las identidades de los posibles nuevos miembros del Sacro Colegio.
Mientras tanto, Manila está preparando ya para su posible nuevo pastor en medio de este estado en constante ebullición en la vida social y política. ¿Vacío profético o cambio de talante? La pregunta resuena entre los fieles quienes son proclives a seguir ídolos bien ataviados, bien situados, incluso los mitrados, pues la mitra es como un imán, el báculo como una vara mágica para que todos caigan bajo sus encantos y se levantan para protestar el estado actual, convirtiendo las calles, e incluso los sagrados espacios, en trincheras, sin distinguir la sacralidad de lo mundano en una confluencia incesante y desconcertante.
Sin era temido más que ser amado por los políticos. David también ha sido odiado pero tal vez podría ejercer el mismo talante sin ser temido. En mi opinión, puede llevar a cabo su misión profético siendo respetado y lo está logrando entre la mayoría que son los más sensatos en esta sociedad cada vez más sacudida por las diferencias y polarizaciones tanto políticas como sociales.