Desde antes, verdaderamente inmortal
A propósito de la panteonización de Marc Bloch junto a su esposa Simonne
Demasiado tarde. Después de casi un siglo. Este reentierro. Mucho más que un reentierro. Fue una especie de rito de iniciación para un difunto. En español, ‘panteonización’. Originalmente se había planeado para el 16 de junio (fecha del aniversario de su ejecución por los nazis en 1944), pero la fecha fue trasladada al 23 de junio debido a la celebración de la cumbre del G7 en días cuando están surgiendo nuevos regímenes dictadoriales y violentos.
Mejor tarde que nunca, como reza el archiconocido refrán. Pero la tardanza es un síntoma de que el cáncer de la ingratitud y de la indiferencia que se ha metastatizado y ha avanzado.
Ser panteonizado es reconocimiento público, estatal de la inmortalidad de una persona. Solo reconocimiento porque esté donde esté se coloquen sus restos, Bloch es uno de los verdaderos inmortales. Paralelmente, la Iglesia solo reconoce públicamente, mejor dicho canónicamente (en el canon litúrgico) que uno es un santo. No lo hace santo si bien muchas veces la iglesia institucional fue motivo para que varios se hiciesen santos, es decir, no cabe duda de que la iglesia ‘ha santificado’ a muchos por los sufrimientos innecesarios impuestos.
Desde antes o largo tiempo ya, como decíamos en el español decimonónico en Filipinas que yo heredé por mis circunstancias, Bloch era verdaderamente un inmortal.
Empecé a leer a Bloch inmediatamente tras terminar la carrera universitaria en Manila al leer un texto un tanto pésimo en clase en que se menciona la Escuela de los Annales. Empecé a leerlo, primero en castellano y luego en francés e inglés, mientras comenzaba a leer a otro Bloch: Ernst. Pero esto es ya otro cantar. A lo que voy.Siempre me ha interesado no solo la historia en sí o como los hechos se recuerdan, se narran, se consignan a la memoria colectiva en los documentos y estudios sino también por el modo de acercamiento a estos mismos hechos por lo que en aquellos tiempos comenzó a fascinarme lo de la narratividad de la experiencia, o la historia como narrativa, según algunos autores, sobre todo Paul Ricouer.
La Escuela de los Annales, de la que fueron cofundadores Marc Bloch y Lucien Febvre en 1929, sigue siendo un giro copernicano en el área de la historiografía, pues antes de su fundación la historia se entendía y escribía como narrativa centrada en los héroes, es decir, en los grandes hombres o protagonistas de las grandes epopeyas de los acontecimientos máxime si se trata de las guerras, las luchas políticas y otros grandes acontecimientos.
El giro llevado a cabo por esta escuela consistía en el cambio de enfoque hacia los contextos a largo plazo que consistía en estructuras sociales, tejidos económicas y patrones culturales. Más que meramente de contexto o de fondo hermenéutico, la colectividad o la socialidad de la gente ordinaria o común reemplazó a los grandes individuos con la finalidad de desvelar las fuerzas subyacentes a las grandes construcciones que son las civilizaciones que son los vestigios permanentes de lo humano que se cultiva en el tiempo y en el espacio (la cultura).
Todo ello ha desatado una nueva tendencia que, a mi juicio, que tiene por propósito desentrañar no solo una visión más global sino también las raíces o las causas de los acontecimientos por lo que se requiere un modo de acercamiento más interdisciplinar. Todo ello supone que se tiene una proyección más global y larga de la historia (longue durée). El resultado es una indagación no solo acerca de los personajes sino también de la problemática vivida que genera una mentalidad que es la matriz de todos los acontecimientos y que tiene la clave para comprender mejor. La consecuencia, esta vez inspirándome en W.V.O. Quine (en su obra seminal Dos dogmas del empirismo), es el abandono de la frontera entre la especulación y los hechos, lo cual supone que en cada acontecimiento cohabitan factores tanto invisibles como invisibles. Todo ello desemboca, a su vez, en una visión tal vez más pragmática de la historia en que los eventos se vuelven problemáticas. No son simplemente sagas o relatos heroicos sino una visión pragmática, es decir, la historia es una praxis. Es algo vivido. No solo emulado.
Bloch vivió estos planteamientos, pues durante la Segunda Guerra Mundial se hizo miembro de la resistencia francesa por lo que fue detenido por la Gestapo el 08.03.944. Fue fusilado junto a otros 29 resistentes el día 18. Se autodenominó a sí mismo como judío y buen francés dejándonos a todos, y no solo a los franceses, un legado importantísimo. Con él hemos aprendido que la historia no es solo punto de convergencia o confluencia de factores como la geografía, economía, religión, política etc. sino que se presenta como un desafío, como una problemática cuyas consecuencias o proyección son ‘largas’, esto es, la historia no es para los de corta visión. Con la segunda generación de la Escuela cofundada por Bloch podemos apreciar con más precisión esta duración larga que más que un concepto es una realidad desafiante o un recordatorio que es a la vez reto que lo imperceptible sigue ahí y que tiene consecuencias en un período largo. Estas no solo contextualizan, como los consabidos esquemas con sus consabidas cronologías sino que sobre todo nos permite tener una visión más amplia para poder optar racionalmente, sin caer en la trampa hegeliana de reducirlo todo a la razón, con vistas al porvenir que, desde los límites metodológicos, son resultados de lo acumulado anteriormente.
Un honor tardío pero que supone lo acumulado a largo plazo, no solo desde antes sino sobre todo desde luego, con proyecciones también a largo plazo y a una esfera más amplia aun.