El Apocalipsis de Engels
EL APOCALIPSIS DE ENGELS
Una de las tesis más asumidas sobre la filosofía de Marx, según la profesora Marina Garcés, de la Universitat de Girona, es que habría en ella una versión secularizada de la escatología bíblica en la que la revolución correspondería al momento del juicio final. Según esta interpretación, tanto en la escatología sagrada como en la marxista está en juego la revelación de una verdad que rompe el tiempo y pone fin a un mundo. En el caso de la Historia Sagrada, el tiempo es el vector dibujado por el advenimiento de la Verdad revelada de Dios y la realización de su Reino en la tierra. Esta interpretación que equipara de manera formal y casi mecánica salvación y revolución tiene como consecuencia la clausura del acontecimiento histórico y la reducción de su sentido al de un final. Este final tiene su peso y valor absoluto porque irrumpe y se presenta como resolución de todo lo que se mantenía abierto, dudoso, equivocado o en contradicción.
Pues bien, en 1883 Engels publica un ensayo sobre el Libro del Apocalipsis, al que él se refiere como el Libro de la Revelación. Es el año de la muerte de Marx. El interés de Engels por este texto antiguo no será un hecho excepcional. Ya antes se refiere a él en varios escritos suyos y continuará trabajando sobre él hasta el final. Precisamente en 1894, poco antes de morir, publica una versión ampliada de este estudio con el título Contribución a la historia del cristianismo primitivo. Para Engels el Apocalipsis de San Juan, en vez de ser el más oscuro y misterioso, es el libro más simple y más claro de todo el Nuevo Testamento.
Si lo apocalíptico tiene tonalidades oscuras, en toda la tradición y también en nuestros días, para Engels, en cambio, el Libro de la Revelación es presentado desde su simplicidad y su claridad, como sus primeras y más inmediatas virtudes. Es un texto, según él, que arroja luz, antes que nada, porque es el espejo de lo que era la cristiandad en sus primeros años de existencia. Eso significa, según su interpretación, que nos muestra lo que era la cristiandad antes de pasar por su elaboración doctrinal, que harán de ella los pensadores "romanos". El Libro del Apocalipsis sería, así, un libro-linterna que nos permite atravesar el tupido tapiz de la doctrina posterior, o de la "doctrinización" del cristianismo, que habría sido una operación romana. Como resume muy gráficamente el propio Engels: "Si Filón puede ser el padre doctrinal de la cristiandad, Séneca sería su tío."
Atravesar la opacidad de la doctrina para ir al encuentro de la claridad de la primera cristiandad significa para Engels, en primer lugar, señalar unas ausencias importantes: "Nuestro Apocalipsis tampoco conoce el dogma del pecado original ni la justificación por la fe". Es el cristianismo en su "forma más cruda", centrada en un único elemento: el sacrificio de Jesús, que viene a sustituir en un único acto la práctica judía de los sacrificios. También está presente la Virgen Madre. Más allá de ello, "ni la dogmática ni la ética del cristianismo posterior se encuentran en él". Si no hay nada de lo que da forma a la doctrina cristiana y si su mensaje de salvación y de castigo es una forma de retórica retrospectiva, ¿de qué va el Libro del Apocalipsis y por qué le interesa a Engels? ¿Qué se encuentra entonces en el escrito de Juan de Patmos y por qué volver a él una y otra vez? En palabras de Engels: "Es el momento de la propaganda activa, la lucha del enemigo de dentro y de fuera". "Existe el sentimiento de que se está en lucha contra todo un mundo y que de esta lucha se saldrá vencedor. Un ardor guerrero y una certeza de vencer que han desaparecido completamente entre los cristianos de nuestros días y no se encuentran ya más que en el otro polo de la sociedad, entre los socialistas." La Revelación, por tanto, es ese "poder vencer" contra todo un viejo mundo de injusticia. Este es el efecto de verdad que le interesa y que no tiene nada que ver con la verdad como resolución, como finalización, como juicio o como salvación. No cierra, sino que abre un mundo mejor. Es un final no por lo que acaba sino por lo que confronta.
La situación creada por el poder de Roma sobre distintos grupos sociales ( campesinos, esclavos, trabajadores...) está marcada por la desposesión, pero crea situaciones de necesidad heterogéneas entre sí. Por lo tanto, la carencia no es una condición que unifique en la lucha, por sí misma, sino que tiene un efecto de fragmentación y de conflicto de intereses: "No había de ninguna manera una vía de emancipación común para tan diversos elementos, para estos distintos grupos con intereses divergentes e incluso opuestos". Añade Engels: "Para todos ellos, el paraíso perdido estaba en el pasado". Por lo tanto, el momento revolucionario no depende de vislumbrar un futuro común sino del saberse en lucha contra lo que lo hace imposible.
¿Por qué le interesa un momento histórico que está dominado por la confusión y por el conflicto de intereses? Engels no está valorando la capacidad resolutiva de esta confrontación revolucionaria, sino su capacidad subjetiva de impugnar "todo un mundo", en este caso el orden de cosas que se deriva de la dominación imperial. Es ese "poder vencer", que no depende de una fórmula organizativa ni de una unidad ideológica, sino de una convicción que atraviesa su diversidad irreductible, incluso conflictiva. Engels constata que el cristianismo doctrinal se aleja del cristianismo primitivo en el momento en que proyecta su atención hacia "otro mundo". Con ello, pierde la fuerza revolucionaria del primer cristianismo. La solución religiosa es la que transfiere la solución a otro mundo, mientras que el cristianismo primitivo habría luchado en éste y por éste.
El espejo, claro y simple, del Libro de la Revelación sería así para Engels una invitación a volver a mirar hacia este mundo. El cristianismo primitivo fue un momento revolucionario cooptado por el Imperio romano. ¿Estaba Engels viendo este peligro de desviación y de cooptación de las fuerzas revolucionarias socialistas de su momento? ¿Cuál era la coyuntura y las fuerzas en conflicto que estaba entreviendo Engels y a las cuales estaba intentando dar respuesta a través de su lectura reiterada del Libro del Apocalipsis? Está claro que en este libro no buscaba un anuncio, ni del fin del mundo ni de una salvación revolucionaria, sino algo mucho más concreto: cómo luchar contra "todo un mundo" sin dejarse cooptar por la lógica imperial y religiosa de un más allá. Si la lectura marxista se caracteriza por ser una lectura de tendencias, más que de constantes formales y abstractas, ¿respecto a qué tendencias estaba pensando Engels? ¿Y qué tienen que ver con nuestro presente? ¿Podemos hacer también nosotros un ejercicio de paralelismo revelador?
En tanto que revelación de un combate, el Libro del Apocalipsis abre una brecha en el tiempo que no es la de un final sino la de poder leer de otra manera lo acontecido. Des-escatologizar el Apocalipsis es, así, des-saturar el espacio público imperial. Engels, en su lectura del Libro de la Revelación, busca no solo evitar que el socialismo acabe proyectando sus deseos en otro mundo, como hizo el cristianismo cuando sistematizó su doctrina, sino conectar al presente con ese deseo que en un determinado momento rompió el tiempo y el espacio del "todo imperial": el convencimiento, confuso, pero claro, de un "poder vencer" contra todo un mundo.
Martín-Miguel Rubio Esteban