León XIV al servicio de la paz
León XIV cada vez se muestra más firme. Hace una semana, criticó los “delirios de omnipotencia” de algunos líderes políticos y el Domingo de Ramos se dirigió a los responsables de las guerras que destruyen vidas y ciudades, lanzándoles un grave reproche: “Vuestras manos están llenas de sangre”
Hace poco lamentaba ciertos gestos de León XIV que parecían orientados a complacer a los sectores más conservadores, como permitir una misa en latín en la Basílica de San Pedro o fijar su residencia en el Palacio Apostólico, pero ahora quiero celebrar que haya descartado cualquier forma de tibieza frente a la guerra de Irán y la violencia ejercida por Israel contra Gaza y Líbano. Prevost fue nombrado obispo y, más tarde, cardenal por Francisco y, según infinidad de testimonios, desarrolló una extraordinaria labor misionera en Chiclayo, Perú. Prudente y reflexivo, siempre ha medido sus pasos, pero ha demostrado que su sentido de la diplomacia no inhibe su compromiso cristiano con los más vulnerables ni esa valentía que se espera de su papel como vicario de Cristo. Indignado por la manipulación del Evangelio para justificar la agresión bélica contra Irán, ha declarado que “Dios no bendice ninguna guerra” y que “la guerra nunca es santa”.
Con su habitual agresividad, Trump ha respondido a sus palabras, acusándolo de ser débil y querer complacer a la “izquierda radical”. Como estos exabruptos no le parecían suficientes, el presidente estadounidense colgó en Truth, su red social, una imagen delirante en la que aparecía caracterizado como Cristo curando a un enfermo, con la bandera de Estados Unidos de fondo e imágenes de aviones de combate sobrevolando la estatua de la libertad. No es la primera vez que Trump recurre a esta clase de estratagemas para atacar a sus adversarios. Ya recurrió a la inteligencia artificial para disfrazarse de Papa y de piloto de guerra descargando toneladas de excrementos sobre manifestantes descontentos con sus políticas.
León XIV ha replicado con elegancia y coraje, asegurando que Trump no le inspira miedo y que continuará hablando a favor de la paz. En relación a Gaza, Prevost ha reconocido que cada vez se está utilizando más la palabra “genocidio”, incluso entre las organizaciones israelíes que defienden los derechos humanos. Además, ha admitido que la Franja es “una tierra martirizada”. Con el mismo espíritu de denuncia, expresó en una reunión con los obispos españoles el malestar que le causaba la instrumentalización del catolicismo por parte de la ultraderecha para atraerse votos. Fue un comentario inesperado que los más conservadores intentaron neutralizar, asegurando que no había mencionado a ningún partido. Sin embargo, otros participantes en el encuentro señalaron que se había referido a Vox, deplorando sus objeciones a la regularización masiva de inmigrantes.
León XIV cada vez se muestra más firme. Hace una semana, criticó los “delirios de omnipotencia” de algunos líderes políticos y el Domingo de Ramos se dirigió a los responsables de las guerras que destruyen vidas y ciudades, lanzándoles un grave reproche: “Vuestras manos están llenas de sangre”. En su Discurso de felicitación de año nuevo de 2026 a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, Prevost manifestó su preocupación por el “número creciente de tensiones y conflictos” y evocó su primer viaje apostólico a Líbano, donde denunció la “idolatría de la fuerza”: “[Allí] conocí a un pueblo que, a pesar de sus dificultades, está lleno de fe y entusiasmo. Allí percibí la esperanza de los jóvenes que aspiran a construir una sociedad más justa y cohesionada, y a fortalecer el vínculo entre culturas y religiones”.
Al hilo de una clarividente reflexión sobre La Ciudad de Dios, el gran clásico de san Agustín, León XIV señaló que “la debilidad del multilateralismo es motivo de especial preocupación a nivel internacional. La diplomacia que promueve el diálogo y busca el consenso entre todas las partes está siendo sustituida por una diplomacia basada en la fuerza, ya sea por parte de individuos o de grupos de aliados. La guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende. Se ha roto el principio establecido tras la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras ajenas. La paz ya no se busca como un regalo y como un bien deseable en sí mismo […] y esto compromete gravemente el Estado de derecho, que es la base de toda convivencia civil pacífica”.
León XIV recordó que la ONU nació de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial y se fundó como “centro de cooperación multilateral” para “salvaguardar la paz, defender los derechos humanos fundamentales y promover el desarrollo sostenible”. Esos objetivos se frustran cada vez que estalla una guerra. Gracias al derecho internacional humanitario, creado por Henry Dunant, fundador de la Cruz Roja, los Estados reconocen ciertos límites en sus campañas militares. En una clara alusión a Israel, León XIV apuntó que “la destrucción de hospitales, infraestructuras energéticas, viviendas y lugares esenciales para la vida cotidiana constituye una grave violación del derecho internacional humanitario”.
En una nueva alusión a la estrategia bélica del gobierno Netanyahu en Gaza, León XIV recordó que “la inanición deliberada es un crimen de guerra
En su visita de octubre de 2025 a la Asamblea de la FAO con ocasión del Día Mundial de la Alimentación, León XIV añadió que “quien padece hambre no es un extraño. Es mi hermano y he de ayudarlo sin dilación alguna”. El hambre, especialmente cuando afecta a la infancia, es “la señal evidente de una insensibilidad imperante, de una economía sin alma, de un cuestionable modelo de desarrollo y de un sistema de distribución de recursos injusto e insostenible”. En una época que ha logrado incrementar notablemente la esperanza de vida gracias a la medicina y la tecnología, “el hambre es un fracaso colectivo, un extravío ético, una culpa histórica”. En una nueva alusión a la estrategia bélica del gobierno Netanyahu en Gaza, León XIV recordó que “la inanición deliberada es un crimen de guerra, como también el impedir intencionalmente el acceso a los alimentos a comunidades o pueblos enteros. […] El derecho internacional humanitario prohíbe sin excepción atacar a civiles y bienes esenciales para la supervivencia de las poblaciones”. “Matar de hambre a la población -subrayó el pontífice- es una forma muy barata de hacer la guerra”. Indudablemente, esta observación puede aplicarse a Cuba, donde el bloque económico ya ha provocado una hambruna.
Todas estas declaraciones han enfurecido a Trump y Netanyahu. No está de más recordar que el primer ministro israelí no asistió al funeral del Papa Francisco ni a la misa de inicio de pontificado de León XIV. Prevost no ha dejado hasta ahora que los gestos hostiles influyan en sus decisiones. De hecho, rechazó la idea de visitar Estados Unidos en el 250 aniversario de su independencia para evitar que su visita se aprovechara con fines políticos. Ha preferido iniciar una gira de once días por cuatro países africanos. Su primera escala ha sido en Argelia y allí ha declarado que “hoy es más urgente que nunca un nuevo curso en la historia, ante las continuas violaciones del derecho internacional y las tentaciones neocoloniales. Las personas y las organizaciones que dominan a los demás, esto África lo sabe bien, destruyen el mundo”. En una región caracterizada por el tránsito incesante de personas que intentan llegar a Europa, ha protestado contra la deshumanización de los migrantes y ha afirmado que el Mediterráneo y el Sáhara no pueden convertirse en “cementerios donde muere la esperanza”. La misión de las autoridades es servir al pueblo, no dominarlo. Días atrás, declaró que las amenazas de Trump de aniquilar la civilización persa resultaban inaceptables e inhumanas.
El estilo de León XIV y el de Francisco no son similares, pero su discurso cada vez se parece más. La Iglesia Católica no puede ser partidista. Sin embargo, tampoco puede permanecer al margen de la historia. Su voz debe ser profética, es decir, beligerante contra las injusticias y los abusos. Ahora que se está preparando la visita de Prevost a España, espero que su llegada a Madrid no consista en una entrada triunfal por la Puerta de Alcalá en compañía de las máximas autoridades, sino en una sencilla aparición por la periferia. Jesús de Nazaret nació y creció en la periferia, en una insignificante aldea de Galilea, una región menospreciada por los judíos más prósperos y conservadores de Judea y Jerusalén. Sería esperanzador que León XIV imitara la sencillez de Cristo, que prefirió un pollino a un caballo blanco, escarneciendo la idea de que el salvador de la humanidad sería un caudillo con la supuesta grandeza de Alejandro Magno y Julio César, señores de la guerra. A los católicos que celebran el boato y la solemnidad, conviene recordarles que Jesús fue el Príncipe de la Paz y escogió como cuna el humilde hogar de una familia trabajadora, obligada a emigrar por la violencia del poder político. “Mirar a Cristo en la cruz obliga a reconocerlo en quienes padecen hoy”, afirmó el papa Francisco. León XIV está demostrando que tiene muy presentes esas palabras y solo cabe celebrarlo, pues el dolor de los inocentes es el mayor escándalo de la historia.
