Eucaristía
SAN CARLOS DE FOUCAULD Y LA EUCARISTÍA
Eucaristía
Eugène-Charles de Foucauld nació en Estrasburgo en 1858 en el seno de una familia noble. Muy pronto perdió a sus padres y quedó al cargo de su abuelo que, por causa de la guerra franco-prusiana, tuvieron que trasladarse, pero este se ocupó de que, quien iba a heredar el título familiar, tuviese una educación adecuada, además de una iniciación cristiana según los canones de su siglo. A los dieciséis y seis años pierde la fe, se sumerge en una juventud desordenada y la gracia de Dios lo convierte a los veintiocho años para desde aquí “vivir sólamente para Dios”.
Solemos pensar que la Eucaristía es un punto de llegada en el proceso de la fe, sin embargo, Carlos de Foucauld vivió su conversión en un momento muy concreto, que consistió en la confesión con el padre Huvelin y la comunión subsiguiente. Para él captar y vivir el perdón y el significado profundo de la Eucaristía significó el inicio fundamental de toda su vida de fe. Solo precedió a aquel momento un esfuerzo por “arreglar su vida”, que hasta entonces había sido una verdadera depravación y desenfreno. El primer estímulo que desencadenó toda su vida espiritual fue el asombro ante la cualidad y la magnitud del amor que Jesús comunica en la Eucaristía. El sol que deshizo los nubarrones de su drama interior fue el hallazgo del hecho, plasmado en el sacramento de la Eucaristía: cómo y hasta qué punto Jesús nos ha amado. Esta visión desencadenará, junto a un profundo movimiento de agradecimiento y alabanza, un intenso deseo de imitación. Y a medida que vaya profundizando en esta experiencia eucarística, irá creciendo su búsqueda mística del rostro de Cristo y su decisión de imitarle a la letra en su forma de vida.
Vivió la eucaristía como lo que es realmente, como un acontecimiento concreto, palpable, visible. Es decir, amor divino real, abajado, humillado, en realidades humanas como el pan y el vino. La consecuencia más decisiva para él será que tenía que vivir de forma tal que ese amor fuera igualmente concreto y tangible, es decir, en pobreza, sencillez, ocultamiento y entregándose a lo demás en radical gratuidad.
Por esta vía, la de la pobreza personal al estilo de Jesús entrarán en su vida los pobres. Simplemente amaba y servía a los pobres, con tanta gratuidad que ninguna muralla de raza o lengua podía detener su fuerza de amar. Le bastaba con ser como Jesús y vivir una existencia eucarística.
Desde su conversión hasta su muerte a los cincuenta y ocho años vivirá en un proceso de intenso crecimiento espiritual tratando de imitar lo más perfectamente posible a Jesús en su vida oculta de Nazaret. Treinta años viviendo pobre entre los más pobres como Jesús en Nazaret: De éstos, siete en el monasterio en Siria, tres en Nazaret como sirviente de las monjas Clarisas, quince en el desierto del Sahara entre Beni Abbés y Tamanrasset. En un ritmo diario de trabajo manual, intelectual y largas horas de adoración eucarística de día y de noche.
En 1901 aceptó ser ordenado sacerdote para servir mejor a los más abandonados. Hizo de su casa un lugar de acogida, brindando amistad y fraternidad a todos. No predicaba con la palabra sino que gritaba el Evangelio con su vida. Siempre quiso dar la vida por su bienamado hermano y Señor Jesús, morir mártir. No recibió esta gracia formalmente, pero murió asesinado por unos asaltantes en el atardecer del primero de diciembre del 1916, primer viernes del mes.
Él, que fue «el monje sin monasterio, el maestro sin discípulos, el penitente que sostuvo en su soledad, la esperanza de un tiempo que no iba a ver» (R. Bazin), un siglo después es padre de muchos. En los últimos decenios han surgido múltiples agrupaciones, en estructura religiosa o seglar, de sacerdotes y de laicos, que se remiten a su figura y quieren vivir, seguir su espíritu: Hermanitas y Hermanitos de Jesús, del Evangelio, Fraternidades Carlos de Foucauld, Jesús-Cáritas, la Comunidad Ecuménica Carlos de Foucauld… Están presentes en todo el mundo; no hay barriada, ciudad portuaria o arrabales de gran urbe donde no haya una pequeña casa abierta en la que se adora al Santísimo siempre y siempre es acogido el prójimo. Pero ese silencio y hospitalidad suyos no hacen ruido, por ello no son noticia y pocos saben que existen.
Nosotros ahora vamos a intentar descubrir, en este pequeño librito, el secreto de su existencia: La Eucaristía. Y lo vamos a hacer de la siguiente manera. Ver su itinerario eucarístico; ver como evoluciona de la exposición al santísimo a una vida expuesta; tratar de la adoración eucarística y ver la relación entre la Eucarístía y el amor a los pobres.SAN CARLOS DE FOUCAULD Y LA EUCARISTÍA eBook : Vázquez Borau, JL: Amazon.es: Tienda Kindle
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