Cardenal Aguiar: "¿Cómo ser sal y luz en el mundo?"

"Ser luz para los demás significa mostrar con nuestra conducta lo que Jesús nos ha enseñado, señalando el camino a seguir en nuestra vida, la manera como debemos comportarnos con nuestros prójimos"

Cardenal Aguiar
Cardenal Aguiar

“Ustedes son la sal de la tierra. Ustedes son la luz del mundo.”

Recordemos que la sal da sabor, es decir, da sentido a la vida. La sal que Jesús quiere que seamos nosotros, es aquella que da sentido a nuestra existencia. Y la luz permite descubrir el camino a seguir para obtenerla.

Ser luz para los demás significa mostrar con nuestra conducta lo que Jesús nos ha enseñado, señalando el camino a seguir en nuestra vida, la manera como debemos comportarnos con nuestros prójimos, reconociéndolos siempre como hermanos.

Todos los bautizados hemos sido adoptados por Dios Padre como sus hijos. Si hemos sido bautizados, somos hijos de Dios y, por tanto, hermanos. Como hermanos fraternos, tenemos que comportarnos con los demás desde esa identidad.

Por eso afirma el Profeta Isaías en la primera lectura: “Cuando renuncies a oprimir a los demás y cuando compartas tu pan con el hambriento, brillará tu luz en las tinieblas.”

Estos son claros ejemplos de cómo debemos comportarnos como hijos de la luz, como discípulos de Jesús. Así, nuestro testimonio de vida y nuestra conducta se convertirán en luz para nuestros prójimos.

Sucede como en la familia: cuando papá y mamá se conducen bien en su vida, cuando hay amor en la relación entre ellos, los hijos aprenden y se comportan de la misma manera con sus hermanos, con sus compañeros de escuela, con sus amigos y con todas las personas, que encuentran a lo largo de la vida.

Por esta razón respondimos en el salmo: “El justo brilla como una luz en las tinieblas.”

Qué importante es este ejemplo, porque cuando no hay luz todo es oscuridad; fácilmente tropezamos, caemos y no sabemos dónde está el camino firme para avanzar. Eso es lo que ocurre cuando no vivimos conforme a las enseñanzas de Jesús.

La inteligencia es importante, claro que sí, pero es la vida misma la que nos enseña a conducirnos y a comportarnos

En la segunda lectura, san Pablo nos recuerda, que debemos compartir no tanto desde las consideraciones de nuestra inteligencia, sino desde aquello que alimenta nuestro corazón. La inteligencia es importante, claro que sí, pero es la vida misma la que nos enseña a conducirnos y a comportarnos.

Por eso san Pablo recuerda que, cuando predicó el Evangelio no convenció por la sabiduría de los hombres, sino por medio del Espíritu. No por mucho saber somos buenos testimonios, sino porque hablamos y actuamos, desde lo que el Espíritu Santo va infundiendo y sembrando en nuestro corazón: la bondad y la misericordia hacia los demás.

En conclusión, Jesús nos dice: “Que brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que realizan, den gloria a su Padre que está en los cielos”.

El cardenal Aguiar
El cardenal Aguiar

Pidámosle a nuestra madre María de Guadalupe, ella que supo ser una auténtica hija de Dios Padre, Madre del Hijo y Esposa del Espíritu Santo, que nos guíe y nos fortalezca para ser buenos discípulos de su hijo Jesús. Por eso María de Guadalupe vino a nuestro país: para mostrarnos el camino a seguir.

En un momento de silencio, nos ponemos de pie ante ella, le abrimos nuestro corazón y le pedimos que nos guíe para ser buenos hermanos con todos: en nuestras familias, en las comunidades y vecindades; y en la vida social.

Bendita seas, Madre nuestra, María de Guadalupe. Con enorme alegría hemos venido a saludarte y agradecerte por todos los beneficios que, a través de ti, hemos recibido durante casi quinientos años de tu presencia entre nosotros.

Hoy tu hijo Jesús nos pide ser “sal de la tierra y luz del mundo”. Tú viviste ese misterio al dejarte conducir por el Espíritu Santo. Ayúdanos, madre querida, a valorar y poner en práctica las enseñanzas de tu Hijo, y a compartir lo que somos y lo que tenemos con nuestros prójimos, especialmente con los más necesitados.

Te pedimos que nos auxilies para que nuestra conducta sea luz del mundo, que ilumine los momentos actuales de adversidad y dolor, y que seamos la sal de la tierra que dé sentido a nuestras vidas, aun en medio de las circunstancias difíciles que debemos afrontar con esperanza, como nos lo pide tu Hijo Jesús.

Para ello, es necesario aprender de tu ejemplo y de tu actitud ante la voluntad de Dios Padre, entregando nuestra vida al servicio de quienes más lo necesitan.

Todos los fieles aquí presentes nos encomendamos a ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y esperanza: ¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María de Guadalupe! Amén.

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