¿Por qué soy un cristiano católico?: Cardenal Carlos Aguiar, en la Jornada Mundial de la Paz
Hoy día tenemos un gran desafío, no solo en nuestro país, sino en todo el mundo occidental, particularmente la incapacidad de los padres de familia de transmitir la fe a los hijos, a los niños, a las niñas, a los jóvenes. ¿Por qué? Preguntémonos
Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo para rescatarnos, a fin de hacernos hijos suyos. Puesto que ya son ustedes hijos, Dios envió a sus corazones el Espíritu de su Hijo que clama: Abba, es decir, Padre.
Con estas palabras que dirigió san Pablo en su carta a la comunidad de los Gálatas, iniciamos esta reflexión sobre el acontecimiento fundamental de nuestro ser cristianos. ¿Por qué soy un cristiano católico? Porque creo en este Jesús que vino para rescatarnos, que vino para hacernos hijos suyos.
Dios Padre envió a su Hijo para compartirnos esa condición de hijos en y a través del Hijo único. Para ello nos ha enviado el Espíritu Santo y, por el sacramento del Bautismo, somos aceptados como hijos de Dios.
Así se cumple en plenitud la bendición de Dios desde el tiempo de Moisés, que desea para todos nosotros, miembros de su pueblo. Es lo que escuchábamos en la primera lectura que Moisés expresó: “El Señor te bendiga y te proteja. Haga resplandecer su rostro sobre ti y te conceda su favor. Que el Señor te mire con benevolencia y te conceda la paz”.
¿Cómo anda nuestro corazón? ¿Con inquietudes, angustias, preocupaciones? Recordemos que el Espíritu Santo está asistiéndonos, está pronto a ayudarnos, porque para eso le pidió Jesús a su Padre nos lo enviara a todos los que creemos en Él, a todos nosotros, discípulos del Señor.
¿Qué debemos hacer? Debemos corresponder a esta gracia de ser hijos en el Hijo, en Jesucristo. ¿Y cómo lo podemos hacer? Como nos dice el Evangelio de hoy de san Lucas que lo hizo la Virgen María. Dice: “María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón”.
Hagamos como ella. Guardemos y cuidemos en nuestro interior. ¿Qué nos deja este conocimiento de nuestra adopción como hijos de Dios? ¿Qué mueve en nuestro corazón? Hay que meditarlo como María meditó todo lo que vivió, y por eso vio a estos pueblos de nuestro país hace 500 años y dijo: “Necesitan verme como madre, y por eso ella está aquí”.
De esa forma nosotros podremos hacer como hicieron los pastores que nos dice hoy el Evangelio de san Lucas. Podemos alabar y glorificar el don recibido. Los pastores, cuando vieron a María, a José y al Niño, dice el texto del Evangelio, se volvieron a sus campos alabando y glorificando a Dios por todo cuanto habían visto y oído.
¿Qué significa esto? Hoy día tenemos un gran desafío, no solo en nuestro país, sino en todo el mundo occidental, particularmente la incapacidad de los padres de familia de transmitir la fe a los hijos, a los niños, a las niñas, a los jóvenes. ¿Por qué? Preguntémonos.
Quizá no he meditado en mi corazón, no he guardado mi condición, la importancia que tiene para mí el creer en Jesucristo y en la adopción que por el Bautismo recibí. ¿Comparto estas cosas con mis hijos en familia, abuelos, padres, hijos?
Preguntan ustedes, niños y jóvenes que están aquí hoy, ¿le preguntan a sus padres por qué venimos aquí a este santuario?, ¿por qué venimos con nuestra Madre? Para poder aprender, como ella, a guardar estas cosas en nuestro corazón y ver qué es lo que siembra el Espíritu Santo en nosotros.
Podamos entonces ponernos de pie y pedirle a ella, que para eso vino aquí a México. Pidámosle a María de Guadalupe que nos dé esa cualidad, esa capacidad de guardar y meditar lo que Dios siembra en nuestro corazón. Nos ponemos de pie y, en un momento de silencio, cada uno ábrale su corazón a ella.
Bendita seas, Madre nuestra, María de Guadalupe. Con enorme gratitud hemos venido a saludarte y felicitarte por todos los beneficios que, a través de ti, hemos recibido durante estos ya casi 500 años de tu presencia entre nosotros.
Al iniciar este nuevo año 2026, te pedimos nos auxilies para aprender de ti a escuchar la voz de Dios a través del Espíritu Santo y adquirir la capacidad que tuviste de meditar en el corazón lo que Dios siembra en nuestro interior.
También te pedimos especialmente por el Papa León XIV y por los cardenales que asistiremos al consistorio extraordinario que se llevará a cabo el próximo 7 y 8 de enero en Roma, para que sea muy fecundo y propiciemos el necesario diálogo que nos conduzca a la paz que tanto anhelamos, a la concordia, a la reconciliación de nuestra sociedad, para que la relación sea positiva al interior de nuestro país y entre las naciones.
Todos los fieles aquí presentes nos encomendamos a ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza.
¡Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María de Guadalupe! Amén.
