"En nombre de Cristo, les pedimos que se dejen reconciliar con Dios"

Miércoles de ceniza

La Cuaresma es el tiempo oportuno para revisar nuestra conducta y descubrir lo que Dios espera de nosotros: lograremos descubrir Su bondad y la plena confianza al recibir los beneficios de encontrarnos con Él y de vivir acorde a sus enseñanzas

Ceniza
Ceniza | Karen Callaway

La Cuaresma es el tiempo favorable para encontrarnos con Dios, como nos lo pide San Pablo en la segunda lectura. Tanto en el encuentro personal, es decir, el de cada uno de nosotros, como en el comunitario, el encuentro que estamos realizando aquí hoy en esta Eucaristía. 

Debemos descubrir, con sincero corazón, qué hemos hecho bien, de qué cosas nos podemos alegrar por habernos comportado así; y también en qué hemos fallado, dónde nos hemos equivocado, si hemos ofendido a alguien. Precisamente para eso es el tiempo de la Cuaresma.  

El Profeta Joel, en la primera lectura, invita a la conversión.  

La conversión es un cambio; tanto personal, como individual, la de cada uno de nosotros, y también como la conversión familiar —esposo, esposa, padres, hijos, abuelos, nietos—, la de la familia; y así mismo debemos practicar la conversión social. De la que tanto hoy nos quejamos por las confrontaciones, la inseguridad, las injusticias, la mala actuación que vemos en algunos, y en otros que sufren esas situaciones negativas. 

El profeta Joel, por eso, afirma: “Todavía es tiempo. Conviértanse a mí de todo corazón, dice el Señor Dios”. Así, con sinceridad, descubriremos con gran alegría la misericordia de Dios con nosotros. No solamente saber que Dios es misericordioso, sino experimentarlo en nosotros mismos a partir de nuestras fallas y de nuestras equivocaciones. Y, sin embargo, descubrir que Dios nos sigue amando; está pendiente de mí como buen padre con sus hijos. 

Conversión
Conversión

Así, con esa sinceridad, descubriremos la misericordia de Dios que, como nos dice el profeta Joel, es compasivo y misericordioso. Y también nos expresa el Profeta, que pidamos perdón al encontrarnos con Dios. 

Por eso toda Eucaristía comienza con la confesión de nuestras faltas. No es para tratar de oprimirnos, sino al revés, para rescatarnos y experimentar, como les decía antes, la misericordia divina. 

Por ello, también el Profeta afirma en esta misma lectura que debemos pedir perdón no solo por lo personal, sino también por la comunidad, diciendo: “Perdona, Señor, perdona a tu pueblo”

Teniendo esto en cuenta, entonces vienen muy bien, las recomendaciones de Jesús que les da a sus discípulos y que hemos escuchado en el Evangelio de hoy. Jesús nos ha ofrecido claramente cómo debemos orar y cómo debemos ayunar. 

A veces pensamos que el ayuno es solamente dejar de comer. Hay otros modos también; aquí nos lo dice Jesús: “Cuando ustedes ayunen, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”

Y también dice Jesús: “Cuando ustedes hagan oración, entra en tu cuarto y ora a tu Padre, que está allí en lo secreto. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”

La oración, si la hemos hecho así, nos devolverá una alegría inmensa para seguir viviendo coherentemente con la ayuda de Dios.  

A veces buscamos que sea el prójimo, el otro, quien me dé entusiasmo y alegría; pero la principal fortaleza espiritual, que debemos ir desarrollando es confiar en este Padre que nos conoce a fondo y que, a pesar de nuestras equivocaciones y pecados, nos ama y nos espera siempre. 

Así lograremos descubrir la bondad de Dios y la plena confianza al recibir los beneficios de encontrarnos con Él y de vivir acorde a sus enseñanzas. 

Oración
Oración

En conclusión, la Cuaresma es el tiempo oportuno para revisar nuestra conducta y descubrir lo que Dios espera de nosotros. 

Así nos prepararemos para vivir la Semana Santa en un encuentro con Cristo, que ha dado su vida para mostrarnos el camino a seguir y llegar, al final de esta vida terrena, a la Casa del Padre. 

Pidámosle esto, al Señor, en un breve momento de silencio. Así sea. 

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