"Este es aquel, que reparó el templo"
"El primer renglón del libro del Eclesiástico, 'este es aquel que en su tiempo reparó el templo', lo descubrió y lo hizo suyo San Francisco. No se refiere al templo material, sino al templo en lo espiritual: lo importante es seguir a Jesús y sus enseñanzas"
Hoy las lecturas describen muy bien lo que fue San Francisco. Este primer renglón del libro del Eclesiástico, “este es aquel que en su tiempo reparó el templo”.
No se refiere al templo en lo material, sino al templo en lo espiritual. Como lo decía ya San Pablo en una ocasión, somos nosotros, el pueblo de Dios, el templo donde el Señor vive, en cada uno de nosotros.
Esto lo descubrió lo hizo suyo San Francisco, y por eso se entregó a él.
La primera lectura continúa diciendo, “de agua abundante”. ¿Se puede vivir sin el agua? Y si esta es abundante, pues no nos faltará nunca. Y termina diciendo esta lectura, “como sol refulgente brilló él en el templo de Dios”.
El templo representa el lugar para el encuentro con Dios, que da vida en abundancia, y testimonio convincente, de que Dios camina con nosotros, iluminando nuestra cotidianidad y generando fortaleza ante la adversidad, y gozo por los frutos alcanzados.
Por eso respondimos a esta primera lectura cantando: “El Señor es el lote de mi heredad”. En verdad es el Señor, el lote de mi heredad. Y más adelante decía, “tú eres mi bien”. Eso es lo que siempre nos rescata, nos salva, nos hace presentes para que seamos luz ante los demás con nuestro caminar.
Por su parte, la segunda lectura de San Pablo describe también este otro aspecto: “Lo que cuenta no es circuncisión o incircuncisión, sino criatura nueva… Llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús”.
Es decir, lo importante es seguir a Jesús y sus enseñanzas, porque la ley y los mandamientos son sólo faros de luz, que señalan el camino, facilitando vivir, imitando a Jesús. Por tanto: No son los mandamientos ni su cumplimiento, lo que nos va a dar la salvación. Es Jesús. Pero, ¿se puede caminar en la oscuridad? Fácilmente se cae, se tropieza, se hace daño. Entonces, por eso son faros de luz.
En cambio, La comunidad israelita, en el tiempo de Jesús, pensaba, y eso fue lo que Jesús aclaró, pensaba que lo que salvaba era cumplir los mandamientos, pasara lo que pasara.
Es Jesús el que nos indica el camino, que siguió tan exacto, tan preciso San Francisco.
El Evangelio de San Mateo, nos dice: “Jesús exclamó, te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla”.
¿Quiénes somos nosotros? Gente sencilla, porque estamos aquí para celebrar la Eucaristía. Eso ya manifiesta en automático, que necesitamos a Jesús. Por eso venimos aquí. Esa es la sencillez.
Es decir, reconocer humildemente nuestra condición terrena, frágil, y por eso nos reunimos como comunidad, en torno a Jesucristo Palabra, en torno a Jesucristo presencia en la Eucaristía.
Entonces, ¿debemos reconocernos como gente sencilla? Sí, somos sencillos. Estamos aquí.
Debemos ser gente sencilla, viviendo el amor y auxiliándonos unos a otros como hermanos, hijos de Dios, como lo fue San Francisco de Asís.
Que así sea.
