"Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir… Había en mí como un fuego ardiente"

Como dice el profeta Jeremías, Dios siembra en el interior del hombre inquietudes ante la realidad que vivimos, y mueve nuestro corazón a intervenir para ayudar a quienes lo necesitan

Enseñanzas de Jesús
Enseñanzas de Jesús

Efectivamente, como dice el profeta Jeremías, Dios siembra en el interior del hombre inquietudes ante la realidad que vivimos, y mueve nuestro corazón a intervenir para ayudar a quienes lo necesitan. 

Por eso respondimos a esta lectura con el salmo cantando: “Señor, Dios, mi alma tiene sed de ti. Señor. Tú eres mi Dios, a ti te busco, de tí está sedienta mi alma”. 

El apóstol San Pablo, en la segunda lectura, va en la misma tónica, nos exhorta diciendo: “Por la misericordia que Dios les ha manifestado, los exhorto a que se ofrezcan ustedes mismos… No se dejen transformar por los criterios de este mundo… sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios”. Eso es el discernimiento. 

Tenemos que darnos siempre tiempo en el día. ¿Qué quiere Dios de mí hoy? Y ese discernimiento debe de tener en cuenta las realidades, que vamos tocando durante ese día en relación con los demás, con nuestra sociedad, con el mundo entero. 

El discernimiento es, pues, fundamental, tanto de manera individual, pero es necesaria también de manera comunitaria. Así sabremos distinguir lo que Dios espera de mí en lo personal, y de nosotros como familia, comunidad, parroquia, Iglesia diocesana, etcétera. 

En el evangelio de San Mateo, el discernimiento lo debemos hacer teniendo como criterio fundamental a Jesucristo y sus enseñanzas. Así lograremos la vida eterna en el cielo. 

En efecto, San Mateo afirma: “Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que tenía que padecer… de parte de los ancianos,… ser condenado a muerte y resucitar al tercer día”

Jesús les transmite lo que va advirtiendo en su contexto histórico. 

Y Pedro, nos dice el Evangelio, trató de disuadirlo, pero Jesús, dirigiéndose a Pedro, le dijo: “Apártate de mí, Satanás”. Qué dura expresión a su discípulo, que le había encomendado ser cabeza de la comunidad. 

Cuando nosotros solo pretendemos quedar bien con la autoridad y no con lo que Dios quiere de nosotros, actuamos como Pedro, nos equivocamos. Somos Satanás para el otro, haciendo lo que no debemos de hacer. 

Eso es lo que dice Jesús cuando continúa diciendo: “‘Tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres”. Aquí nos deja un criterio fundamental: No es nuestro modo de pensar el que tiene que definir, en última instancia, lo que debemos hacer, sino lo que Dios quiere de nosotros.  

Y por eso es tan importante darnos tiempo, sea temprano en la mañana, sea en la noche, para que preguntarnos, ante las circunstancias de ese día, ¿qué pide Dios de mí? ¿Cómo debo de actuar ante tal o cual situación que se está presentando? 

Por ello termina diciendo Jesús a sus discípulos: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga,… porque el que pierde su vida por mí la encontrará”. Esa es la garantía. 

El ser discípulo de Jesús, formar parte de esta comunidad, y discernir siempre lo que Dios quiere de mí, nos garantiza la vida eterna al lado del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo y de María. 

Discípulos
Discípulos

Por eso, porque nuestra madre fue quien cumplió cabalmente estas instrucciones. Pidámosle a ella que para eso vino, que nos ayude también a nosotros para descubrir lo que Dios Padre espera de mi vida y de mi conducta. 

Abrámosle nuestro corazón, y expresémosle nuestras necesidades de auxilio de su parte. 

Madre nuestra, María de Guadalupe, recordando que viniste para dar a conocer al verdadero Dios por quien se vive, te pedimos nos auxilies para ser buenos y fieles discípulos de tu Hijo, dijo Jesús, conduciendo nuestra vida conforme a sus enseñanzas y así llegar a la casa de Dios Padre y gozar de la vida eterna. 

Por tanto, madre querida, ayúdanos a ser buenos administradores de los bienes de la naturaleza en este mundo y a enseñar a las nuevas generaciones a hacer buen uso de ella, ya que es la casa común de la humanidad. 

En este día también ponemos en tus manos a todas las madres, padres, hijos y hermanos buscadores que viven el profundo dolor de no saber dónde se encuentra uno o varios de sus seres queridos desaparecidos

Sin duda, para cumplir estas responsabilidades, nos ayudará mucho propiciar la fraternidad y la solidaridad en todos los ámbitos de la vida cotidiana, consolidando buenos y perdurables cimientos, que hagan posible lograr la civilización del amor.  

Civilización
Civilización

Todos los fieles aquí presentes este domingo nos encomendamos a ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y de esperanza. 

Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María de Guadalupe. Amén.

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