Acojamos al sembrador

"Jesús siempre está trabajando en ello. Tan solo nos pide que le abramos el corazón. Jesús echa la semilla en cualquier terreno, no discrimina a nadie ni tiene en cuenta nuestros defectos"

Sembrador
Sembrador

El texto del Evangelio que hoy hemos proclamado en la Eucaristía dominical recoge una de las parábolas más bellas de Jesús. La parábola empieza con esta frase: “Un sembrador salió a sembrar” (Mt 13,3). El sembrador es Jesús. Jesús se compara con un campesino infatigable que echa semillas sin descanso con la esperanza de que algunas de ellas germinen y den fruto.

Jesús quiere sembrar en nosotros la buena nueva del Evangelio. Él espera de nosotros que cuidemos con mimo la semilla que ha puesto en nuestro interior por el Bautismo. Él confía siempre en nosotros, aunque “la tierra” que le ofrezcamos no siempre sea de la mejor calidad. Confiemos también en Él. Solo así daremos fruto abundante.

Si queremos que la semilla del Evangelio arraigue en nuestro corazón, es necesario que nuestra tierra sea buena. A veces nuestras fragilidades o las preocupaciones de cada día impiden que la Buena Nueva eche raíces en nuestro interior. Sin embargo, Jesús siempre está trabajando en ello. Tan solo nos pide que le abramos el corazón. Jesús echa la semilla en cualquier terreno, no discrimina a nadie ni tiene en cuenta nuestros defectos.

Sembrador
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Jesús nos dice que la cosecha será abundante. Producirá hasta el cien por uno. El número cien, en la Sagrada Escritura, simboliza abundancia. Y es que cuando acogemos con humildad y alegría el mensaje de Jesús, el fruto que produce en nosotros siempre es mayor de lo que jamás podríamos imaginar.

También nosotros podemos sembrar la Palabra de Dios en las personas que encontramos a lo largo del día. Somos discípulos de un buen sembrador. Llevemos a nuestros hermanos el mensaje de Jesús con respeto y delicadeza. Hagámoslo como Él, sin esperar resultados ni recompensas. No tengamos miedo al fracaso de nuestra misión. Tan solo sembremos, otros recogerán los frutos. Solo a Dios le corresponde valorar los resultados de nuestro apostolado.

Si queremos ser buenos sembradores, es necesario que abramos nuestro corazón al amor de Dios. Dios quiere transformar nuestra vida con su gracia, quiere que compartamos con los demás las semillas del Reino de Dios a través de pequeños gestos de ternura y solidaridad. Cuidemos el jardín de nuestro corazón a través de la oración y los sacramentos; especialmente participando en la Eucaristía y recibiendo el sacramento de la confesión.

Queridos hermanos y hermanas, acojamos en nuestra vida a Jesús, buen sembrador, acojamos con fe la Palabra de Dios. Sigamos el ejemplo de la Virgen María. Ella escuchaba las palabras de Jesús, las meditaba en su corazón y las ponía en práctica.

Gracias, Señor, por tantas personas que siembran tu Palabra, tu mensaje de paz y de amor en nuestro mundo. Son muchos los jóvenes, matrimonios, religiosos, sacerdotes, profesionales y gente de buena voluntad, que trabajan en el campo del Señor. Bendíceles y ayúdales con tu gracia.

Card. Juan José Omella Omella

+ Arzobispo de Barcelona

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