"Anunciemos la verdad"
"Comunicar no es solo transmitir datos, sino hacerlo respetando siempre la dignidad de las personas y la verdad de los hechos". Por eso, el lema del papa León XIV para esta Jornada es claro: 'Custodiar los rostros y las voces humanas'"
Hoy domingo, Ascensión del Señor, celebramos que Jesús resucitado, antes de ascender al cielo, se apareció a los apóstoles, les dijo que recibirían el Espíritu Santo y les encomendó la misión de ser sus testigos. Hoy se celebra también la LX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Los comunicadores tienen una misión muy importante en nuestra sociedad, que consiste en explicarnos con honestidad lo que sucede en el mundo y ayudarnos a valorar los hechos con criterio.
Comunicar no es solo transmitir datos, sino hacerlo respetando siempre la dignidad de las personas y la verdad de los hechos. Por eso, el lema del papa León XIV para esta Jornada es claro: «Custodiar los rostros y las voces humanas». ¿Qué significa esto? Que es necesario proteger al ser humano de cualquier intento de desprestigiarlo, difamarlo o anularlo. Los medios de comunicación, gracias a la tecnología, han evolucionado a un ritmo vertiginoso en los últimos años. Sin duda, la tecnología nos ha simplificado la vida y nos ha deslumbrado haciendo posible casi lo imposible. Sin embargo, existen sombras que distorsionan la realidad: no siempre todo es lo que parece.
Es necesario que los creadores tecnológicos y de contenidos sean responsables; es necesario que todos evitemos los fines poco éticos
El Santo Padre nos alerta y quiere proteger nuestros rostros y nuestras voces, porque existe el riesgo de que nuestra identidad deje de pertenecernos. Existe el riesgo de que nuestra capacidad de pensar y reflexionar quede arrinconada y acabemos dependiendo de la inteligencia artificial (IA). El Papa parte de una intuición profunda: el rostro y la voz no son accesorios, sino signos únicos de la identidad humana. Cuando, por ejemplo, la IA imita estos rasgos humanos, puede engañarnos y falsear la realidad. Cuando dependemos demasiado de ella, existe el riesgo de renunciar a los dones recibidos de Dios, como la creatividad humana o la capacidad de decisión. La cuestión es si es ético avanzar sin límites con la tecnología, sin tener en cuenta los valores humanos. La IA nos ayuda, pero también puede simular afectos, provocar confusión y erosionar la capacidad crítica.
No todo vale. Es necesario que los creadores tecnológicos y de contenidos sean responsables; es necesario que todos evitemos los fines poco éticos. Los comunicadores tienen una misión loable: comunicar con la verdad y evitar que la información sea manipulada para el beneficio de unos pocos.
Comunicar significa dar espacio a la palabra veraz, al silencio que escucha y a la mirada que reconoce al otro como hermano, no como perfil, dato o mercancía. Es necesario que la tecnología esté al servicio del bien común, promueva la comunión y que la palabra vuelva a ser un punto de encuentro, confianza y verdad.
Cristo es el más grande comunicador: con el testimonio de su vida nos propone la Buena Nueva para que cada uno de nosotros la acoja desde el corazón, la haga vida y la anuncie. Es una propuesta de amor, de paz y de verdad. Y lo más extraordinario es que su mensaje, aunque comenzó solo de boca en boca, se ha extendido y ha perdurado a lo largo de los siglos.
Queridos hermanos y hermanas, no olvidemos lo que dijo Jesús resucitado a los discípulos antes de su ascensión: «Yo estoy con vosotros día tras día hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Él está con nosotros y Él es la verdad que debemos mostrar al mundo. Y debemos hacerlo, aunque el mundo cambie y descubramos nuevos planetas, nuevas tecnologías e inteligencias, porque Él es pasado, presente y futuro. Él es el Alfa y la Omega: el camino, la verdad y la vida, es decir, la felicidad.
