La llamada de Dios continúa
"La pastoral vocacional no es tarea de unos pocos, sino responsabilidad de toda la Iglesia: laicos, sacerdotes y vida consagrada. En este sentido, es crucial la labor de las familias cristianas"
En la solemnidad de San José, celebramos, como cada año, el Día del Seminario. Es una jornada entrañable para nuestra Iglesia diocesana que nos invita a conocer mejor a nuestros seminaristas, a rezar por ellos y a colaborar generosamente en su formación. Desde este curso, el Seminario de Barcelona forma parte del Seminario Mayor Interdiocesano de Catalunya. En esta nueva etapa, estamos llamados a sumar esfuerzos y a fortalecer los lazos entre todos los que integran la gran familia del Seminario.
El Seminario es verdaderamente el corazón de la diócesis, porque en él se preparan aquellos que, si Dios quiere, serán los futuros pastores al servicio del Pueblo de Dios. Este año, celebraremos el Día del Seminario con el lema «Deja tus redes y sígueme», que nos remite a la llamada de Jesús a los primeros discípulos. Aquellos pescadores dejaron sus redes para seguir al Señor y pusieron su vida entera en sus manos. Hoy estas palabras resuenan también en medio de nosotros, en un contexto muy distinto. Los «pescadores» de hoy día navegamos por otros mares en los que nos distraen cantos de sirena que no nos dejan oír la llamada de Cristo. Sin embargo, Cristo no deja nunca de decirnos: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres» (Mt 4,19).
Nuestra sociedad occidental experimenta, desde hace años, una notable disminución de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Entre las causas encontramos la secularización, un materialismo exacerbado que nos aleja de lo trascendente, el temor a las renuncias que implica la vida sacerdotal o la imagen pública de la Iglesia. Más allá de los análisis, que pueden ser necesarios, a nosotros nos corresponde, sobre todo, cuidar el terreno donde el Señor sigue sembrando, alentando la pastoral vocacional. El Espíritu Santo no deja de suscitar el deseo de entregar la vida al servicio del Evangelio y esto siempre es una gran alegría. Pidamos que los jóvenes estén atentos a la llamada del Señor y sean generosos en responder.
La pastoral vocacional no es tarea de unos pocos, sino responsabilidad de toda la Iglesia: laicos, sacerdotes y vida consagrada. En este sentido, es crucial la labor de las familias cristianas. Como recordaba san Juan Pablo II en la exhortación apostólica Pastores dabo vobis (n. 38), «hoy la espera suplicante de nuevas vocaciones debe ser cada vez más una práctica constante y difundida en la comunidad cristiana y en toda realidad eclesial».
Queridos hermanos y hermanas, os invito a intensificar la oración por las vocaciones y por nuestros seminaristas. Os animo a acompañar a los seminaristas con afecto y a colaborar, también materialmente, en su formación. Gracias por vuestra ayuda en el sostenimiento de la actividad del Seminario. Felicitamos a los seminaristas, que con generosidad han respondido a la llamada del Señor. Démosles las gracias por su entrega valiente. Que san José, custodio fiel y hombre de escucha, nos enseñe a todos a seguir con confianza la voz del Señor.
