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Fui víctima de abusos psicológicos graves cometidos y tolerados dentro de mi parroquia

Fui víctima de abusos psicológicos graves. Cometidos y tolerados dentro de mi parroquia, dentro de mi diócesis, por un movimiento parroquial bendecido por la Santa Sede.

Entré en el Camino Neocatecumenal con 17 años y estuve veinte años "caminando". Veinte años de manipulación psicológica y espiritual.

¡Ay de vosotros..:!
¡Ay de vosotros..:! | Ramon Fandos

Hoy, con mucho tiempo de por medio ya, puedo decir que aquello fue devastador. Viví sometido del todo a la voluntad de los “catequistas” y a una ideología que, ahora que la veo desde fuera y en la distancia, solo se me ocurre calificar como destructiva.

Escribo esto porque me he encontrado con mucha gente que sigue atrapada en el Camino y no sabe cómo salir, y con otros que han salido pero viven con una culpa enorme, convencidos de que el problema son ellos. Mi única intención es ayudarles a abrir los ojos y darles un mensaje de apoyo y esperanza. No están solos. No son culpables de nada.

La responsabilidad última recae en los párrocos, los obispos y, al final, en el Papa. Atención párrocos y obispos, no sea que estéis dejando entrar al lobo vestido de oveja.

Si hablamos de responsabilidades, el Camino Neocatecumenal es el origen del daño, pero como depende de la parroquia, la responsabilidad última recae en los párrocos, los obispos y, al final, en el Papa. Más abajo adjunto los puntos de los Estatutos donde se desarrolla este tema.

Entonces, atención párrocos y obispos, no sea que estéis dejando entrar al lobo vestido de oveja.

Una secta dentro de la Iglesia

Todos sabemos qué es y cómo actúa una secta destructiva, pero el caso del Camino es especialmente peligroso porque se camufla dentro de la parroquia. No se presentan como “movimiento”, sino como un simple “grupo parroquial”. Las catequesis las anuncian con el respaldo y la autoridad del párroco, del obispo y del Papa.

Dentro del grupo, cualquier autoridad de fuera es despreciada. Para ellos, el párroco, el obispo y hasta el Papa tienen una “fe inferior”. Si no se someten a su espiritualidad, son creyentes de segunda y punto.

Pronto descubrí que esto era pura fachada. Dentro del grupo, cualquier autoridad de fuera es despreciada. Para ellos, el párroco, el obispo y hasta el Papa tienen una “fe inferior”. Si no se someten a su espiritualidad, son creyentes de segunda y punto.

La trampa afectiva

A mí me llegó la invitación cuando estudiaba bachiller. El profesor de religión, uno de los sacerdotes de la Parroquia, nos invitó a unas catequesis parroquiales. Lo que empezó como dos reuniones a la semana terminó en una convivencia de fin de semana donde ya tenían todo preparado para atraparnos, emocional y espiritualmente. Y al final de la convivencia, el toque de gracia, de manual de psicología, una pregunta contundente parra responder si o no a la que era difícil negarse: "Dios te ha llamado a iniciar un camino de conversión, ¿estás dispuesto a seguirlo?". Éramos unos setenta jóvenes, todos amigos y compañeros de clase.

El ritmo de vida se volvió absorbente. No te dejaba tiempo para nada más:

  • Los miércoles, celebración de la Palabra.
  • Los sábados, eucaristía propia, aislada del resto de la parroquia.
  • Entre semana, reuniones en grupos pequeños: los lunes para preparar lo de los martes, los viernes para preparar lo del sábado.
  • Un domingo entero al mes de convivencia.
  • Y una vez al año, convivencia de fin de semana.

Todo giraba alrededor y dentro del Camino. Todo el tiempo libre era para el Camino. Y poco a poco, sin darme cuenta, mi vida se redujo a eso, al Camino.

La anulación de la intimidad

La estructura estaba pensada para que los catequistas —matrimonios mayores que nosotros— moldearan nuestra mente de adolescentes. En las convivencias nos animaban a contar delante de todos nuestra vida “con pecados y señales”. Esa exposición pública de la intimidad creó una dependencia afectiva enorme y dejó la puerta abierta para que sus ideas entraran con toda su fuerza y sin ningún tipo de resistencia. Para mi eran personas santas.

Poco a poco, sin darme cuenta, empecé a pensar de forma excluyente. Rompí amistades fuera de la comunidad y miraba por encima del hombro a los que no eran del Camino. La Iglesia universal dejó de ser mi referencia. La única “fe auténtica” era la nuestra, solo la nuestra.

Poco a poco, sin darme cuenta, empecé a pensar de forma excluyente. Rompí amistades fuera de la comunidad y miraba por encima del hombro a los que no eran del Camino. La Iglesia universal dejó de ser mi referencia. La única “fe auténtica” era la nuestra, solo la nuestra.

Recuerdo una visita del obispo de Segorbe-Castellón. Éstábamos reunidos más de 200 catecúmenos con motivo de la convivencia anual. Cuando entró en el salón, el catequista le cedió el micrófono. El obispo habló de espiritualidad y oración, animando a todos a ser mejores cristianos. Cuando salió, el catequista comentó: “Este hombre no se entera de nada”. Esa frase la escuché muchas veces, siempre refiriéndose a las personas no eran del "Camino" y que por ello, tenían una fe infantil.

Los segundos escrutinios: el control total

El control absoluto llegó pronto, con los llamados “segundos escrutinios”. Allí ya estábamos completamente sometidos. Nos hicieron pasar por un tribunal de la fe donde teníamos que contar lo más íntimo de nuestra vida. Antes habíamos entregado por escrito nuestras confesiones, respondiendo a unas preguntas que obligaban a revelar lo más intimo de nuestra conciencia.

Durante esos días escuché de todo: secretos profundos, traumas, pecados, heridas. Los catequistas —personas sin ningún tipo de formación psicológica, elegidas por la propia comunidad— se presentaban como portadores del Espíritu Santo. Su palabra era la voz de Dios. Nos enseñaron que aunque se equivocaran, sería para nuetro bien, hasta tal punto eran portadores del Espíritu Santo.

Y cuando salía algún trauma grave, recomendaban "encerrarlo en una caja, cerrarla con llave y tirar la llave al mar". A fuerza de crucificar la razón la anulé. Sin capacidad de criterio propio, la dependencia ya era absoluta.

La presión era enorme. Nos exigían vender todos nuestros bienes y dar el dinero a los pobres para poder “avanzar”. Recibíamos órdenes directas para cambiar aspectos de nuestra vida. La obediencia tenía que ser ciega. Y punto. Les encantaba poner el ejemplo de las escaleras; si ellos nos ordenaban que teníamos que barrer escaleras de abajo hacia arriba, teníamos que "crucificar la razón como la Virgen María" y obedecer, sin cuestionar nada o nunca llegaríamos a ser buenos cristianos. Y cuando salía algún trauma grave, recomendaban "encerrarlo en una caja, cerrarla con llave y tirar la llave al mar". A fuerza de crucificar la razón la anulé. Sin capacidad de criterio propio, la dependencia ya era absoluta.

Salir y reconstruirse

Salí gracias al consejo de un monje cisterciense. Me abrió los ojos, lo suficiente para que entrara un poco de luz. Fue entonces cuando realicé el último paso, el examen final antes de que me entregaran la túnica blanca del "cristiano completo". Allí nos hacían preguntas para poder evaluarnos y darnos el "aprobado o el suspenso". Ante la pregunta de si me sentía especialmente elegido por Dios para vivir la fe y anunciarla, respondí que no. Y les dije que si yo era más especial para Dios que cualquier persona que pasara por la calle, entonces no me interesaba ser especial; prefería no sentirme elegido y quedarme como estaba. Pasé a ser persona non grata. Y la presión en mi contra a partir de ese momento, me ayudó a salir.

Me costó años, con la ayuda de mis queridos hermanos los monjes, liberarme del sentimiento de culpa por haber dejado el Camino. Durante mucho tiempo seguí rezando, pero con la sensación de que ya no vivía la "fe auténtica", porque ya no estaba en la comunidad. Me culpaba de todo.

No fui consciente del nivel de manipulación que había sufrido hasta mucho tiempo después. Puedo decir que me costó años deshacerme del todo de los perniciosos efectos psicológicos.

Lo que habéis vivido tiene nombre: manipulación espiritual y psicológica del más alto nivel. Es la ingeniería de la manipulación por excelencia. Tan bien construida que resulta casi imposible de detectar, pero con los peores efectos psicilógicos que nos podamos imaginar.

Hoy puedo mirar atrás sin rencor y sin miedo. He podido reconstruirme, recuperar mi vida y mi fe, y entender que nada de lo que viví fue culpa mía. Y esto es lo que quiero transmitir a los que siguen dentro o a los que han salido pero siguen atrapados por la culpa: no somos nosotros los responsables. No hemos fallado. No hemos pecado por pensar, por dudar o por irnos. Lo que hemos vivido tiene nombre: manipulación espiritual y psicológica del más alto nivel. Es la ingeniería de la manipulación por excelencia. Una maquinaria tan perfectamente diseñada que apenas se percibe, pero cuyos efectos son devastadores.

Sé que cuesta dar el paso. Sé que el miedo paraliza. Sé que uno llega a creer que contar estas cosas y hacerlas públicas es traicionar a Dios. Pero es justo al revés: la verdad nunca traiciona a Dios. La luz no destruye; la luz sana.

No caigas en la trampa de acudir a la Iglesia, a ninguna de sus instancias. Acude a instancias civiles, al defensor del pueblo, a la Policía, al Juzgado, a los periódicos. Aquí en Religión Digital tienes un medio divulgativo que te apoya

Por eso, si has sufrido abusos de conciencia, o sexuales, presiones, humillaciones o cualquier forma de manipulación dentro del Camino Neocatecumenal, o donde sea, te animo a dar un paso adelante. Ya es hora de recuperar la caja y abrirla para que salga todo a la luz. Habla. Cuéntalo. Denúncialo. Pero no caigas en la trampa de acudir a la Iglesia, a ninguna de sus instancias. No te van a ayudar. Aumentarán la culpa. Te harán sentir que estás haciendo algo mal, como ha ocurrido ya muchas más veces de las que quisiéramos.

Acude a instancias civiles, al defensor del pueblo, a la Policía, al Juzgado, a los periódicos. Aquí en Religión Digital tienes un medio divulgativo que te apoya. Al pie de este artículo te doy mi email y el de José Manuel, el director de Religión Digital.

No estás solo. Somos muchos los que hemos pasado por lo mismo y hemos salido adelante.

No solo he podido recuperar mi fe en Dios, sino que este sufrimiento me ha abierto a un Dios mucho más grande que la raquítica y falsa imagen del Dios esquizofrénico que me habían mostrado en el Camino Neocatecumenal

Yo he tardado años en comprenderlo, y hoy lo tengo claro: la libertad empieza cuando uno deja de callar. ¿Y sabes qué? No solo he podido recuperar mi fe en Dios, sino que este sufrimiento me ha abierto a un Dios mucho más grande que la raquítica y falsa imagen del Dios esquizofrénico que me habían mostrado en el Camino Neocatecumenal, un Dios amor, sin condiciones, que no te exige nada, sin peros, un Dios que, estoy convencido, ya nos tenía reservado un lugar a su derecha incluso antes de nacer, para que tengamos una vida llena de paz y esperanza, para que podamos ser felices a pesar de lo grave que haya sido nuestra situación. (Dios no permite el mal, no puede no amar)

Todos cometemos errores. Esto es parte inherente a nuestra condición de seres humanos, y todos debemos asumir la responsabilidad por nuestros actos. Esto es justo. Lo que no es justo y no podemos aceptar de ninguna manera es la responsabilidad por las consecuencias de los actos de los demás sobre nosotros.

¡Ánimo, que soy yo, no temáis! (Mt 14,27)

fandosrj@gmail.com

director@religiondigital.com

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Estos son los apartados del Estatuto de los que he hablado. Es muy fácil conseguir el documento entero buscando en google "estatutos del Camino Neocatecumenal"

Art. 29

[Formación de los catequistas]

Para que los catequistas adquieran –como lo requiere el Directorio general para la Catequesis– «las actitudes evangélicas que Jesús sugirió a sus discípulos, cuando les inició en la misión…: buscar la oveja perdida; anunciar y sanar al mismo tiempo; presentarse pobres, sin oro ni alforja; saber asumir el rechazo y la persecución; poner la confianza en el Padre y en el apoyo del Espíritu Santo; no esperar otro premio que la dicha de trabajar por el Reino», son adecuadamente preparados:

1°. base de su formación es la participación en el Neocatecumenado, que garantiza su gradual maduración en la fe y en el testimonio,125 con la correspondiente profundización bíblica, patrística y teológica, con especial referencia a los documentos del Magisterio de la Iglesia;

2°. se preparan a transmitir la palabra como a su vez la han recibido 126 y vivido: hacen prácticas acompañando varias veces a sus catequistas en las catequesis iniciales y en los diversos pasos del Neocatecumenado;

3°. completan su formación participando en convivencias y encuentros para catequistas, conducidos por el Equipo Responsable internacional del Camino o por el equipo por él delegado, en los que se tratan temas fundamentales del Magisterio de la Iglesia;

4°. asisten a los encuentros del Centro neocatecumenal diocesano, de que se trata en el artículo siguiente, para la formación de los catequistas;

5°. finalmente, preparan cada catequesis y paso del Neocatecumenado, en la medida de lo posible junto con el presbítero, leyendo en ambiente de oración los pasajes correspondientes de la Sagrada Escritura, del Catecismo de la Iglesia Católica y del Directorio catequético del Camino Neocatecumenal, que reavivan en ellos la «palabra de salvación» (Hch 13,26) que han recibido oralmente de sus catequistas.

Art. 2 [Realización del Camino Neocatecumenal]

…el Camino Neocatecumenal se realiza en la diócesis:

1°. bajo la dirección del Obispo diocesano y con la guía del Equipo Responsable internacional del Camino, o del Equipo responsable delegado, de que se trata en el art 3, 7º;

Art. 26 [Obispo diocesano]

Al Obispo diocesano, cual responsable de la iniciación, de la formación y de la vida cristiana en la Iglesia particular,compete:

1º. autorizar la realización del Camino Neocatecumenal en la diócesis;

2º. vigilar que la realización del Camino Neocatecumenal se desarrolle de conformidad con lo establecido en los art. 1 y 2, respetando la doctrina y la disciplina de la Iglesia;

3º. procurar que haya una razonable continuidad pastoral en las parroquias en que está presente el Camino Neocatecumenal;

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