Durante años, la traducción de la Biblia desde las lenguas originales ha estado al alcance de muy pocos. Mi mujer y yo hemos querido contribuir a cambiar eso. Con la ayuda de herramientas de inteligencia artificial, hemos traducido los 73 libros de la Biblia directamente del hebreo y del griego, y hemos puesto el resultado a disposición de todos, de forma gratuita, en Salmodiando.es. La traducción está disponible en castellano, valenciano, catalán, gallego, euskera e inglés.
Con frecuencia, las palabras encierran matices, imágenes y formas de pensar que van mucho más allá de su traducción literal. Cuando esos matices se comprenden y se conservan, el mensaje original adquiere una profundidad y una claridad que a menudo pasan desapercibidas en una simple equivalencia entre palabras.
Ante una estructura eclesial que margina a las mujeres y les impide ocupar puestos de toma de decisiones y de liderazgo, han surgido a nivel internacional asociaciones y organizaciones¹ que defienden una visión feminista y trabajan para afirmar su plena dignidad y la responsabilidad compartida en sus funciones.
Pocas tradiciones han puesto tanta belleza al servicio de la oración como la bizantina. Sus himnos condensan en unos pocos versos lo que otros dicen en tratados enteros. En su liturgia todo participa de la misma alabanza: la luz de las lámparas, el humo del incienso, el canto que no se interrumpe, el gesto de la cruz. Y por debajo de todo, repetido como un latido, el «Señor, ten piedad»: la súplica más breve y más antigua, la oración del corazón.
La psicología y la sociología llevan décadas estudiando los pequeños rituales con los que el ser humano afronta lo que le supera. Sus conclusiones son claras. La primera: un gesto compartido nos une, porque convierte a desconocidos en compañeros de camino. La segunda: un gesto con sentido nos serena, porque da forma a lo que no sabemos cómo llevar.
La gente sencilla lo supo siempre, sin necesidad de ningún estudio. Basta mirar la hilera de pequeñas luces que brilla en muchas iglesias. Cada una es alguien que ha pensado en alguien. Y cada una, sin saberlo, acompaña a las demás. Es uno de los gestos más antiguos y más universales que existen.
Por eso en salmodiando.es hemos abierto una capilla de velas. Es gratis, sin nombres ni cuentas. Se escribe una línea, «por mi madre, que está enferma», «por una decisión que tengo que tomar», y queda encendida. Quien pase puede rezar por ella. Y en esa oración de unos por otros ocurre algo que la ciencia ayuda a entender.
Hoy se cumplen ochocientos años de la muerte de Francisco de Asís, y Roma lo celebra con jubileo, indulgencias y autoridades. Hay una pregunta que en ninguna homilía se va a hacer: si Francisco entrara hoy en la Plaza de San Pedro, ¿reconocería en el Vaticano la Iglesia que soñó?
Reconocería a muchos cristianos concretos. Abrazaría a los pobres que duermen bajo la columnata, entraría en las cárceles y en los hospitales. Lo que no reconocería es un Estado. Un Estado con bandera, banco, tribunal propio y embajadores en más de ciento ochenta países, levantado en nombre de un hombre que dijo «mi reino no es de este mundo» (Jn 18,36) y que rechazó todos los reinos de la tierra cuando se los ofrecieron (Mt 4,8-10).
La tensión de fondo no es entre fe y política. Es entre dos maneras incompatibles de entender el Evangelio: la lógica de Francisco y la razón de Estado.
Hace una semana presentamos aquí salmodiando.es, y lo primero que queremos hacer es dar las gracias. No esperábamos que en tan pocos días tanta gente entrara a rezar la Liturgia de las Horas, a entrar en las salas abiertas, a rezar el Rosario o a tomar el relevo en la lámpara. Una web de oración sin publicidad y sin cuentas no tiene otra forma de darse a conocer que el boca a boca, y ese boca a boca lo habéis hecho vosotros. Gracias.
Con esta acogida nos hemos animado a incorporar algo que llevábamos tiempo pensando: la capilla de las velas. Lleva tres días abierta y ya se han rezado en ella cientos de oraciones. He leído esas intenciones, porque son públicas, y he aprendido algo: casi nadie pide para sí. Se pide por otros. Por quien está enfermo, por quien está lejos, por quien ya no está. Y quien reza por ellas no sabe quién las escribió ni lo sabrá nunca.
Encender una vela en una iglesia es uno de los gestos más antiguos y más libres de la tradición cristiana. No exige explicaciones, ni nombre, ni pertenencia. La vela queda encendida, y quien la ve después reza por una intención que no conoce. Ese gesto no tenía un lugar equivalente en internet: las páginas que lo ofrecen piden registro y datos, y con frecuencia viven de la publicidad.
En salmodiando.es, la web de la Liturgia de las Horas que mi mujer y yo mantenemos sin ánimo de lucro, cualquier persona pueda dejar una intención de oración y otros puedan rezar por ella. Todo el proceso es completamente anónimo: nadie, ni siquiera nosotros, puede saber quién ha escrito cada petición.
Y también es posible elegir entre numerosos santuarios de todo el mundo. Cada mes, las intenciones recibidas se envían a los lugares seleccionados para que sean incluidas en la oración de las comunidades que allí rezan, creando así una hermosa red internacional de fe, esperanza y solidaridad.
Salmodiando no es solo una app para rezar el oficio del día. Es además rezar la Liturgia de las Horas, el Rosario, el Vía Crucis, ... en comunidad: creas un grupo con tus conocidos, o te unes a uno que ya esté creado, cada uno en su casa, con personas de todo el mundo, y a la hora fijada rezáis juntos el mismo oficio, con la voz en directo o viendo en pantalla por dónde va el grupo. Un monasterio, una parroquia o un grupo de personas pueden compartir sus rezos con quien quiera unirse. Gratis, sin registro, y sin que nadie guarde ningún dato.
Hay palabras que curan y palabras que rematan al herido. "Perdona", dicha desde el poder al que sufre, pertenece casi siempre a la segunda categoría. El perdón, tal como lo administran las instituciones —religiosas y no religiosas— ha dejado de ser una medicina para convertirse en una mordaza. Su gran beneficiario no es la víctima, ni la comunidad, ni Dios: es el agresor. Y detrás del agresor, la estructura que lo cobija.
No es una reflexión contra el perdón. Es una reflexión a favor de devolverlo a su dueño.
La inteligencia artificial ha puesto a la religión contra las cuerdas. Si una máquina puede escribir la homilía, la homilía no era lo esencial. Si puede redactar un documento doctrinal impecable, la doctrina no era el fuego. Si puede recitar todas las oraciones, orar no consistía en recitar. Pablo lo vio hace dos mil años: «la letra mata, mas el Espíritu vivifica» (2 Cor 3,6). La IA es la letra en estado puro, una letra infinita, exacta y disponible a cualquier hora. Jesús y Francisco de Asís ardieron con el fuego de la fe; la institución conserva el brillo de las palabras, pero ya no arde, igual que la máquina.
El Movimiento de los Focolares, fundado por Chiara Lubich en 1943, vivió aislado hasta la década de 2000. Reconocido por la Iglesia como un precioso carisma para la unidad y la evangelización de las masas, mostró su mejor faceta: la imagen dorada de una obra divina en la tierra.
Pero al igual que la casa de jengibre del cuento de hadas de los hermanos Grimm, Hansel y Gretel —una trampa dulce y cautivadora que atrapa a los protagonistas hambrientos y desorientados en el bosque—, el Movimiento de los Focolares también resulta ser un engaño para el alma, anhelante de trascendencia y sentido, debido a dinámicas relacionales que aniquilan la conciencia y la libertad interior.
Ella ha ido al juez, como manda la ley. Ha escrito al fundador, como manda la conciencia. Ha esperado dos años a la diócesis y más de una semana a Kiko Argüello, fundador del Camino Neocatecumenal.
Cada día sin respuesta es una respuesta. Y ya la conocemos: primero ellos, el movimiento neocatecumenal, después la niña.
Kiko Argüello: ¡conteste!. Y si no lo hace, no vuelva a decir en un estadio lleno que el Camino defiende a los pequeños. Uno de esos pequeños tiene nombre, tiene madre, y sigue esperando.
Cuando una espiritualidad proclama la unidad, pero quienes se marchan hablan de miedo, silencio, aislamiento y pérdida de autonomía, la contradicción deja de ser un detalle incómodo y se convierte en una herida que exige respuestas. Tras décadas de elogios, reconocimientos y respaldo institucional, las voces de antiguos miembros describen otra realidad: personas que aseguran haber quedado atrapadas entre la obediencia y la conciencia, entre la pertenencia y la libertad, entre la fe y el temor a cuestionar. Y cuando quienes denuncian dicen no haber sido escuchados, la pregunta resulta inevitable: ¿quién protege a las víctimas cuando la institución que debería escucharlas prefiere mirar hacia otro lado?
«La Verdad es una tierra sin caminos, y no es posible acercarse a ella por ningún sendero, por ninguna religión, por ninguna secta». La verdad no puede organizarse; una creencia es un asunto individual que nadie puede administrar. «Mi único interés es hacer que el hombre sea libre. Deseo liberarlo de todas sus jaulas, de todos sus temores».
Renunció a su liderazgo espiritual y al gran patrimonio de la poderosa organización que quería convertirlo en un gran Mesías; al hacerlo, reveló algo decisivo: donde no existe una autoridad espiritual que se interponga entre la persona y la verdad, la manipulación se vuelve imposible.
A pesar del Camino Neocatecumenal cuenta con la aprobación oficial de las autoridades vaticanas, en los últimos años han surgido numerosos informes de abusos y problemas críticos a través de investigaciones y grupos en la web.
Cientos de heridos por el Camino Neocatecumenal dan su testimonio en internet, y casi todos lo hacen desde el anonimato; los que hemos dado la cara no llegamos a cinco. Los que se esconden lo hacen porque saben hasta dónde son capaces de llegar sus adeptos en su "Santa Ira" contra los desertores.
El 15 de julio de 2026 publiqué aquí en Religión Digital un artículo contando mi experiencia tras 20 años en el Camino Neocatecumenal. (Ver artículo). Luego lo subí a mi Facebook, Evangelio y Dignidad, y lo compartí en un grupo del Camino. Sin buscarlo, acabé haciendo el experimento sociológico más revelador que he visto en mi vida: dejar que una organización responda a una crítica y observar cómo se delata sin darse cuenta.
Guardé el hilo entero. Decenas de respuestas. En todas ellas había algo que brillaba por su ausencia: la empatía y la humanidad.
Vamos a leer despacio las más representativas, porque son el mejor artículo que yo podría escribir.
A Hans Küng, Roma le retiró la licencia para enseñar teología católica. Su delito: pensar en voz alta. Cuestionó la infalibilidad papal, criticó el autoritarismo de la Curia y propuso una Iglesia más democrática, ecuménica y abierta, fundada en la indefectibilidad —la verdad está en el conjunto del Evangelio, no en dogmas absolutos— y en una ética global compartida entre todas las religiones.
A una pregunta le dedicó un libro entero, ¿Vida eterna? (1982), y media vida de trabajo. Su respuesta cabe en una frase: la vida eterna no es un premio ni una amenaza. Es un abrazo.
La Iglesia condenó a Tony de Mello once años después de muerto, cuando ya no podía defenderse. Su delito: enseñar a la gente a despertar, a pensar sin permiso, a encontrarse con Jesús sin intermediarios ni ritos sagrados. La misma institución que encubrió durante décadas a los que destruían a los niños no toleró a un jesuita que enseñaba a hacer fuego. Condenó al que liberaba y protegió al que dañaba.
La tensión irresuelta entre la Ley y la Gracia en las cartas del Apóstol explica la contradictoria imagen de un Dios que ama y castiga que nos ha transmitido la Iglesia. Dos verdades incompatibles que tanto nos han desviado, y nos siguen desviando, del verdadero amor de Dios: "Dios te ama, pero puedes ir al infierno".