Los discípulos de Emaús y el clericalismo extremo de "Verbo Encarnado"

En la Iglesia actual siguen existiendo ritos, oraciones, dogmas y predicaciones que presentan a Jesús como un objeto de culto intocable, encerrado en lo “sagrado” y alejado de la vida real, hasta el punto de que, igual que los discípulos de Emaús, muchas veces nos resulta imposible reconocerlo en nosotros mismos y en las personas de carne y hueso que caminan a nuestro lado.

Se hizo hombre como nosotros
Se hizo hombre como nosotros | Ramon Fandos

“Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.”

Los discípulos no lo reconocían porque esperaban otra cosa, seguramente un Jesús espiritual que se ajustara a la imagen que ellos mismos se habían creado. Les resultaba imposible imaginar que el Resucitado pudiera presentarse así, tan humano, caminando a su lado como un compañero más de camino.

Hace poco me ocurrió algo que hoy suena extraño, pero que refleja una forma de pensar que fue muy común durante mucho tiempo y que, por desgracia, todavía persiste, aunque en menor medida.

Mi mujer y yo asistíamos a la Eucaristía dominical en una iglesia donde oficiaba un sacerdote de “Verbo Encarnado”. Un día decidí hablar con él porque sus homilías tenían fuertes rasgos preconciliares. Además, era frecuente que, cuando comenzaba a predicar, algunos fieles se levantaran y se marcharan. Y me parecía lógico: nadie está obligado a soportar sermones que solo generan rechazo y desconcierto.

Después de la Eucaristía me acerqué a él y nos fuimos a un rincón de la sacristía para conversar. La charla duró unos veinte minutos y fue una de las experiencias más contradictorias que he vivido. Lo que más me impactó fue comprobar hasta qué punto estaba desconectado de la realidad. Le insistí una y otra vez en que su ministerio es un servicio al pueblo, y que solo tiene sentido si hay un pueblo que escucha. ¿Cómo podía seguir predicando desde una teología que no hacía más que provocar frustración en quienes la oían?

Cuanto más le insistía, más se encerraba en su postura. Afirmaba que su ministerio y el don de la predicación le habían sido conferidos directamente por el Espíritu Santo, y que la respuesta del pueblo no era relevante.

Hay que decir que, aunque lejos de la postura extrema de este sacerdote, hoy siguen existiendo ritos, oraciones, dogmas y predicaciones que presentan a Jesús como un objeto de culto intocable, encerrado en lo “sagrado” y alejado de la vida real. Y eso hace que, igual que los discípulos de Emaús, muchas veces nos resulte difícil reconocerlo en nosotros mismos y en las personas de carne y hueso que caminan a nuestro lado.

Jesús se acerca a nosotros en lo cotidiano, compartiendo el polvo del camino. La cuestión es si nosotros somos capaces de abrir los ojos y reconocerlo.

Porque lo verdaderamente sagrado no está en los altares ni bajo estolas ni casullas finamente bordadas. Lo único verdaderamente sagrado es el ser humano, creado a imagen de Dios. Y cuando olvidamos esto, todos los ritos y todos los ministerios se quedan vacíos y sin sentido.

También te puede interesar

Lo último

stats