Jesús: Presencia al alcance de todos

En una clase con niños de 6 años hice una pregunta: “¿A quién de vosotros no le gusta la tartaleta de avellanas?” Todos levantaron la mano. Luego pregunté: “¿Alguno de vosotros ha probado la tartaleta de avellanas?” Y ninguno levantó la mano.

Nos pasamos la vida rechazando cosas, situaciones, ideas, religiones que nunca hemos probado y personas que nunca hemos conocido, basándonos en prejuicios que, si nos atreviéramos a mirar de frente con un poco de sentido común, perderían toda credibilidad. Y esa misma dinámica aparece en el Evangelio.

Jesús mostrando sus heridas
Jesús mostrando sus heridas | Ramón Fandos

Los apóstoles están reunidos, encerrados y con miedo. Han oído que Jesús está vivo, incluso algunos aseguran haberlo visto ...

En ese clima de confusión y temor, Jesús se presenta en medio de ellos y les desea la paz. Pero ellos se asustan, pensando que ven un espíritu. ¿Cómo reconocer algo que ni siquiera imaginan que pueda existir? Entonces Él da un paso más: les habla, les muestra sus manos y sus pies y come con ellos. Lo hace para que entiendan que no es un fantasma, sino una presencia real y cercana, una presencia al alcance de todos, que no necesita intermediarios ni quedar encerrada en una urna.

La vida cristiana no debería ser una adhesión a dogmas fríos porque lo mandan los cánones, sino una experiencia viva con Cristo resucitado, como la que tuvieron los discípulos. Estamos llamados a buscar la Verdad, la que sea auténtica para nosotros, y a reconocerla en cuanto la encontremos, sin culpas ni miedos, libres de la presión del grupo o de la institución. Para eso necesitamos la meditación silenciosa, la oración contemplativa que nos ayude a entrar en nuestro corazón y establecer una relación directa con ese Jesús que está allí, esperando que lo descubramos por nosotros mismos.

Porque Jesús se manifiesta en lo humilde, no en el poder. Se acerca a nosotros de tú a tú, no desde arriba. Enciende el amor en nuestro corazón con su cercanía, no con discursos solemnes. Comparte con nosotros lo sencillo, lo que de verdad importa: parte el pan con sus propias manos y lo ofrece sin necesidad de altares ni rituales complicados. Se manifiesta con toda su fuerza en esa simplicidad del gesto, que revela a un Dios que se deja tocar y que nos toca, tan natural, tan simple, sin convertir la relación con Él en algo sagrado o dogmático.

Los apóstoles fueron testigos de esto. ¿Y nosotros? ¿De qué somos testigos hoy en día?

También te puede interesar

Lo último

stats