"Del telar a la misión"
San Antoni Maria Claret nació en el año 1807 en una familia dedicada a la industria textil. Estudiaba y dedicaba muchas horas a mejorar profesionalmente. Unas palabras del Evangelio le abrieron los ojos: ¿De qué le servirá al hombre ganar todo el mundo si pierde su vida? (cf. Mt 16,26).
Ayer, 24 de octubre, celebramos la fiesta de san Antoni Maria Claret. Este buen sacerdote, fundador de la familia claretiana, nació en el año 1807 en una familia dedicada a la industria textil. A los diecisiete años se estableció en Barcelona para perfeccionar sus conocimientos sobre la fabricación de tejidos. Era un joven con capacidad, inquietudes y ganas de aprender. Él mismo reconocería más adelante que, durante aquella etapa, solo tenía una cosa en la cabeza: las máquinas de tejer.
Cuando era joven estudiaba y dedicaba muchas horas a mejorar profesionalmente. Aquel afán de progresar lo ocupaba y preocupaba enormemente, y también lo debilitaba espiritualmente. Quizá en un momento de agotamiento extremo y ofuscación, unas palabras del Evangelio le abrieron los ojos: ¿De qué le servirá al hombre ganar todo el mundo si pierde su vida? (cf. Mt 16,26).
Aquellas palabras le hicieron reflexionar profundamente, hasta el punto de transformar su vida. Entonces comenzó a comprender que Dios lo llamaba. Dejó atrás la vida que había imaginado y emprendió un camino que lo llevaría a ser sacerdote, misionero y arzobispo. Aquel joven dejó entrar a Dios en su corazón. Dios lo transformó e hizo de él un gran misionero, que fundó la congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (claretianos), presente en más de setenta países del mundo.
La experiencia de san Antoni Maria Claret puede ayudarnos a preguntarnos: ¿qué ocupa hoy nuestro corazón? También nosotros podemos quedar absorbidos por el trabajo, los estudios, los proyectos, las preocupaciones o el deseo de progresar. Esta es la realidad que vivimos. Ahora bien, corremos el riesgo de que todo ello ocupe tanto espacio que no nos deje escuchar otras preguntas más profundas: ¿quiénes somos?, ¿para qué vivimos?, ¿hacia dónde vamos?
La conversión de san Antoni Maria Claret también nos muestra que Dios puede sorprendernos en cualquier momento de la vida. A veces, podemos pensar que ya tenemos nuestro camino perfectamente decidido: hemos hecho planes, hemos establecido prioridades y sabemos qué queremos conseguir. Sin embargo, quizá esta vida no termine de llenarnos. Solo Dios puede satisfacer nuestras inquietudes más profundas, porque, como expresa san Agustín: Dios nos ha hecho para Él y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en Él (cf. Confesiones 1,1).
Queridos hermanos y hermanas, la vida de este santo nos invita a revisar nuestras prioridades. Aquel joven que en Barcelona solo pensaba en máquinas de tejer fue capaz de detenerse, escuchar la Palabra de Dios y preguntarse qué debía hacer con su vida. Hagámonos también nosotros esta pregunta y reflexionemos. En medio de tantas ocupaciones y preocupaciones, dejemos un espacio para Dios. Quizá descubramos que nos está invitando a mirar la vida de una manera diferente, con ilusión y esperanza.