"¿Cuánto valemos para Dios?"
"En el Evangelio de este domingo encontramos un hermoso relato en el que se pone de manifiesto la ternura de Dios hacia nosotros.Nos llena de confianza, disipa nuestros miedos y puede ayudarnos a dar un testimonio valiente y alegre"
En el Evangelio de este domingo (Mt 10,26-33) encontramos un hermoso relato en el que se pone de manifiesto la ternura de Dios hacia nosotros. Este texto nos llena de confianza, disipa nuestros miedos y puede ayudarnos a dar un testimonio valiente y alegre de la Buena Nueva de Jesús. Jesús habla a los discípulos en un contexto de incertidumbre y les repite tres veces una expresión clave: «No tengáis miedo».
Esta insistencia de Jesús de que no tengamos miedo no es casual. Es una invitación a no dejarnos dominar por el temor. El miedo, cuando se convierte en dueño de nuestra vida, desordena nuestra percepción: agranda las amenazas, distorsiona las relaciones, nos bloquea y nos limita.
No debemos tener miedo porque para Dios tenemos un valor incalculable. Somos su obra maestra. Así, en el pasaje del Evangelio de hoy vemos un ejemplo precioso de cómo nos valora Dios. En tiempos de Jesús, los gorriones eran las aves más baratas del mercado. Eran el alimento de los más pobres. Con una moneda de escaso valor se podían comprar dos gorriones. Y cada una de estas criaturas, que parecen insignificantes, es tenida en cuenta por Dios, tiene un valor para Él. Y nosotros, ¿cuánto valemos para Dios? Sin duda, somos valiosos para Él. «Somos dos granitos de arena, pero Dios con granos de arena detiene el mar», expresaba Mn. Jacint Verdaguer.
En el Reino de Dios cabemos todos, y especialmente esos pequeños gorriones insignificantes, los más pequeños. Dios nunca se olvida de los más débiles; lleva tatuado el nombre de todos en las palmas de sus manos (cf. Is 49,16). Dios conoce incluso el detalle más pequeño de nuestra vida; nada de lo que somos le resulta indiferente.
Jesús nos anima a ser valientes y a transmitir su mensaje con alegría. No tengamos miedo de acoger este mensaje y, como dijo san Juan Pablo II al inicio de su pontificado, no tengamos miedo de abrir de par en par las puertas a Cristo. Solo si lo conocemos y lo acogemos podremos amarlo, seguirlo y dar testimonio de Él con nuestras palabras y nuestras obras.
Queridos hermanos y hermanas, Dios sabe lo que hay en el corazón de las personas. Somos frágiles, con debilidades e imperfecciones, pero Dios nos ama tal como somos. El amor de Dios es gratuito e incondicional. En un mundo en el que constantemente tenemos que demostrar lo que valemos y alcanzar objetivos, nos alivia y nos llena de paz, confianza y alegría creer que tenemos un valor inmenso para Dios. Somos valiosos a sus ojos.Y lo somos independientemente de lo que hacemos o de lo que tenemos.