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"¿Vivimos el espíritu franciscano?"

"Fue conocido por su pobreza, por su amor a la fraternidad y por su respeto a la creación. Hoy celebramos la fiesta de san Francisco de Asís y, además, este año también conmemoramos los 800 años de su muerte. Ocho siglos después, su vida continúa interpelándonos"

San Francisco de Asís

Hoy celebramos la fiesta de san Francisco de Asís y, además, este año también conmemoramos los 800 años de su muerte. Ocho siglos después, su vida continúa interpelándonos. San Francisco es conocido por su pobreza, por su amor a la fraternidad y por su respeto a la creación. Hay un episodio fundamental de su vida que lo marcó profundamente: el encuentro con un leproso.

En la Edad Media, los leprosos eran apartados de la sociedad y estigmatizados por miedo al contagio de una enfermedad infecciosa para la que no existía ningún tratamiento específico. San Francisco vivió en aquella época y, como la mayoría de la gente, temía a estos enfermos, pero un día se acercó a un leproso. Aquel encuentro cambió su manera de mirar. Él mismo reconoce que, antes de iniciar su camino de conversión, la presencia de un leproso le incomodaba profundamente. Aquello que antes le parecía amargo se transformó, como él mismo explica, en «dulzura del alma y del cuerpo».

Actualmente, en plena era tecnológica, ya disponemos de tratamientos para curar la lepra. Sin embargo, siguen existiendo muchas personas apartadas en nuestra sociedad. ¿Quiénes son nuestros «leprosos»? ¿A quién nos cuesta acercarnos? ¿Qué personas preferimos no ver porque nos incomodan? Si lo pensamos un poco, la lista puede ser bastante larga.

Vulnerables, no tóxicos

A veces, tendemos a alejarnos de las personas que no nos convienen. Hablamos a menudo, sin demasiado criterio ni profundidad, de las personas «tóxicas» y nos sentimos legitimados para rechazarlas y apartarnos de ellas, pensando que lo hacemos por nuestro bien. Esta «toxicidad» parece incluir también a los más vulnerables, como las personas sin hogar, los enfermos, los migrantes o los presos, que a menudo quedan apartados y marginados, porque no nos sentimos cómodos con ellos y nos generan desconfianza.

San Francisco nos enseña que, ante la duda y la incertidumbre que algunas personas nos provocan, hay que seguir un camino muy diferente: acercarnos a ellas, escucharlas y tratarlas como si fueran hermanos; es el camino de la fraternidad, el ideal de la fraternidad. El hermano no es solo aquel que piensa como nosotros, que comparte nuestra cultura o que vive como nosotros. Todos somos hermanos, porque todos somos hijos de un mismo Padre.

San Francisco promovió el espíritu de fraternidad como una forma de vida fundamentada en el Evangelio. Este espíritu es muy necesario en nuestra sociedad, porque necesitamos recuperar la alegría de caminar y de soñar juntos. También nuestras comunidades cristianas están llamadas a vivir esta fraternidad. Las parroquias, comunidades e instituciones de nuestra diócesis deben ser espacios donde nadie se sienta descartado ni invisible.

Queridos hermanos y hermanas, ochocientos años después de la muerte de san Francisco, su testimonio y su propuesta de vida continúan plenamente vivos. Quizá el mejor homenaje que podemos hacerle no sea solo recordarlo, sino atrevernos a vivir como él vivió: mirando con otros ojos a aquel que nos incomoda y descubriendo en cada persona a un hermano; mirando, escuchando y acompañando al otro, que representa Cristo, que sale a nuestro encuentro.

Fraternidad

Que san Francisco de Asís nos ayude a comprender que, muchas veces, la conversión comienza precisamente cuando dejamos de pasar de largo y nos atrevemos a detenernos.

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