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Antonio y Ángel ¿turistas o peregrinos? Apóstoles¡

Antonio y Ángel, tan diocesanos como universales

Un hecho de vida ministerial y familiar. Cuando uno es apóstol no deja de serlo nunca. Antonio y Ángel, nuestros compañeros diocesanos, con sencillez y sin pretenderlo nos dan un testimonio encomiable con este gesto sencillo de unirse para ir a las tierras y pueblos en los que han compartido décadas de sus vidas, siendo pueblo de Dios en tierras peruanas en la diócesis de Chachapoyas en Perú. Yo tuve la oportunidad de conocerlos y verlos vivir en aquellas comunidades, siempre me interpelaron los dos en su modo de ser y sentir el ministerio y la misión. Tan diocesanos y seculares, como universales y católicos. Para mí son referentes y sé que lo son en el grupo de sacerdotes que llevamos más de treinta años juntos haciendo estudio del evangelio. La vacaciones más queridas y deseadas, sin mirar edad ni limitaciones, con una confianza total y absoluta.

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Compañeros del alma, compañeros… “in vitam aeternam”

Angel y Antonio

Prometí escribirlo y he tardado en hacerlo -aora lo hago desde la tranquilidad de mi casa materna en Granja de Torrehermosa- , pero no quiero que vuelvan antes de que haya plasmado mi reflexión orante como compañero y hermano de ellos. Me refiero a dos sacerdotes entrañables de mi diócesis como son Antonio León y Ángel Maya. Ahora mismo están transitando tierras peruanas con nombres que están grabados en sus vidas y sus corazones: Leymebamba y todos sus alrededores, así como Rodríguez de Mendoza. Parroquias de la diócesis de Chachapoyas donde han gastado y vivido gran parte de sus vidas. Fue Ángel, ese hombre de Dios, quien abrió surcos en aquellas tierras con un sacerdote de Granada, fiel a su espiritualidad de Foucauld, dejó esta tierra y su escuela –era maestro en ejercicio- y se abrió al horizonte de lo nuevo porque la iglesia es universal, católica, y su corazón también. Después siguió sus pasos y le dio relevo el gran Antonio, tan fuerte y capaz como sencillo y humilde. Desde la parroquia de Monterrubio de la Serena, voló aquellas tierras y montes, con un corazón encendido y el evangelio en el bolsillo de la vida, donde ni la polilla ni la carcoma pueden entrar. ¿Por qué hablo de ellos ahora?

A y A

Entre los dos suman más de ciento sesenta años. Compartimos el espacio del estudio del evangelio, Antonio se sumó hace dos años y él sigue activo en la parroquia de san Pedro de Alcántara en la ciudad, zona más marginal, donde está dispuesto a servir hasta que el cuerpo aguante. Ángel ya retirado vive en Segura de León, pero de nuestro grupo y de la Palabra de Dios no se retira. En nuestras conversaciones compartimos muchas cosas, y una singularidad del grupo es que casi todos los que estamos han estado tiempos de su vida en tierras peruanas, y ahora algunos del grupo son de Perú en tierras extremeñas. Eso hace que aquellas tierras y sus gentes estén muy presentes entre nosotros.

Un día hablaban del próximo verano y Antonio manifestaba su deseo de volver a pasar un tiempito de vacaciones con sus gentes de allá, donde está parte de su corazón y se mantienen vivas las relaciones. Él invitaba a Ángel, para irse juntos. Los demás les decíamos que donde iban tan mayores, y ellos decían que a despedirse, lo decían en broma, querían ir a abrazarlos y estar con ellos, a seguir manifestando su amor de pastores y a sentir también el cariño de su pueblo de una manera presencial y efectiva.

Hace unos días, me llegó una fotografía, en la que aparecían los dos con el alcalde de Leymebamba que los acogía y le daba la bienvenida con mucho agradecimiento, porque son personas importantes por su entrega y vida compartida con la gente de esos lugares.

Para mí este gesto de estos dos hermanos y compañeros, realizado con tanto cariño y profundidad se convierte en una clave del verdadero ministerio pastoral. En una sociedad en la que lo que se prima es el bienestar y las relaciones más superficiales y pasajeras, donde las vacaciones se miden por el placer, hay quien es profundo y verdadero en todo, como ellos. Por eso dedican su tiempo de vacaciones, su dinero ahorrado, para estar con los suyos con la gente que ha compartido su evangelio, con los sencillos y los humildes de la tierra. Porque lo que hicieron allí no fue algo profesional, ni funcional, sino algo vital, encarnado, compartido, en el mismo cuerpo y en la misma sangre y eso nos hace hermanos para siempre.

En vosotros, compañeros de evangelio,  descubro:

Parroquia Leymebamba
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Queridos Antonio y Ángel, vuestro viaje en estas vacaciones a Perú, es una verdadera peregrinación y un mensaje de vocación viva sacerdotal a todo nuestro presbiterio. Yo cuando sea mayor –que ya lo soy- quiero tener un corazón ministerial como el vuestro, y saber ser fraterno como vosotros los sois entre vosotros y con aquellas comunidades que habéis visitado como una verdadera familia. Me admiraba la confianza con la que ibais, nada os atemorizaba, se podía estar, comer, dormir en cualquier sitio… es vuestra casa, tierra, pueblo. Qué corazón más universal y confiado y qué ganas de estar con vuestra gente, por si era la última vez. Gracias de corazón.  Cuidaos mucho que os necesitamos en nuestro grupo sacerdotal del estudio del evangelio y en nuestro presbiterio. Gracias¡¡¡

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