Oración de un Joven evangélico
¿Quién oirá mi silencio? Voltéate y mírame, tócame.
"Señor hazme justicia..."
ORACIÓN CON LOS MIGRANTES
Así fue la oración sencilla de petición en la eucaristía del encuentro de interdiocesano con motivo del día de la migración y los refugiados, “migrantes, misioneros de esperanza”.
Padre Universal, Dios de todos, hoy reunidos en fraternidad te pedimos por la Iglesia. Deseamos que sea siempre un hogar abierto a todos los pueblos, sin fronteras ni exclusiones, y refleje el amor de Dios que acoge y acompaña a cada persona en su camino.
Dios creador y señor del mundo hoy más que nunca necesitamos tu gracia y tu espíritu para que inspire a los líderes políticos y a todas las naciones para que trabajen juntos en la construcción de un mundo más fraterno, donde reine el respeto, la solidaridad y la esperanza, enraizados en la justicia verdadera y en la paz real.
Señor de la justicia y de la equidad, tenemos hambre y sed de justicia. Contemplamos a los más pobres y débiles de nuestro mundo y necesitamos volver a encontrarnos para que en nuestra sociedad nadie quede olvidado, y cada uno de nosotros sea instrumento de generosidad, compartiendo lo que tenemos con espíritu de amor y justicia.
Hermano universal de la Humanidad, en esta asamblea de comunión con la migración y los refugiados de nuestras parroquias imploramos que todos los migrantes encuentren acogida, seguridad y oportunidades en esta tierra que ahora los recibe, y que sus historias nos ayuden a reconocer el rostro de Cristo en cada persona. Ojalá nuestras comunidades respondan con verdad al título de “comunidades acogedoras y misioneras”.
Hoy, desde el mayor dolor ante los conflictos y masacres del mundo, te rogamos para que cesen los conflictos, las guerras y las divisiones, que el Espíritu Santo nos impulse a construir sociedades basadas en la dignidad y la equidad. Queremos oír con fuerza tu llamada a la conversión para que seamos trabajadores de la Paz en medio del mundo.
Dios de la vida y la eternidad, no queremos olvidar en nuestro encuentro y presentar ante ti a todos los mártires que han acabado sus vidas en la huida desesperada, en las aguas del mar, en los campos de batalla, en el hambre y el desierto de sus propias tierras. Recíbelos en tu reino de luz y de paz y enséñanos a vivir en la esperanza de esa patria definitiva de fraternidad universal a la que nos llamas y que nos prometes en tu amor infinito.
Te lo pedimos por Jesucristo, el compasivo fiel, que se hace presente en los que sufren y que nos recuerda hoy al consagrar este pan y este vino, que fue forastero en el forastero, migrante en el migrante, pobre en el pobre, y todo en todos. Por los siglos de los siglos.
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