Extraído de "Sinfonía divina, acordes encarnados" Edit. PPC
Uña y carne con Dios, así es Beatriz
Extraído de "Sinfonía divina, acordes encarnados" Edit. PPC
DOMINGO VI DE PASCUA
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:
–Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.Juan 14,15-21
Beatriz y Dios, uña y carne
En la comunidad parroquial que voy descubriendo y acompañando poco a poco me encuentro con personas que me iluminan y me interpelan con profundidad. Una de ellas es Beatriz; la conocí cuando entré por primera vez en su supermercado donde ella atiende la caja y a todos los que por allí acudimos. Iba a preguntar por su madre, Carmen, buena feligresa, que acababa de sufrir una intervención quirúrgica, y ella me respondió con un saludo, acogida y sencillez que me gustó.
Me confesó abiertamente su condición de creyente y su cercanía con Dios, y la dificultad de mantener su fe en medio de un ambiente que no es favorable a ella, a veces incluso poco respetuoso. De esta manera me abría a la realidad del pueblo y la situación respecto a lo religioso dentro de él.
A partir de ese encuentro nos hemos ido conociendo y compartiendo su sentir y su caminar religioso, su vida no se entiende sin el Padre Dios y su seguimiento de Jesús de Nazaret; es una persona que se siente movida y habitada por el Espíritu, y desde ahí intenta vivir todos los momentos de su vida, de su familia, su trabajo, su vecindad, su ciudadanía. Y todo ello en la mayor sencillez y silencio. Guardando todas las cosas en su corazón.
Al pedirle su testimonio de cómo se siente acompañada y querida por Dios en su vivir, cómo es su relación con él, me dice que a ella escribir le cuesta, pero que me va a ir contando – montones de audio, aprovechando su esguince de tobillo– aquellos aspectos que para ella son fundamentales y que yo le dé forma. En verdad, lo que ha hecho conmigo ha sido toda una lectura creyente de su vida, con una presencia tan explícita de su fe y su ser habitada por Dios que ha llenado de esperanza y de amor a mi propia persona. Habría que escribir un libro entero. Pero comparto aquellos aspectos que ella más ha subrayado vitalmente.
Me ha confesado que Dios ha estado con ella y lo ha sentido:
Único fundamento
Necesitamos tener fundamento, no podemos vivir sin él. El ser humano se debate y camina en el deseo de estar fundamentado de un modo firme y verdadero, toda su ilusión es encontrar el sentido de su vida. Poder vivir orientado y con horizontes.
El ser humano en su propia realidad de ser, cuando se encierra y no abre ventanas y puertas al exterior, acaba siendo oscuridad de la que huir constantemente, sus deseos contrastan con sus límites y sus debilidades. La muerte se adueña de su horizonte y sufre. Lo quiere tener todo, pero se siente vacío en la profundidad del ser.
Cuando abre su ser y se reconoce amado y querido, entonces comienza a atisbar que su fundamento está más allá de sí mismo, aunque habita dentro de sí. Siente que le cubre una razón de ser que es permanente y fiel, que le mira desde la pasión del don y la generosidad. Es entonces cuando se descubre como regalo en medio de la historia y agradece su propia vida.
Tocado por el amor es capaz de sentirse unido a toda la naturaleza y miembro vivo de la familia de la humanidad. Se hace consciente de su momento histórico y desea entrar en esa honda de gratuidad que le fundamenta.
Al encontrar la fuente de su ser en el amor, su horizonte se abre a perspectivas novedosas que se imponen sobre la muerte y que anima a la esperanza de un sentido último y total que es de todos y para todos. Ahí la relación con Dios se convierte en una confianza y en cuidado que nos sobrepasa y nos hace capaces de lo imposible. Así ha sido en la historia de la salvación con todos los que colaboraron con Dios en el camino de la liberación y la salvación de la humanidad.
Desde el Padre hemos descubierto en Cristo el sacramento del amor universal y fundante, y ahí hemos recibido la gracia del Espíritu, que nos ayuda a vivir con sentido y horizonte en la fraternidad de un universo amado y de un pueblo salvado sin límites, victoriosos sobre la muerte y el mal.
En estos días acompaño a Pilar y a Javier en los últimos preparativos de su celebración matrimonial, en la que no han descuidado nada, porque sienten el cuidado de Dios sobre su vida y quieren celebrarlo con todos los que Dios les ha regalado y puesto en su camino. Entre ellos está Ignacio, que tras un proceso de fe vivo y verdadero compartido con ellos, vendrá de Nápoles a compartir la mesa del amor y de la vida, y se acercará por primera vez a comulgar sacramentalmente en el altar del Pan partido y compartido, de la Vida. Un misterio de gozo y de amor en el que se cumple lo que ofrecemos como reflexión a la luz del evangelio de este Domingo. La celebración será el 16 de Mayo en Guadalupe, orad con nosotros.
Acordes encarnados:
40. TU AMOR DE FONDO | A. Calvo & P. Monty
Tu amor de fondo
Él defiende, acompaña y enseña,
nos protege en la sombra y la luz.
Es la fuente que calma las penas,
el sentido que al alma conduce.
Y al amarle sin miedo ni duda,
se nos abre un inmenso valor:
el de hacer de la vida una ayuda,
el de alzar al hermano en dolor
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