Corpus Christi y migración: Momento oportuno
El Papa viene en un momento oportuno. Santi Morán (Evangélico) desde Extremadura
Tras la solemnidad de la Trinidad nos abrimos a la celebración del misterio eucarístico de la presencia real de Cristo en el sacramento de su cuerpo y de su sangre. Nos acompañará en este momento el Papa, no es casualidad esta presencia que viene a confirmarnos en la fe y ayudarnos a leer en creyente este momento para que llegue la luz y la vida, donde pueda haber oscuridad y muerte, donde nos toca elegir entre Babel y Jerusalén. Santi vuelve a plantearnos desde su corazón ecuménico una lectura Lucana del momento que se acerca en medio de los momentos que estamos viviendo, el dolor y la gracia, la luz y las tinieblas, la verdad y la mentira, lo humano y lo que deshumaniza, la paz desarmada y desarmante en un mundo tan violento y polarizado.
MOMENTOS OPORTUNOS: MUERTE Y VIDA
El papa León viene en un “momento oportuno”. Perspectiva Lucana. (Lc. 22:1-8; 24:13-35)
El Evangelio de Lucas siempre llamó mi atención, en particular los capítulos finales: el comienzo y final del vía crucis. El estilo literario del libro hace muchas referencias a espacios, gestos y momentos de Jesús expresados en situaciones comunes: comidas, casas, caminos, parábolas, etc. Jesús utilizaba tales situaciones de vida para hablar del Reino de Dios y de su Evangelio al pueblo de a pie, mostrando cómo Dios se hacía presente en la rutina de los hombres y mujeres de su tiempo. Esto contrasta con los fariseos y sumos sacerdotes, quienes centran la revelación de Dios únicamente en espacios sagrados y privados, reservados para algunos “puros” y elegidos. De tal manera, ese Dios que era razón y fe para el pueblo, como creador del cielo y de la tierra, se distanciaba de la realidad, de los pecados y de la humanidad.
Jesús, como Dios encarnado, revitaliza al Dios inmerso en la historia; combate y cuestiona la idea de un Dios jerárquico y encerrado en su templo, preso del formalismo ritualista-sacrificial. Jesús libera a Dios y le hace caminar, oler y vestirse con la ropa de los marginados, magullados y no tomados en cuenta: publicanos, pastores, niños, mujeres, prostitutas, jornaleros, pescadores, campesinos, enfermos, extranjeros, etc. Desde el lugar de ellos y ellas habla de Dios, de vida eterna, de justicia, amor y servicio.
Releyendo los textos, quisiera hacer mención a los “momentos oportunos” que giran en torno a dos esferas que guían la narrativa de los sucesos de Jesús: la muerte y la vida. Desde el capítulo 22, versos 1 al 8, Lucas enfatiza tres momentos: dos giran en torno a la muerte y uno a la vida.
El primer momento que quisiera destacar es cuando los escribas y sumos sacerdotes buscan “...una ocasión oportuna para hacer desaparecer a Jesús...” (22:2), durante la pronta celebración de la Pascua. El pueblo reunido celebra y recuerda la liberación realizada por Dios durante el Éxodo. Resulta oportuno que Lucas sitúe la tragedia que ocurriría con Jesús precisamente durante ese tiempo de celebración. Se destaca en el texto que el plan no se lleva a cabo a la luz de los ojos ni con la aprobación del pueblo, porque “...temían...” (22:2). Temían al pueblo, porque había una realidad innegable: la presencia e influencia que Jesús ejerció durante su caminar en el corazón y la vida de su tiempo. Sus palabras, acciones y poderes escandalosos generaban incomodidad y encanto entre aquellos y aquellas que lo seguían de distintas maneras: algunos desde la sospecha, otros desde la duda y otros desde el servicio y el seguimiento. Jesús, según los evangelios, se hizo sentir dentro de su propia historia, un sentir cargado de justicia, paz, dignidad, liberación y servicio incansable. Por eso temían al pueblo, porque sabían quién era ese Mesías itinerante. Con razón leemos en el capítulo 24:19: “...Lo de Jesús Nazaret, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo...”.
El segundo momento dentro de la esfera de muerte que destaco es la colaboración de Judas, quien, seducido y cegado por el dinero, entra en el negocio oscuro para encontrar un “momento oportuno” para entregar a Jesús: “...y se fue a tratar con los sumos sacerdotes y los jefes de la guardia del modo de entregárselo. Ellos se alegraron y quedaron en darle dinero; él aceptó y andaba buscando una oportunidad para entregarle sin que la gente lo advirtiera...” (22:4-5).
El tercer y último momento oportuno realiza una contracorriente a los momentos recién descritos. Este momento es de vida, porque es Jesús quien —sabiendo o no lo que planeaban hacer con él— buscaba nuevamente hacer realidad el Reino de Dios en una última cena, junto con sus discípulos, en una casa, alrededor de una comida, con sus doce, aquellos con quienes compartió pruebas y sufrimientos. Lo que describe el texto me deslumbra, porque veo a un Jesús detallista y deseoso de hacer vida en medio de esferas de muerte que quieren callarlo: “...Id y preparad la Pascua para que la comamos...” (22:8); “...Fueron y lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua...” (22:13); “...Cuando llegó la hora se puso a la mesa con los apóstoles y les dijo: ¡Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer!” (22:14-15).
Aquí vemos la mención del “padecer-muerte”, del cual Jesús era consciente. Él sabía que sus actos generaban disconformidad a su alrededor, porque representaban un claro señalamiento al Dios absoluto y desapegado de los andrajosos de sus callejones y pueblos. Por lo tanto, su presencia podía convertirse en una nueva revolución de la conciencia, una agitación nacida desde la indignidad de aquellos que, a través de Dios, manipulaban todas las esferas públicas, económicas y políticas. Por eso Jesús fue acusado como subversivo y bandido, según lo que encontramos en el capítulo 22:52-53: “...Dijo Jesús a los sumos sacerdotes, jefes de la guardia del Templo y ancianos que habían venido contra él: ¿Como contra un salteador habéis salido con espadas y palos? Estando yo todos los días en el templo con vosotros, no me pusisteis las manos encima; pero esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas...”.
Entonces, por un lado, algunos, en sus “momentos oportunos”, planifican estrategias para callar la voz de aquel que era protesta y denuncia contra las injusticias generadas por parte de la institución religiosa y del poder. “...¡Ay de aquellos!...”. Por otro lado, vemos a Jesús dando y haciendo vida hasta el último momento oportuno que le quedaba. En su momento oportuno daba vida, palabras, gestos y servicio; compartía el pan con los suyos, sacrificio, amor y entrega. En su “momento oportuno” profundiza en la dimensión de su sacrificio y del Reino de Dios: muerte en cuerpo y sangre que debe ser entregada por los demás para vida. Esa es la verdadera sintonía de una plena humanidad que se da por el otro en vida, justicia y compromiso.
Es un Reino de Dios donde no cabe la jerarquía, sino el servicio unos a otros; la inclinación y el lavamiento como símbolos de haber hecho el camino de Jesús entre los sucios, limpiando y compartiendo para seguir construyendo el Reino de Dios que empieza con quienes se arrodillan y se entregan.
Los “momentos oportunos” pueden identificarse hoy como los “signos de los tiempos” de los que hablaron los teólogos de la liberación: signos y momentos de muerte y vida que siguen presentes como lucha entre los ídolos y el Dios de la vida.
Mientras escribo esta reflexión, ocurren sucesos que me ayudan a identificar cuáles son esos “momentos” donde hay muerte o donde se hace y se da vida. En España hay una gran cantidad de migrantes; los datos contabilizan alrededor de 837.978 personas, entre ellas un 90,5 % provenientes de América Latina, seguido de África (6 %), Asia (1,8 %) y Europa (1,7 %). Sin explayarnos en las causas que generan la migración humana —pues existen abundantes evidencias de que estas parten de problemas estructurales, conflictos armados, guerras, éxodos por invasiones, pobreza y múltiples formas de violencia—, debemos afirmar con contundencia que quienes migran llegan con historias, caminos y pérdidas, pero también con anhelos de recuperación y reconciliación con sus proyectos de vida.
Los migrantes y refugiados en Extremadura se vuelven, dentro del espacio de fe, un “movimiento de vida”, aunque sus momentos puedan estar determinados por esferas de muerte y vida. La imagen que actualmente nos presenta la historia humana se parece a un ciclo, a un retorno, donde políticas, discursos y proyectos son ecos de antiguas restricciones y dogmas civiles que despiertan nuevamente. En vez de generar puentes, construyen murallas con púas para matar o callar lo extraño de manera palingenésica.
Y no solo en el caso migratorio. Podemos dejarnos interpelar por las esferas de muerte visiblemente expuestas en Irán, Gaza, Ucrania, Argentina y su relación con el “HondurasGate”, el muro promovido por Antonio Kast entre Chile y Bolivia, los conflictos civiles y políticos en Bolivia, Perú, Cuba, México y Colombia, así como el crecimiento de la inteligencia artificial, que podría presentarse como posible reemplazo de la actividad humana y un serio cuestionamiento a la Imago Dei. Podríamos seguir enumerando tantos casos y momentos de lo que hoy “se vive bajo el cielo”: el resurgir de esferas que hablan de muerte, repudio, corrupción, odio y censura. Hay quienes son capaces de venderse al mejor postor con tal de sostener sus estructuras y tronos de poder; se articulan pactos de erradicación del otro (PP-VOX), se gestionan acuerdos internacionales y se intercambian beneficios al costo de vidas inocentes. La prioridad deja de ser ver a “unos” con preferencia, para asumir a los “otros”, los ajenos y diferentes, como encuentro con nosotros mismos, con la verdad y con la urgencia humana.
Conectando el texto con nuestra realidad, podríamos asumir que los comportamientos de los escribas, fariseos y Judas se asemejan a ciertas fuerzas de poder —político y religioso— que tratan de privar, exterminar o dar muerte a quienes generan otro tipo de vida en estos tiempos: una vida con derechos concedidos, con asilo, trabajo, comida, residencia, atención y cuidado. Estos son quienes, de manera confesional o aconfesional, viven a la manera de Jesús; creyentes anónimos, diría Karl Rahner. Para tales fuerzas, encontrar el “silencio” de quienes hacen paz, vida y justicia es la ofrenda de sacrificio a su ídolo capital: el dinero. Para otros, en cambio, dar la vida en sacrificio es ensalzar la humanidad para la creación de un mundo necesario, urgente y nuevo.
Estas fuerzas que rondan en las esferas de muerte, buscando sus “momentos oportunos”, todavía temen al pueblo. No consiguen su mayoría absoluta; por eso realizan campañas mediáticas y generan bulos para triturar el pensamiento crítico.
Tocará resistir al estilo de Jesús, no desde la violencia verbal o física, sino desde la revolución de la no violencia —como proponía Hélder Câmara—, buscando esos “momentos y signos oportunos” en los cuales generar y dar vida a los magullados, sucios y marginados de nuestro entorno. El texto afirma que mientras unos “planeaban su muerte”, Jesús celebraba la vida y la forma de Reino que creó entre quienes lo habían escuchado y tocado: cojos, ciegos, mujeres, samaritanos y enfermos. Jesús creó su Reino no desde las multitudes y estadios desbordados, como a veces nos hacen creer, sino desde abajo; desde el arrodillarse para servir a los “descalzados”, a los “etiquetados”, a los “ilegales”.
Tocará resistir y soñar al estilo de Jesús, en mesas y casas abiertas para dejar entrar y proponer a quienes quieran colaborar, dialogar y recrear una realidad salvífica que no nos quite del mundo, sino que haga del mundo el lugar donde sea posible el sueño de Dios: ver a la humanidad dignificada, como en el Génesis: “...Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya; a imagen de Dios lo creó...” (Gn. 1:27).