Una fe vigilante y creativa (XXXII Domingo)
Yo creo en ese Jesús revolucionario que no calló, que se rodeó de amigos para que caminaran con él. Yo creo en ese Jesús que tuvo miedo, pero que lo superó con una confianza ciega en su Padre. Este Jesús mueve mi ser profesional.
Vigilancia y discernimiento
El caminar de la fe y de la vida cuando van parejo, van confirmando lo que creemos y lo que creamos desde nuestro seguimiento a Jesús. Para eso hemos de estar despiertos, conscientes, vivos, con el evangelio en una mano y la vida en el otro, rodeado de una comunidad con la que compartes y disciernes los signos del Reino.
Las llamadas a la vigilancia no son para generar miedo, sino para dar vida. Cada día nos asomamos a la existencia, y hacerlo con la luz de lo trascendente significa estar en activo para una lectura creyente en la que vamos descubriendo la verdad de un credo histórico del Dios de la revelación, que se nos hace evidente en nuestra propia carne y vida.
DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO
Mateo 25,1-13
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
–Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: «¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!». Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: «Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas». Pero las sensatas contestaron: «Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis». Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: «Señor, señor, ábrenos». Pero él respondió: «Os lo aseguro: no os conozco». Por tanto, velad, porque no sabéis ni el día ni la hora.
Una profesional con la lámpara encendida
Hoy traigo el testimonio confesante de esta mujer profesional, madre, esposa, catequista, cirujana, del Movimiento de Profesionales Cristianos, María José Toledo, para que oremos a la luz de su credo, que es el credo de los cristianos.
Creo en Dios Padre y creador
Creo en Dios, en un Dios compasivo, misericordioso, lleno de ternura, que nos tiene un amor infinito.
Creo en un Dios que nos ha creado y nos envía al mundo para que venga aquí y ahora su Reino.
Este Dios que nos ama hasta el infinito lo siento en mi vida. Yo siento que Dios está conmigo, que me quiere tal y como soy, con todos mis defectos y mis talentos. Me siento enviada por él en medio del mundo, enviada a transformarlo para que venga su Reino para todos.
Creo en Jesucristo, su único Hijo. Dice Jn 1,14: «Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros». Jesús vino y se hizo uno de nosotros y se mezcló con el pueblo. Salió a los caminos, se encontró con la gente y se enfrentó al orden político para defender el proyecto de Dios. Yo creo en ese Jesús revolucionario que no calló, que se rodeó de amigos para que caminaran con él. Yo creo en ese Jesús que tuvo miedo, pero que lo superó con una confianza ciega en su Padre. Este Jesús mueve mi ser profesional.
Credo y profesión
Creo en el profesional cristiano que cada día trabaja cuidando a los que sirve. Esta semana acudí a atender a un paciente que había estado ingresado en nuestro servicio más de un mes, hacía ya unos seis meses; ahora estaba ingresado en la Unidad de Cuidados Paliativos y llevaba una sonda que había dejado de funcionar. Al revisar la historia clínica recordé qué paciente era y que el tratamiento que pudimos hacer fue paliativo, pero no curativo, para su enfermedad. Cuando llego a la habitación, me recibe el paciente y su hija, quien me dice: «Hola, María José, ¿te acuerdas de nosotros?». Y se disculpó por tutearme. Pero a mí me invadió una gran alegría, porque esa forma de dirigirse a mí era de cercanía, como cuando vemos a un amigo que hace tiempo con el que no tenemos contacto; en ese mismo momento me dije: «Este paciente y su familiar se sintieron acogidos por nosotros, se sintieron cuidados, hemos sido testigos del Reino». Hablo en plural porque lo cuidamos entre todo el equipo, otro punto importante: hacer equipo. Jesús se rodeó de gente de su entorno para que le ayudaran a transmitir el mensaje de Dios: «Subió al monte y llamó a los que él quiso. Cuando estuvieron junto a él, creó un grupo de Doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar» (Mc 3,13-14). Creo en el profesional que trabaja en equipo con enfermeras, enfermeros, auxiliares, celadores, personal de limpieza, administrativos y médicos. Desde mis inicios he valorado el trabajo que cada profesional realiza, cada uno en su categoría es imprescindiblepara prestar unbuen servicio, y todoslos días trabajopara hacer equipo. ¡Cuántos pacientes se van de nuestra planta agradecidos por el trato recibido de todo el personal, aun cuando el desenlace no haya sido el deseado! Esto ocurrió con Manuel; tras una cirugía importante tuvo muchas complicaciones que no fue capaz de superar, pero su mujer se fue dando las gracias a todos por lo que habíamos hecho y por el trato recibido. ¡Cómo no dar gracias a Dios por unos profesionales que trabajan con delicadeza, cariño y entrega!
Creo en el profesional que pone su saber al servicio de quien lo necesita. Esto lo descubrí en mis años de estudiante; estudiar no para tener un estatus, no para vanagloriarme de lo que sé, sino que todo lo que aprendo es para servir más y mejor: «Pues el que quiera llegar a ser grande entre vosotros que sea vuestro servidor […] de la misma manera que el Hijo del hombre, que no ha venido a ser servido, sino a servir» (Mt 20,26-28).
Credo y cuidados
Ahora ando profundizando en cómo ser una profesional que cuida, arropada por el Movimiento de Profesionales Cristianos, donde llevamos tres años trabajando sobre la "cuidadanía». Por el hecho de ser médico no se puede dar por sentado que cuidamos. En la Facultad nos enseñan a tratar enfermedades, pero no a cuidar personas, que son quienes tienen esas enfermedades. He descubierto muchas cosas en los tres años que llevamos con este tema, y creo que ponerlas en práctica, cosa no siempre fácil, me hace mejor médico, mejor profesional, mejor testigo del Reino.
Creo en el profesional médico que cuida a las personas que tienen enfermedades; la forma de redactar la frase no es baladí; hace unos años habría dicho que quiero ser una médico que trate muy bien a sus pacientes, o enfermos; pero no, no quiero ser una médico que trata muy bien la enfermedad sin tener en cuenta todas las dimensiones del enfermo, sin tener en cuenta a la persona que tiene la enfermedad. Cada vez la ciencia va buscando tratamientos más individualizados para tratar mejor la enfermedad, pero centrado solo en la enfermedad. Nos falta camino por recorrer para unir los avances de la ciencia con el cuidado de la persona que va a recibir los tratamientos. Sería deseable tener tiempo para dialogar con ellos abiertamente sobre cómo se sienten cuando se les diagnostica una enfermedad grave, qué miedos les paralizan, descubrir con ellos cuáles son sus fortalezas para afrontar la nueva realidad, qué necesitan. Este deseo mío lo voy poniendo en práctica como puedo y cuando puedo, porque para eso se necesita tiempo, y no siempre disponemos de él por la presión asistencial.
Creo en el Espíritu Santo, que me da la fuerza necesaria para poder ejercer la medicina siendo testigo del Reino. Me ayuda a no flaquear, me sostiene en mis momentos de debilidad.
Creo en y desde la Iglesia
Creo en la Iglesia, doy gracias a Dios por todas las personas de fe que esta Iglesia ha puesto en mi camino, que me han enseñado un rostro de Dios misericordioso, compasivo, tierno. Creo en una Iglesia abierta a todos, que evoluciona con la sociedad, donde todo el mundo tiene cabida. Quiero una Iglesia que escuche a sus laicos y a los jóvenes, deseo una Iglesia que vuelva a enganchar a los jóvenes. Creo en una Iglesia que esté al lado de los más desfavorecidos. Creo en una Iglesia que forma y acompaña a sus laicos para que salgan a transformar el mundo, una Iglesia en salida, como dice el papa Francisco.
Siendo yo mujer, no puedo dejar de creer en una Iglesia que ponga a la mujer en el lugar que se merece, en esto la sociedad nos lleva ventaja. Creo y deseo una Iglesia que incorpore a mujeres en los órganos donde se toman decisiones importantes y vitales. He de decir, en honor a la verdad, que yo siempre me he sentido escuchada, he tenido y tengo libertad para decir y defender lo que siento y pienso dentro de la Iglesia, he dialogado sin tapujos con sacerdotes y obispos, diálogos no siempre fáciles.
Creo en una Iglesia que apueste por los movimientos de Acción Católica Especializada, para mí han sido fundamentales en mi crecimiento personal, profesional, de fe…
Creo en los grupos de revisión de vida, doy gracias a Dios por todos los que he tenido a lo largos de los años, y en especial a mi grupo de revisión de vida actual, porque Dios se manifiesta a través de las personas que forman parte de él, acompañándome en mi vivir diario.
Anhelo una Iglesia de comunidades
Anhelo una Iglesia como las primeras comunidades cristianas: «Se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones […] Todos los creyentes estaban de acuerdo y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el importe de las ventas entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2,42- 45).
Espero que en un día no muy lejano todos los bautizados seamos capaces de caminar juntos para construir el reino de Dios, aquí y ahora.
Acordes encarnados:
72. CREO EN DIOS COMPASIVO Y EN JESÚS COMO VOSOTROS | A. Calvo & P. Monty
Credo de una profesional
Creo en Dios, ternura infinita,
compasión que abraza mi andar,
luz que alumbra cada herida,
manos suaves de amar y sanar.
Nos creó con sueño y destino,
nos envió con voz de verdad,
para hacer del mundo su Reino,
aquí y ahora, sin más.