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Para que los que ven no vean... ironía siempre actual de un Dios que llama y toca las conciencias de los que son su imagen para que no la rompan en los que sufren y son victimas inocentes de una masacre sin nombre. Nuestro Dios hecho parábola tiene rostro de crucificado y de inocente en los sufrientes actuales de la historia. El tesoro y la perla siguen estando escondidos en este mundo de contradicciones que camina en el deseo de la felicidad y del amor. Encontrar ese tesoro y esa perla, es entrar en la desnudez de la humanidad y de la creación con la actitud del mayor agradecimiento y con el deseo de estar en el bien y a favor de los que más necesitan la justicia, el amor y la paz.

                               DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO

Mateo 13,44-52 (o 13,44-46)

En aquel tiempo dijo Jesús a la gente:

–El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?

Ellos le contestaron:

–Sí.

Él les dijo:

–Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.

Reino de Dios, la alegría y el discernimiento

Satisface escuchar las comparaciones parabólicas del Reino de Dios y el marco de la alegría en las que se insertan: tesoro, perla… Interpela la llamada que se hace al discernimiento en la parábola de la red para saber distinguir lo bueno de lo malo y saber desechar lo que destruye y mata la alegría verdadera.

Los malos los tiran…separar

La situación sigue siendo de muerte y de dolor...ahora más olvidada, aunque el dolor permanece y se agranda. Gaza es un símbolo de una guerra y una muerte que se instaura y se permite a nivel mundial.

Comparto esta reflexión realizada por las delegaciones de migración de nuestras diócesis extremeñas ante la problemática de Gaza y el genocidio que supone la muerte indiscriminada y la destrucción masiva del pueblo y su tierra.

Las delegaciones diocesanas para la migración en la provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz deseamos manifestar nuestro dolor e indignación ante el sufrimiento de la población en Palestina en el conflicto de Gaza.

Deseamos sumarnos a la manifestación pública de la Conferencia Episcopal y de la Comisión de Justicia y Paz llamando la atención sobre este problema que preocupa a la Iglesia entera y a la humanidad. Invitamos a los cristianos católicos a unirse a los gestos proactivos que se están organizando en la ciudadanía pidiendo la paz para este conflicto en Palestina. Sentimos que la sangre de estos hermanos nos está gritando a nosotros desde ese suelo de conflicto y violencia (Cfr. Gn,4) y fieles al concilio que nos anima a contemplar los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, como propios de los discípulos de Cristo, porque todo lo humano ha de tener eco en nuestro corazón (Cfr., Gs,1).

Somos conscientes de esta “guerra mundial a plazos” donde lo humano pierde su valor ante el mercado, el dinero y el poder, y anhelamos una sociedad en paz para la convivencia, el respeto y la vivencia de los derechos humanos logrados tras siglos de proceso. No podemos ser indiferentes ni cómplices con nuestro silencio ante las guerras activas actuales.

La realidad de sufrimiento que cubre la tierra en las distintas guerras y especialmente en la querida tierra de Palestina, donde, en palabras de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, la escalada militar plantea condiciones de vida incompatibles con la supervivencia de la comunidad palestina, especialmente de la población de Gaza, donde ya están muriendo de hambre. No podemos consentir que la destrucción siga recorriendo la franja de Gaza, necesitamos justicia y paz para quienes viven en esos países, Israel y Palestina, con el respeto total a los derechos en esa tierra sagrada. No podemos olvidar ninguna víctima de ninguna guerra que hoy está sucediendo. Seríamos infieles e incoherentes con nuestra fe cristiana que nos empuja a la fraternidad y a la dignidad de lo humano.

Nos comprometemos

Queremos apoyar con gestos a la Santa Sede, junto al Papa León, para seguir disponibles para el encuentro entre los países y propiciar una mirada mutua que devuelva la esperanza a los que la tienen perdida. Necesitamos que los que ostentan el poder en estos pueblos hagan posible la paz: ¡Encontrémonos, dialoguemos, negociemos! La guerra nunca debe ser inevitable porque en ella nadie gana y todos perdemos; las armas pueden y deben callar, porque no resuelven los problemas, sino que los aumentan; porque pasarán a la historia quienes siembran la paz, no quienes cosechan víctimas.

Pedimos, de una manera urgente e inaplazable, terminar con el asedio a la población, así como con el ataque a los hospitales, con los bombardeos a la población civil, la destrucción sistemática de infraestructuras y vecindarios, y la negación de asistencia humanitaria, lo que supone una violación de los derechos humanos más básicos y del derecho internacional humanitario, actos de ocupación equivalentes a una limpieza étnica…

«¡En un mundo dividido y herido por el odio y la guerra estamos llamados a sembrar la esperanza y a construir la paz!». Con estas palabras de nuestro Papa León XIV, hacemos un llamado a ser constructores de puentes de tolerancia, de diálogo y de plena justicia.

Con los demás colectivos por la paz

Nos unimos en oración incesante, sacrificios, limosnas y ayunos por estos hermanos, a la vez que invitamos y animamos a los cristianos de nuestras comunidades diocesanas a apoyar con su presencia los actos de solidaridad con la peregrinación desde el Cairo hasta Gaza, marcha global que se están organizando en estos días por parte de muchos colectivos ciudadanos

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