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La locura de una joven y la lógica de Dios

Valentina una joven que bebe en el cáliz de la radicalidad como Santiago

A Santiago lo interpeló Jesús invitándolo a beber el cáliz que él iba a beber, un joven que apenas sabía lo que decía pero le respondió con firmeza, "lo beberé". Un trago de amor en decisión vital que después se fue desplegando poco a poco, hasta llegar a la pobreza y la desnudez del martirio como lugar de un amor sin límites como el de su maestro. Hoy sentía yo en el aeropuerto pequeño de Badajoz, en Talavera el trago vital de Valentina, una joven colombiana, que ha volado para adentrarse en el camino de la contemplación, aspirante de un agua viva que mana y corre continuamente aunque se de noche. Al preguntarle sobre sus sentimientos a llegar con sus maletas al convento en un primer desayuno de fiesta me respondía que sus emociones eran de alegría y de miedo. Qué será eso de que la alegría verdadera siempre va acompañada de miedo, un miedo amoroso que dice sí con radicalidad, aun sabiendo que es débil y pobre ella, que lo proclama en la verdad de la fe y la confianza en el Padre. La seducción de ese cáliz de amor sigue calando en la humanidad y en los jóvenes. Gracias padre por este hecho de vida y por dejarme ser testigo de ello.

La llegada de Valentina

La pura lógica del amor de Dios

Llega Valentina… joven colombiana de 23 años, de formación informática. Hoy aterrizaba a las 8,50 h. en Talavera (Badajoz) y la esperaban un grupo de religiosas carmelitas de dicha población y yo era testigo singular, parece que Dios quiere que yo sea partícipe de estos momentos en los que la locura de una Joven hace manifiesta la lógica del amor de Dios que no tiene límites.

La habían parado, en nuestro pequeño aeropuerto... para verle el equipaje, pues traía un dulce típico de Colombia para compartir y se lo han decomisado. Salió sin su dulce,aunqueno amargada ni mucho menos, feliz de la vida y cansada del viaje de largo recorrido. Una vez más la lógica de Dios vence las dinámicas de una cultura del bienestar y del éxito, para adentrarse en la verdad del silencio, la contemplación, el amor y el reconocimiento de un absoluto que salva y da sentido a toda la vida y la creación.

LLegada al convento

Hace uno años participó como voluntaria -ella por su cuenta- en la JMJ en Madrid, se lo pedía el Espíritu. Pasó circunstancialmente unos días, sueltos antes de volver a Colombia, en el convento de Talavera. Años después, participa en un encuentro de jóvenes de comunidades neocatecumenales en su país y siente la invitación a levantarse para decir sí a la vida religiosa contemplativa. Tras un tiempo de discernimiento y proceso, da un paso en el que siente alegría y miedo, queriendo ser fiel a la llamada de ese absoluto, para ser pequeña lámpara en la iglesia y en el mundo con el aceite del que es luz, vida y camino, y el vino del consuelo y la esperanza. Viaja con el corazón abierto y la fe encendida sin más seguridad que la confianza en el amor de aquél que la creó para la vida y para el amor y que nunca la soltará de su mano pase lo que pase.

En el convento a llegar se siente el alboroto de todas las hermanas, están llenas de gozo por esta hermana que llega, es fiesta grande de lo sencillo y la acogida. La mesa preparada, los churros y el chocolate caliente, porque hoy es fiesta de la lógica del don del amor de Dios que no tiene fronteras ni límites.

Curiosamente me comenta Gloria, la hermana que vienen conmigo en el coche, que hace muchos años ella en su comunidad iba a preparar la celebración de la Palabra a un casa en su pueblo colombiano donde estaba Isabel, hoy casada con dos hijos, y por allí revoleteaba una niña de tres o cuatro años que era hermana de su compañera de comunidad. Esa niña era, curiosamente, Valentina que hoy en plena juventud quiere compartir la vida entera con esta comunidad, en la que está aquella joven que la veía corretear... cosas de Dios. Qué alegría al descubrirse y reconocerse después de tantos años. Algo que Dios tenía tan preparado y que ahora es tan gratuito como casual... la cosas de Dios¡¡¡ Ni la harina se acabó ni la alcuza de aceite se vació... en la generosidad no hay quien le gane y así enciende los corazones auténticos.

Maria Luisa (mayor) abraza Valentina (menor) | J.M.L

Oramos por ella y su proceso vocacional. Gracias por esa respuesta tan libre y generosa, de una juventud que no tiene límites cuando son tocadas por el Espíritu de Cristo y su amor.

La alegría de la comunidad carmelitana

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