Extraído de "Sinfonía divina, acordes encarnados" Edit. PPC
Bautismo y profecía: la cruz de Matías
Extraído de "Sinfonía divina, acordes encarnados" Edit. PPC
EPIFANÍA DEL SEÑOR
Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
–¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.
Al enterarse el rey Herodes se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron:
–En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: «Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel».
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
–Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y, cayendo de rodillas, lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino. (Mateo 2,1-12)
Proyecto «Esperanza»: magas de Europa
Contemplo el texto evangélico de Epifanía y me viene a la mente mi amiga religiosa Pilar Torres; la conozco de Badajoz, últimamente ha tenido la responsabilidad de ser la última provincial en España antes de unirse a Portugal, Italia y Malta. La traigo hasta aquí porque sé que anda en un proyecto nuevo. No sabemos si los magos fueron tres, el evangelio no dice nada al respecto; de ellas sabemos que son cuatro. Me dice: «Somos dos hermanas de Irlanda, Margaret y Patricia, una de ellas de ochenta años, misionera en Sudán, Egipto y Siria toda la vida; Helena, una portuguesa con una pasión por los pobres extraordinaria, y yo, en total cuatro».
Se trata del proyecto «Esperanza». Una nueva comunidad en Lisboa que desea ser una comunidad misionera internacional, intercultural e intergeneracional dentro de la congregación del Buen Pastor. Su singularidad es la de ser una comunidad de inserción en barrios pobres, abierta a la «itinerancia misionera». Quieren trabajar sinodalmente con socios laicos y abiertas a establecer vínculos intercongregacionales.
Me confiesa: «No hay mucho, Pepe, hay luz para cada paso. Una apuesta por una Europa unida, unas seguidoras del Buen Pastor que caminan en el margen, dispuestas a ir tras el rebaño, por eso cambiamos la institución por la tienda, la comodidad por la itinerancia».
Comento con ella que me suena a buscadoras inquietas de esperanza y luz en medio del desierto, y me responde que sí, que esta expresión le resuena totalmente y que cree que a sus compañeras también. Veo en ellas, de un modo encarnado y actual, esa búsqueda que representan aquellos magos de Oriente que se presentaron en Jerusalén preguntando, pero que siguieron un camino de novedad y riesgo buscando la luz de la esperanza.
Las veo y las imagino en tiendas y a oscuras… en el maremágnum de nuestra sociedad y sus prisas, atisbando el brillo de una pequeña estrella que va y viene, y me responde con rapidez:
«Así es. No podemos esperar, la vida en Europa se nos va y nosotras vamos detrás de la vida allí donde nos espere».
Al preguntarle si son las cuatro de la misma congregación me dice que sí, y que ella cree que están llamadas a vivir intercongregacionalmente, además de intercultural e internacionalmente, pero todavía cuesta verlo a nuestras responsables: «Ojalá nos dejen volar y equivocarnos, ¡para cuatro locas que hay dispuestas!, que sus miedos no nos frenen, que ya tenemos los nuestros…», y ríe con cariño y mansedumbre.
Yo me callo y doy gracias a Dios por estas buscadoras y seguidoras de esa estrella que tanta falta hacen hoy en nuestro mundo en su oscuridad y sus distracciones, en su dolor y su violencia. Hay otros caminos, y necesitamos andarlos para no volver a las mismas de siempre. Bendita novedad en el riesgo de la tienda y de la peregrinación de lo humano, hasta encontrar la señal de una humanidad desnuda y sencilla en el margen de los pobres y los sufrientes de la historia.
Averiguad cuidadosamente qué hay del niño
Dios se revela en el silencio del desierto, el Señor del paraíso se da en la aridez del desierto, fecundando oasis de esperanza. Misterio inescrutable de poder liberador y salvador. En el barro del caos fue creador de todo, y vio que era bueno; con sus manos formó al hombre en medio de esa sed terrena de arcilla y le insufló su espíritu, uniendo el cielo y la lluvia a la estepa desértica. Desde entonces el ser humano y la historia es lugar de desierto y de cielo, tierra y espíritu, espacio de libertades para el encuentro o el desencuentro. Para la vida o la muerte, para el diluvio o la sed en el pedregal, para el camino y la alianza. En ese proceso de tensión y libertad se va descubriendo el sentido de la historia.
La clave de horizonte no se encierra en los límites de lo histórico, donde Job ha de gritar apasionadamente que el amor divino se queda en crueldad si ese rostro de bondad no ilumina el desierto de la contradicción que emana de la injusticia y el sufrimiento del inocente. Hay inocencia sufriente que reclama justicia, pero esa luz liberadora ha de descubrirla en la relación amorosa que soporta y bendice la historia y sus heridas, en el Dios que peregrina con el pueblo y pasa sed con él y busca agua en las rocas.
El pueblo de Israel ha de caminar con el peso del sol y su calor, arropado con nubes, con fuegos en la noche para no perderse y poder seguir caminando. Su debilidad y su sufrimiento se convierten en gritos que, oídos por su Señor, se convertirán en acción transformadora que conducirá al pueblo a una tierra prometida más allá de la esclavitud por el paso interior de un camino desértico, desvelador del misterio salvador del que ama al más pequeño de los pueblos. Es ahí, en ese dolor peregrinante, emigrando en la historia, donde se desvela el misterio central de la vida en el puro y gratuito amor que vence la esclavitud y la muerte, que se hace luz y Pascua. Jesús es silencio y anonimato del poder divino en medio de la historia, uno de tantos; hijo de José y María, se hace peregrino despojado de todo que se puede ver en los palacios, a pie descalzo va por los caminos de lo humano como un sediento de pobres aguas que han de volverse a beber porque no apagan la sed, siendo él el agua viva. No hay otro oasis que apague la sed que el encuentro y el abrazo de este Dios humanado en lo árido y seco de la vida personal y comunitaria. Un encuentro luminoso y peregrino, también pascual, que nos arropa en el frío gélido del vivir y nos protege con la sombra en su amor en los estíos de cada historia y de todas las historias. Él nos abre y señala otro camino para la vuelta a la vida.
Acordes encarnados:
Cuatro reinas magas
En las calles de Lisboa,
donde el río besa el mar,
cuatro Reinas Magas van cantando
su promesa de sembrar.
Traen luz en sus manos viejas,
traen estrellas al andar,
y en los barrios olvidados
ponen paz y dignidad.
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