Oración de un Joven evangélico
¿Quién oirá mi silencio? Voltéate y mírame, tócame.
Oración de un Joven evangélico
El ayuno que Dios quiere:
"Esto dice el Señor: habla con valentía; no te escondas ni te calles; en tu vida, con tu familia, en las redes sociales, con tus gentes donde tengas oportunidad.
Denuncia la forma en que lo injusto rompe historias. Denuncia las mil maneras en que se destruye la vida y se abusa del pobre.
Denuncia la hipocresía de quienes llevan mi nombre en los labios, pero viven lo contrario. Denuncia a quienes quieren manipularme a base de oraciones y enarbolando su supuesta virtud, como si mi bondad dependiera de sus méritos y de sus ayunos.
En realidad, el día del ayuno prescinden de lo superfluo, pero siguen acumulando vanidad, poder, riqueza o prestigio. Presumen de cumplir, mientras siguen lejos de mí.
¿A eso llamáis ayuno, día agradable al Señor? Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, no poner pesos imposibles sobre los otros; romper toda forma de opresión y exclusión; compartir tus bienes, que hay tanta gente pasando penuria; acoger al extranjero y no desentenderte del prójimo.
Ya verás cómo entonces tu ayuno se convierte en luz, y descubres que yo siempre estuve contigo. Sólo tenías que llamarme así, para que yo te dijera: «Aquí estoy»
Salmos 4 - Relectura. Orando a pie descalzo con ellos...
¿Que respuesta tendré?
¿Quien oirá mi silencio?
¿Quien a-Justicia- mi historia?
¿Quien apaciguará mi angustia?
¿Quien interpretará mi balbuceo de lo que requiero cotidianamente?
¿Quien entenderá mis peticiones sin juicios?
¿Quien no se espantará de mis olores?
¿Quien contrastará su rostro con el mío?
¿Hasta cuándo mi historia, sé cuál sea, incomprendida, resonará como golpe punzante?
¡Hijo de los hombres!: voltéate, fíjame, óyeme, siéntate, huéleme, tócame.
¿Hasta cuándo la infamia?
¿Hasta cuándo la risa cínica?
¿Hasta cuándo la locura de tu vanidad y las excusas de tu indiferencia?
¿Hasta cuándo el juzgar de tus palabras? ¡como si tu no tuvieras razones por la cual denunciarte! - ¿Hasta cuándo tus rostros diferenciarán los otros tantos como el de los míos?
¡Hijo de los hombres!: voltéate, fíjame, óyeme, siéntate, huéleme, tócame.
Sepan aquellos que no creen, ni perciben, ni esperan y se desplazan.
Que Dios se mancha con mis sábanas
Que él se recuesta en mis cartones.
Que él tiembla, se moja y vive irregular junto conmigo.
Que Dios va al comedor para saciar el hambre.
Que se viste con trapos de la noche y con las ropas de los fieles.
Que parte conmigo su pan, un refresco y un Yogurt mezclado con frutas.
Que él juega con mi acompañante de cuatro patas.
Que él me reta, riñe y desafía mi conciencia: acerca de los caminos que he tomado.
Que él se duele cuando recaigo, que él se nubla en mis dosis y refugios.
El me oye, en mis inestabilidades de las noches.
¿Qué dirán los que no viven en mi piel, carne y vida?: ¡Temblor y silencio!
Por las mañanas, cuando logro abrir los ojos.
De vuelta, en ese trajín del día.
Tu rostro quiero ver de vuelta: ¡Dios de los últimos, de los sucios, de los desarropados!
Tal vez en carne.
Tal vez en confianza.
Tal vez en esfuerzo.
Tal vez en gestos.
Pero mientras tanto.
Y si llega la noche.
En paz o peligro, en ruidos y risas, en vergüenza y escondite, en huecos pequeños o grandes, en amores y misericordia… En paz quiero dormirme.
“…porque solo tú, Señor, me haces vivir tranquilo..” (Salmos 4:9)
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