Oración de despedida al abuelo y al profesional: Manuel Ruíz
"...alguien a través de quien, tú Señor, nos dejaste sentir un poquito de Cielo en la tierra".
Hace unos días despedíamos a Manuel Ruíz, hombre singular en la ciudad de Badajoz en la que tuvo la responsabilidad de Fiscal jefe de la audiencia provincial. Natural de Castuera (Badajoz) quiso que su funeral se celebrara en su parroquia natal donde había nacido a la vida y a la fe. Antes tuvimos una celebración oración en la ciudad de Badajoz con la comunidad cercana a su familia, a su trabajo, vecinos... En ella pudimos hacer lectura creyente de su vida, de aquellas facetas en las que él de alguna manera se había hecho imagen de Dios. Y especial fue el compartir de Adela Salas Ruíz, su nieta, al compartir su oración creyente que había musitado y escrito en la noche última de su agonía final. En ella hace eco de la semblanza del abuelo y lo que ha transmitido en su vida desde su sencillez y coherencia, amén de sus debilidades.
Don Manuel y su deseo de la Justicia y la buena Ley
La vinculación de Manuel Ruíz con Badajoz viene dada por su profesión como Fiscal Jefe de la Audiencia provincial de Badajoz.
Hoy tenemos presente:
Su raíz sencilla y rural: en la zona de la Serena, en Castuera, donde recibió sus primeras letras de su recordado maestro Pedro Galván, a quien siempre se sintió agradecido, por haberle ayudado a sembrar las inquietudes del saber y del estudio en su ser y hacer.
Su profesión: conocedor de las leyes y deseoso de promover la justicia sirve con gran sentido de funcionario público la misión y el bien interno de ejercicio profesional. Viviendo con exigencia interior para él mismo el sentido de lo legal y lo justo, y defendiéndolo en la estructura a la que sirvió en la provincia de Badajoz.
Su familia: La construcción de un hogar fundamentado en su matrimonio con Trinidad Téllez, con un amor indivisible hasta la muerte, y con el gozo de sus hijos Trini y José María, así como de sus nietos Adela y Benito, así como demás familiares.
Su ser ciudadano: En la construcción de unas relaciones de fidelidad y confianza, así como de compasión con los que le rodeaban y necesitaban de él.
Su ser creyente: Desde la religiosidad recibida en casa, en el ambiente religioso de su pueblo con sus costumbres y tradiciones, así como con su formación personal, fiel a Dios y confiado en él, así como su devoción a santa María Virgen.
Su debilidad y vejez: No dejó de dar frutos en su vulnerabilidad, cuando necesitó de las manos, los ojos, los pies y el corazón compasivo de los que le rodeaban. Ha sacado lo mejor de los suyos en su postración mostrando como venimos desnudos desde el vientre de nuestra madre y desnudos volvemos a él, en la condición de uno de tantos que necesitan cuidados y protección.
Hoy en esta oración damos gracias:
- Por todos los beneficios que él recibió en su vida.
- Por los talentos de su persona y le fecundidad de estos a lo largo de su vida.
- Por el cariño y la atención de todos los que le han querido y amado en su existencia.
- Por el amor que él ha sabido entregar en todo lo que ha sido y ha realizado, buscando ser el obrero fiel que sabe colaborar con Dios en la historia.
- Por las atenciones y cuidados en la residencia han la que ha pasado los últimos años compartiendo dolor y esperanza con los abatidos por la enfermedad y la edad.
- Oramos a Dios desde nuestra relación personal con él y con sus seres queridos.
- Pedimos desde su persona: que Dios nos conceda a todos nosotros un sentido verdadero de la justicia y de la compasión en nuestras vidas.
Acción de gracias por la vida mi abuelo Manolo
Señor, Dios de nuestras vidas:
Hoy nos encontramos a los pies de tu altar, y de la cruz de mi abuelo, no desde la desesperanza, sino envueltos en un sentimiento de profunda nostalgia, añoranza y melancolía. Es el eco de una vida plena, fructífera y feliz, vivida de la mano de mi abuela.
En estos últimos años, marcados por un desgaste muy lento y duro, hemos comprendido el verdadero sentido de la paciencia y de la entrega. Por eso, Señor, en casa te pedíamos que tuvieras piedad de él, que lo recogieras, sabiendo que ya estaba preparado, que ya había cumplido su misión tras más de quince años de un lento camino de pérdida de desarrollo cognitivo, tan difícil para lo que él había sido.
Hoy, mirándole en su descanso, sabemos que ese hombre de la cama ya no es él en su plenitud; es solo el envoltorio de un alma que ya ha volado hacia Ti. Hoy ya es su Pascua. Hoy ha descansado, y tenemos la fe firme y la esperanza viva de que ya está en el Cielo.
Me encanta imaginármelo allí: junto a mi abuela; junto a sus hermanos, seguro que con el tío Juan, y especialmente con el tío Benito, que ya le tiene preparado el copetín. Junto a su padre, a quien tanto echó de menos en la tierra, la Oña, la abuela Manuela, el tío Daniel y tantos otros que le precedieron. Como decía la tía Carmina, ya se ha ido de este valle de lágrimas para disfrutar de la plenitud y de la luz eterna.
Por eso, Señor mío, hoy te damos gracias por su vida y por su ejemplo. Gracias por haberlo moldeado en tus manos como el divino Alfarero, haciendo de él tu instrumento y un fiel constructor de tu Reino, alguien a través de quien nos dejaste sentir un poquito de Cielo en la tierra. Como nos dijiste: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn 14, 6). Mi abuelo transitó ese camino con rectitud.
Él era un hombre bondadoso. BUENO EN MAYÚSCULAS. De esos hombres cuya bondad es pura. Mi abuelo Manolo nos deja un testamento de vida hecho gestos cotidianos que a menudo recordamos y frases célebres: "Lo mejor para tu hermano/a";"Tu gusto es mi gusto", o "No hagas nada de lo que tus mayores seavergonzarían".
Era el padre que escribía canciones a sus hijos y a sus sobrinos (“mi tío Benito, cría potritos, con tantos gustos como les da”) y más tarde el abuelo que escribe poemas a sus nietos y canciones para entretenernos. Llevaba siempre los bolsillos llenos de caramelos: primero para él, que era muy goloso, pero sobre todo siempre listos para ofrecerlos a los demás.
Fue un hombre que llevó por bandera la defensa de la Justicia —ejerciéndola con honor como Fiscal Jefe de la Audiencia Provincial— e impregnando en todos nosotros un férreo afán por cumplir las normas y hacer lo correcto, sabiendo bien que dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados (Mt 5, 6). Un amante del lenguaje, de la palabra justa y precisa; lo recuerdo siempre haciendo el crucigrama del periódico. Era un hombre tenaz, perseverante, un trabajador incansable que nos ha dejado en casa la huella imborrable del esfuerzo diario. No conocí un crucigrama que no completase: sin inteligencia artificial, sin internet, dándole al coco hasta dar con la respuesta —algo hoy casi impensable—. Con su periódico a todas partes, con su radio, con su fútbol.
Un hombre, además, que supo renunciar a las ambiciones de cotas aún más altas en su carrera en la fiscalía en Madrid en favor de la familia, para elegir quedarse aquí, en su tierra, en Badajoz, cuidando de los suyos y sembrando hogar. Y cómo no recordarle cuando, tantas veces, me recitaba El Miajón de los Castuos, de Luis Chamizo. Aquel poema dedicado "mi padre, un hombre
bueno que trabajó mucho y amó mucho", hoy lo hacemos eco para él, adaptándolo con todo nuestro corazón:
"A mi abuelo, un hombre bueno que trabajó mucho y amó mucho".
Señor, te pedimos que lo acojas en tu Gloria. Que, así como él fue en las manos del Alfarero un instrumento fiel de tu bondad, ahora disfrute de ese abrazo eterno y de la gran fiesta del Cielo con los suyos. Amén.