Cómo rezar cuando el horizonte se nubla, y la marea zarandea sobre lo humano, con una ilógica de poder que se hace razón de todo lo que existe
Oración trágica sin sueños... ante lo humano de Ceuta
Cómo rezar cuando el horizonte se nubla, y la marea zarandea sobre lo humano, con una ilógica de poder que se hace razón de todo lo que existe
Ya no sueño. Estoy paralizado, me cuesta andar, me duele cada pisada sin haber caminado, todo parece trastocado en el sentir de la emoción, y me hundo en lo humano, me ahogo. No concilio el sueño, dolor, culpa, asfixia, la situación de menores y mayores ahogados en el mar y hacinados en la frontera, el agobio incansable de los ceutíes, la indiferencia de los palacios y los gobiernos, la lucha interna de los partidos y sus líderes manipulando lo sagrado por sus intereses sin el menor atisbo de emoción humana real, los politólogos de turno acompasados a un son ya predicho y tomado de antemano a la realidad vital e histórica de cada niña y niño, joven, adulto, madre o padre, los wasaps incendiarios y llenos de miedo, violencia, odio, polarización, los ricos ciegos enriqueciéndose con riquezas tan injustas como criminales, en connivencia con los dictadores locos. Me cuesta digerirlo, me cuesta, hasta el estómago se me revuelve y me paraliza, que es lo que más me enerva, me paraliza y quedo destrozado, busco la soledad y el silencio, pero no amaina la tempestad y la barca me tira de un lado a otro como una mala patera, para que no olvide mi origen de tierra y de barro. Rezo y no sé mirar a Dios, sólo veo crucificados en caras de niños y me vuelvo loco buscando el posible rostro de los que las mareas y los vientos se los llevaron ahogando sueños en lo más anónimo e injusto de la existencia de la humano en la historia, ante el silencio callado complice, como el mio, de los que piensan que no se fueron porque ellos no los vieron, entretenidos en un bienestar narcotizante e individualista que no sabe que el futuro se absorbe en el todo de un nosotros, más tarde o más temprano y que ellos somos también nosotros, aunque ahora mismo nosotros no sepamos ser ellos. A veces a medianoche lloro, pero lo hago de inutilidad propia, de cansancio, de gastar en vano fuerzas que deberían sido invertidas en puras caricias a los desheredados de ellas, sin más. Me siento rendido y me cuesta ser y creer lo humano, ahora que es cuando más lo necesito y lo pido en oración de mendigo buscando el pedrusco de la emoción y de la verdad, sin lucha, solo de contemplación, para reconocerme y poder amar en mí lo que necesito amar en los otros, la parálisis de los sueños y la mirada larga de la esperanza, más allá de la noticia torpe y del mensaje rápido que va lleno de veneno inútil que se vuelve en contra de todo el que lo envía y lo lee. Y solo me queda musitar, equivocándome, un padrenuestro confuso y tembloroso, que reza para que vuelva su padre… aunque sabe que estará apurando el fondo de un vaso de mal vino en una taberna perdida, donde le prestan para que siga bebiendo su propia sangre, para poder llevar y olvidar lo que les pasa a los hijos de la calle y de la vida, para aguantar la ceguera del pueblo que habita y del que forma parte. Pero yo sigo necesitando un Padre, que me abrace en el silencio de mi insomnio, el que me hace sentir brisa en mi pecho y me ayuda a respirar en el mayor de los ahogos, para que yo piense que amanecerá y habrá mañana. Al menos me alivia en la mayor soledad que he sentido en mi vida, cuando ya me creía libre y de todos, pobre de mí, errante y solitario en mi propio yo, sintiéndome lejos de mí mismo. Ojalá esta travesía me ayude a encontrarme conmigo mismo, para hacerlo contigo.
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