"Dejad que los niños se acerquen a mí..." Carta del sacerdote
Queridos Liam y Marcos. Vuestra primera comunión
"Dejad que los niños se acerquen a mí..." Carta del sacerdote
Queridos Liam y Marcos:
Hoy es un día sagrado para mí y muy especial, y lo es por vosotros. No nos conocíamos de nada y ahora sois de las personas que más quiero en Guadajira, como persona y como sacerdote. Por eso me acuerdo perfectamente de la primera vez que os vi y que ya le recé a Dios pidiendo que yo supiera estar cerca de vosotros, como a él le gustaría.
A ti Marcos te vi de la mano de tu madre Jessi que viniste con María Jacinta para apuntarte a catequesis en un horario que fuera compatible con el futbol que tanto te gusta, y así lo hizo ella para facilitarte el proceso para la primera comunión. Has sido fiel a las reuniones y celebraciones y tus padres han sido buenos acompañantes.
A Liam te vi por primera vez estando yo tomando un café, cuando no conocía a nadie, en el comercio de Fausti, en la terraza. Te sentaste allí conmigo y venias con Leo, y con toda sencillez y apertura de niños listos me abristeis la vida y vuestros sentimientos. Recuerdo que te llamó tu madre Sonia para ver donde establas y le contaste que estabas con el nuevo cura del pueblo que se llamaba Pepe. Allí hablamos de que no sabías si estabas bautizado, luego resultó que sí, y que tú no habías hecho la comunión ni estabas en catequesis. Después un día entraste en la iglesia y te gustó verla, me dijiste que nunca habías entrado, que tú recordaras, y ya insinuaste si tú podías ir a la catequesis, que a lo mejor te apuntabas. Me hizo ilusión que saliera de ti y de tu amistad conmigo el deseo de avanzar en la fe y conocer a Jesús.
Tu madre, Liam, siempre colaboró cuando se lo conté desayunando los domingos en el bar. Hicimos bueno alianza para favorecer lo mejor para ti. La verdad que siempre me ha gustado estar cerca de los niños que se preparaban para la primera comunión desde que estuve en Cheles hace ya más de cuarenta y cinco años. Guardo como un tesoro aquellos recuerdos primeros y siento que me proporcionan la misma alegría que hoy tengo con vosotros, aunque entonces era un cura jovencito muy moderno y ahora ya soy un sacerdote mayor con muchas canas y algunos dolores. Así comenzó un proceso que después ha sido intenso.
Al terminar como catequista María Jacinta y no encontrar persona apropiada para realizar esta labor, me hice cargo de vuestro acompañamiento y comenzamos a caminar juntos en la catequesis semanal y en la eucaristía dominical. Al comienzo con Raúl, Azahara, Gloria e Iván, después los dos solos como los de Emaús. A lo largo de nuestros encuentros de formación, hemos ido tratando temas, reflexiones, hemos aprendido oraciones, respuestas en la Eucaristía, nuevos conceptos… pero sobre todo lo que ha pasado y así lo siento yo es que nos hemos hecho más amigos de Jesús, de Cristo. Lo hemos hecho juntos, yo les he hablado mucho de vosotros a El y El me ha dicho muchas cosas para que las hiciera y os la contara a vosotros.
¿Qué hemos descubierto en estos años?
Nuestra conciencia se ha desarrollado y sabemos distinguir el mal del bien, y queremos el bien. También hemos sentido el perdón y lo hemos celebrado reconociendo nuestros pecados. Nunca olvidaré vuestra primera confesión en el silencio de este templo y en la verdad de vuestros pecados de niños.
En la comunión vais a recibir el cuerpo sagrado y la sangre de la alianza de Jesús y ya siempre podréis acercaros a recibirlo con el corazón limpio. Si hay fallos y pecados ya sabéis cómo se perdonan siempre. Pero quiero que sepáis una cosa que a partir de este momento Dios va a entrar en vuestro corazón y estará siempre con vosotros, aunque vosotros os podáis olvidar de él y alejaros. Será siempre como el padre de la parábola del Hijo pródigo que saldrá buscaros todos los días de vuestra vida para daros lo mejor de su amor y de su casa. Para mi y la comunidad será una alegría grande que no dejéis de ser como sois ahora mismo, que sigáis participando en catequesis y en la eucaristía. Que sigáis cercanos a nosotros, porque os necesitamos mucho. Ojalá tengáis personalidad y no os dejéis llevar por lo demás y el ambiente que hoy aleja a las personas de Dios y de su corazón.
Yo en este día os deseo que os pase como a mí, nunca olvidaré el día de mi comunión cuando al recibir a Jesús, le dije: Jesús yo quiero ser amigo tuyo, ayúdame a ser como tú. Desde entonces es lo que más le digo y deseo, ser amigo de Jesús y ser como él. Pensar, sentir y actuar como él. Ya sois muy parecidos en la alegría, la sencillez y la inocencia, no perdáis estos dones nunca. Ojalá yo sepa ser un buen sacerdote para vosotros y la comunidad sepamos daros un lugar importante y serio a los niños y a los jóvenes poco a poco.
Le damos gracias a Dios por vuestras vidas y vuestras familias, le pedimos que os ayude siempre para crecer como personas y como hijos de Dios, seguidores de Jesús.
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