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Queridos Liam y Marcos. Vuestra primera comunión

"Dejad que los niños se acerquen a mí..." Carta del sacerdote

Mi compañero Guadi me reclama reflexión escrita sobre las primeras comuniones que ya estamos en la briega de todos los años en pascua. Yo este año me toca celebrar en la parroquia de Guadalupe para dos grupos, la harán cinco grupos en ella, también colaboro en la parroquia de Lobón, acompañando dos grupos por estar su párroco en convalecencia, y este sábado lo haré en la parroquia de Guadajira, ese pueblo al que acompaño va a hacer dos cursos. Espero que el compañero me convalide esta carta sacerdotal dirigida a los dos niños. Marcos y Liam, que van a comulgar este sábado en el pueblo, por la reflexión que me pedía en torno al hecho de las primeras comuniones. Imagino que este es el sentimiento de muchos compañeros en estos días en el que los templos se llenan de luz, de color, y de corazones llenos de alegría e inquietud en los niños y niñas que se acercan a la eucaristía de la comunidad por vez primera.

Ellos y yo
Ellos y yo

Queridos Liam y Marcos:

Hoy es un día sagrado para mí y muy especial, y lo es por vosotros. No nos conocíamos de nada y ahora sois de las personas que más quiero en Guadajira, como persona y como sacerdote. Por eso me acuerdo perfectamente de la primera vez que os vi y que ya le recé a Dios pidiendo que yo supiera estar cerca de vosotros, como a él le gustaría.

A ti Marcos te vi de la mano de tu madre Jessi que viniste con María Jacinta para apuntarte a catequesis en un horario que fuera compatible con el futbol que tanto te gusta, y así lo hizo ella para facilitarte el proceso para la primera comunión. Has sido fiel a las reuniones y celebraciones y tus padres han sido buenos acompañantes.

A Liam te vi por primera vez estando yo tomando un café, cuando no conocía a nadie, en el comercio de Fausti, en la terraza. Te sentaste allí conmigo y venias con Leo, y con toda sencillez y apertura de niños listos me abristeis la vida y vuestros sentimientos. Recuerdo que te llamó tu madre Sonia para ver donde establas y le contaste que estabas con el nuevo cura del pueblo que se llamaba Pepe. Allí hablamos de que no sabías si estabas bautizado, luego resultó que sí, y que tú no habías hecho la comunión ni estabas en catequesis. Después un día entraste en la iglesia y te gustó verla, me dijiste que nunca habías entrado, que tú recordaras, y ya insinuaste si tú podías ir a la catequesis, que a lo mejor te apuntabas. Me hizo ilusión que saliera de ti y de tu amistad conmigo el deseo de avanzar en la fe y conocer a Jesús.

Tu madre, Liam, siempre colaboró cuando se lo conté desayunando los domingos en el bar. Hicimos bueno alianza para favorecer lo mejor para ti.  La verdad que siempre me ha gustado estar cerca de los niños que se preparaban para la primera comunión desde que estuve en Cheles hace ya más de cuarenta y cinco años. Guardo como un tesoro aquellos recuerdos primeros y siento que me proporcionan la misma alegría que hoy tengo con vosotros, aunque entonces era un cura jovencito muy moderno y ahora ya soy un sacerdote mayor con muchas canas y algunos dolores. Así comenzó un proceso que después ha sido intenso.

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Al terminar como catequista María Jacinta y no encontrar persona apropiada para realizar esta labor, me hice cargo de vuestro acompañamiento y comenzamos a caminar juntos en la catequesis semanal y en la eucaristía dominical. Al comienzo con Raúl, Azahara, Gloria e Iván, después los dos solos como los de Emaús. A lo largo de nuestros encuentros de formación, hemos ido tratando temas, reflexiones, hemos aprendido oraciones, respuestas en la Eucaristía, nuevos conceptos… pero sobre todo lo que ha pasado y así lo siento yo es que nos hemos hecho más amigos de Jesús, de Cristo. Lo hemos hecho juntos, yo les he hablado mucho de vosotros a El y El me ha dicho muchas cosas para que las hiciera y os la contara a vosotros.

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¿Qué hemos descubierto en estos años?

  • La importancia de estar bautizados y ser Hijos de Dios, saber que es nuestro creador y nos da la vida y nos cuida siempre.
  • Hemos conocido la persona de Jesús; su vida, sus palabras, sus milagros, su amor, su muerte en la cruz y su resurrección.
  • Hemo sentido como el Espíritu Santo está dentro de nosotros y nos ayuda a pensar como Jesús, sentir como él y actuar siguiéndolo.

Nuestra conciencia se ha desarrollado y sabemos distinguir el mal del bien, y queremos el bien. También hemos sentido el perdón y lo hemos celebrado reconociendo nuestros pecados. Nunca olvidaré vuestra primera confesión en el silencio de este templo y en la verdad de vuestros pecados de niños.

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  • Y ha sido muy importante cómo habéis estado participando en la Eucaristía, como unos buenos discípulos. La última cena que hicieron los mayores estuvo muy bien, pero os prometo que la vivencia que tenéis vosotros de esa Cena del Señor, de la misa, la tienen muy poca gente. Con qué ilusión habéis participado: preparando murales, leyendo juntos el evangelio antes de Misa, haciendo ofrendas, preparando lecturas y peticiones…asistiendo a los momentos más importantes de la comunidad y no quejaros nunca de las celebraciones y de mis rollos. Cómo no os voy a querer si habéis sido de los mejores y más fieles compañeros que he tenido desde que llegué a este pueblo y de un modo gratuito, sencillo, alegro. Sois como un regalo de Dios para la comunidad y para mí. Os echaba en falta las veces que no asistíais, me faltaba algo. Le he pedido a las personas que suelen venir a Misa que estén ese día con vosotros, porque en realidad son los que os reciben como comunidad cristiana en la mesa del Señor.
  • Os habéis insertado como niños en la comunidad de un modo muy especial, acercándoos a todos los que vienen a la eucaristía, he disfrutado cuando ibais por los bancos llevando la paz a todos sin distinguir a nadie, sin dejar a ninguno atrás. Me habéis ido informando muy bien de todo lo que hacíais en clase de Religión con Nuria, que os da también muy buena formación en la moral y doctrina cristiana. Me encanta cuando os veo por el pueblo y os acercáis a mi como a un familiar vuestro con toda confianza y cariño. Es curioso vosotros habéis indo entrando en la comunidad de los mayores y a mí me habéis ayudado a entrar en la comunidad del pueblo; con vuestras familias, en la calle, con los compañeros de la escuela, con los maestros…
  • Por todos esos motivos hoy os vais a acercar a comulgar no como extraños sino como seres queridos: de Dios, del sacerdote, de la comunidad cristiana que os acompaña, de los que ya hicieron la comunión el curso pasado y la harán el próximo. Así como de vuestra familia y amigos.

En la comunión vais a recibir el cuerpo sagrado y la sangre de la alianza de Jesús y ya siempre podréis acercaros a recibirlo con el corazón limpio. Si hay fallos y pecados ya sabéis cómo se perdonan siempre. Pero quiero que sepáis una cosa que a partir de este momento Dios va a entrar en vuestro corazón y estará siempre con vosotros, aunque vosotros os podáis olvidar de él y alejaros. Será siempre como el padre de la parábola del Hijo pródigo que saldrá buscaros todos los días de vuestra vida para daros lo mejor de su amor y de su casa. Para mi y la comunidad será una alegría grande que no dejéis de ser como sois ahora mismo, que sigáis participando en catequesis y en la eucaristía. Que sigáis cercanos a nosotros, porque os necesitamos mucho. Ojalá tengáis personalidad y no os dejéis llevar por lo demás y el ambiente que hoy aleja a las personas de Dios y de su corazón.

Yo en este día os deseo que os pase como a mí, nunca olvidaré el día de mi comunión cuando al recibir a Jesús, le dije: Jesús yo quiero ser amigo tuyo, ayúdame a ser como tú. Desde entonces es lo que más le digo y deseo, ser amigo de Jesús y ser como él. Pensar, sentir y actuar como él. Ya sois muy parecidos en la alegría, la sencillez y la inocencia, no perdáis estos dones nunca. Ojalá yo sepa ser un buen sacerdote para vosotros y la comunidad sepamos daros un lugar importante y serio a los niños y a los jóvenes poco a poco.

               Le damos gracias a Dios por vuestras vidas y vuestras familias, le pedimos que os ayude siempre para crecer como personas y como hijos de Dios, seguidores de Jesús.

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