"La naturaleza es templo y en Cuenca se hace más templo" Antonio Aradillas: Cuenca: La catedral 'encantada'

Fachada de la catedral de Cuenca
Fachada de la catedral de Cuenca

En la Santa Iglesia Catedral-basílica de Cuenca, dedicada a Nuestra Señora de Gracia, y en toda la ciudad pudiera y debiera tener plena vigencia el refrán popular que con categoría académica refiere: 'Di que eres de Cuenca y entrarás de balde'

Las obras de la actual catedral, que aprovecharon las anteriores de una mezquita musulmana, se iniciaron en 1182, con la singularidad especial de que sus formas eran de aspecto y configuración anglonormanda

Es mucho lo que hay que ver, admirar y meditar antes y después de visitar la catedral, en la que se hundió la torre del Giraldo en 1902 y que tanto afectó a su bella y armoniosa fachada principal

Pero la catedral de Cuenca no es solo la catedral-templo. Es también el adjunto y noble palacio episcopal, y el museo diocesano, y la proliferación de iglesias, ermitas, parroquias, conventos, monasterios, seminario...

Que conste que el adjetivo de “ENCANTADA” aplicado en este caso a la catedral conquense, amplía su demarcación litúrgica y eclesiológica y más en la ubicación de esta provincia castellano-manchega

La naturaleza-naturaleza es templo y en la provincia de Cuenca la naturaleza se hace más templo. Hasta el punto en que habría que añadírsele el calificativo de oferta "sagrada", con categoría de santuario

Hoy, que tanto y con razón, nos quejamos de que para visitar las catedrales, y hasta para rezar en ellas, hay que pagar las tasas correspondientes, decidimos hacer estación de devoto peregrinaje en la Santa Iglesia Catedral-basílica de Cuenca, dedicada a Nuestra Señora de Gracia. En la misma, y en toda la ciudad pudiera y debiera tener plena vigencia el refrán popular que con categoría académica refiere: “Di que eres de Cuenca y entrarás de balde”, con ínclitas referencias al dato de “valerse de un subterfugio para conseguir ciertos beneficios”. La explicación reside en el gesto singular que, durante la Reconquista de la ciudad, después de largo asedio por el ejército de Alfonso VIII en 1177, el rey otorgó en su Fuero a los nacidos en Cuenca “, con excepcionales y generosos portazgos, pontazgos y barcajes en todo el reino de Castilla”.

Los árabes llamaron "Conca" al lugar, adaptando un topónimo de origen precedente –'concha'- (valle profundo entre montañas), con remembranza que se remontan al pueblo pre ibérico de los “concanos”, de cuyos fieros y valerosos soldados es fama que se alimentaban con sangre de los caballos, servida en los “cuencos”, que en su día habría de ser parte del escudo de la población, aunque re- cristianizados y reconvertidos en cáliz, con su cruz y la Sagrada Forma Eucarística.

Las obras de la actual catedral, que aprovecharon las anteriores de una mezquita musulmana, se iniciaron en 1182, con la singularidad especial de que sus formas eran de aspecto y configuración anglonormanda. Es tradición que el monarca castellano encontrara en aquél lugar pagano una imagen de la Virgen, que fuera venerada con la advocación de la “Antigua”.

La reina Leonor de Plantagenét intervino en la erección de la catedral, cuya consagración le sería encomendada al obispo de Osma, Ximénez de Rada, el mismo que años después -1226- alentaría una obra similar en la cabecera de la archidiócesis toledana. No es de rechazar la opinión de otros historiadores que atribuyen la consagración del altar mayor al obispo san Julián, con posterior intervención de Don García, tercer prelado conquense.

Es mucho lo que hay que ver, admirar y meditar antes y después de visitar la catedral, en la que se hundió la torre del Giraldo en 1902 y que tanto afectó a su bella y armoniosa fachada principal, restaurada hoy con criterios y formas raramente neogóticas.

Dentro del templo, llaman poderosamente la atención la excepcional obra barroca de “El Transparente”, el sepulcro de san Julián, el arco de Esteban Jamete, el triforio, la linterna, -torre del Ángel-, la Sacristía, la Sala Capitular, el coro, con su reja y su sillería, las capillas del Espíritu Santo –Marqués de Cañete-, las de los Mendoza, y de los Muñoz, Santa Elena, Albornoz, capilla-panteón de la Asunción… En la edificación del claustro intervinieron artistas de fama universal como Esteban Jamete y José Martín de Aldehuela…

Al igual que en otras catedrales, monasterios y conventos, pero posiblemente más que en unos y otros, en la catedral de Cuenca destaca el hecho de la conversión de una buena parte del recinto sagrado en mausoleo de familias nobles y de obispos, sin escatimar arte y riquezas en su construcción, decoración y recuerdos. Aparte de que la catedral de Cuenca, y todas las demás, son y significan mucho más, litúrgica y sacramentalmente, que otros tantos cenotafios, los visitantes están en cristiano obligados a unos rezos por el eterno descanso del alma de sus fundadores y sus familiares…

Pero la catedral de Cuenca no es solo la catedral-templo, tal y como la hemos pergeñado. Es también el adjunto y noble palacio episcopal, y el museo diocesano, y la proliferación de iglesias, ermitas, parroquias, conventos, monasterios, seminario, casas de canónigos y del Curato, y la iglesia de la patrona, Nuestra Señora la Virgen de la Luz con su gran cúpula elíptica y hasta un puente de un solo arco, que lleva el sobrenombre de “El Chantre”, con categoría del canónigo que dirigía el canto en el coro. Por si algo le faltara a la catedral conquense en su historia, cabe recordar que el activo Tribunal de la Santa Inquisición tuvo su sede en el castillo… La catedral como tal, se extiende hasta llegar al grandioso conjunto monumental del convento prioral de Santiago, en Uclés, que por sí reclama y merece larga, atenta y documentada visita y en el que se asentara el Seminario Menor de la diócesis durante un puñado de años levíticos…

Pero que conste que el adjetivo de “ENCANTADA” aplicado en este caso a la catedral conquense, amplía su demarcación litúrgica y eclesiológica y más en la ubicación de esta provincia castellano-manchega, pobre por demás, pero rica –riquísima- en paisajes, en “quijotes”, en “sanchos” y en “curas párrocos” rurales avecindados en sus pueblos y ciudades.

Y es que la naturaleza-naturaleza es templo. Es el templo en el que rezamos, nos relacionamos con Dios y con los otros, y con toda la obra creada por Él, quien le dio personalmente en el Génesis su “Visto Bueno” más religioso, litúrgico, familiar y social. Es posible, y hasta explicable, que siga creciendo el número de quienes, cristianos o no, estén convencidos de que se registran demasiados lugares sagrados, inmatriculados o no, en los que se les ofrezca a Dios el culto debido, dejando sin descubrir los verdaderos templos tales como los del trabajo, de ocio, de actividad social o familiar, de cultura, de encuentros, de contemplación, de silencio y aún de palabras…

La Catedral de Cuenca: Interior, Curiosidades e Historia

Es de sana y santa justicia informar, que en la provincia de Cuenca la naturaleza se hace más templo, que en otras muchas de dentro y de fuera de España... “Ríos y paisajes encantados” es exactamente uno de los epígrafes más “vendedores” de la oferta turística conquense, a la que habría que añadírsele el calificativo de oferta “sagrada”, con categoría de santuario, meta de religiosas peregrinaciones y de “apariciones” reales y tangibles. El trato con la gente que todavía los habitan, viven y trabajan, es capítulo de espiritualidad pletórico de evangelio.

Estos son algunos de sus nombres:

Desde Beteta al nacimiento del río Cuervo, Huélamo, el Rincón de Uña y el manantial de Los Borbotones, “La Ciudad Encantada” –uno de los parajes más señeros, creados a partir de la erosión y disolución de la roca caliza-, la Ventana del Diablo, la ciudad natural de Las Majadas, con el parque de El Hosquillo, la Cañada del Hoyo y Las Lagunas, Los Palancares y las Torcas, Las Carboneras de Guadazaón, el Villar del Humo, Hoces y parajes de agua, fueron en otros tiempos lugares de culto, en la actualidad debieran ser re-descubiertos con características idénticas, desde perspectivas ecológicas y al dictado de la “Laudato si”, de recientes encíclicas “franciscanas”.

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