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Cuando Antoni Gaudí miró hacia América: el proyecto de la capilla de Rancagua entra en su fase decisiva

Un siglo de espera para una obra única de Gaudí fuera de España

El arquitecto chileno, en Reus. | X. Pete - Agencia Flama

Cuando Antoni Gaudí dibujó la capilla que debía construirse en Chile, difícilmente podía imaginar que un siglo después un arquitecto como Christian Matzner recogería aquel difuso rastro de documentos, cartas y referencias para intentar convertirlo en una realidad construida. Esa historia, que durante décadas permaneció oculta entre archivos y correspondencia dispersa, ha regresado este fin de semana a Reus, la ciudad que vio nacer al genio modernista y donde sus impulsores han querido reconectar con el origen de uno de los proyectos más singulares vinculados a su legado.

El arquitecto chileno ha llegado acompañado de Oliver Pendragón, Diego Fisher, la arquitecta María Eugenia Moreno y Beatriz Valenzuela, en un momento que describen como “definitivo”. El proyecto, aseguran, está completado a nivel técnico y entra ahora en la fase decisiva de financiación, con la voluntad de iniciar las primeras obras en un horizonte inmediato.

Fue el profesor Bassegoda quien me habló de un proyecto en Chile”, recuerda Matzner, situando el origen de su vínculo con esta historia en su etapa en la Cátedra Gaudí, entre 1994 y 1995. Aquel período, bajo la dirección del profesor Joan Bassegoda, abrió una línea de investigación que conectaba el archivo, la memoria y la posibilidad latente de una obra nunca materializada.

“Hicimos una desclasificación de cartas siguiendo las referencias de Bassegoda, y esos documentos fueron el motivo para acudir después a la Sagrada Familia”, explica. Ese trabajo de archivo permitió recuperar indicios conservados en el Archivo Diocesano de Barcelona, que los promotores interpretan como la base documental de un proyecto interrumpido por el paso del tiempo.

A partir de ese impulso se constituyó en Chile la Corporación Gaudí de Triana, una entidad privada encargada de dar forma institucional a la iniciativa y canalizar su construcción. El proyecto ha sido desarrollado por encargo del Ministerio de Obras Públicas de Chile y de la propia corporación, con el objetivo de adaptarlo al emplazamiento de Rancagua y transformarlo en un conjunto arquitectónico completo.

Antoni Gaudí proyectó la capilla para Chile a comienzos del siglo XX, aunque nunca llegó a construirse. | Archivo

Matzner señala que la propuesta no se limita a la capilla, sino que también integra un centro cultural y espiritual concebido como un espacio de encuentro, formación y difusión. El conjunto se desarrolla en coordinación con la Junta Constructora de la Sagrada Familia, en un intento explícito de mantener un hilo de continuidad con el legado técnico y simbólico de Antoni Gaudí.

“Estamos en condiciones de iniciar las obras este mismo año”, afirma el arquitecto chileno, quien detalla un esquema de financiación mixta: inversión privada para la capilla y apoyo público para el centro cultural. En su visión, no se trata únicamente de un proyecto arquitectónico, sino de “una estructura cultural con vocación internacional y educativa”.

Más allá de su dimensión constructiva, la iniciativa se inscribe en una lectura contemporánea del pensamiento gaudiniano. Los promotores reivindican su arquitectura como un sistema vivo, orgánico y vinculado a la naturaleza, capaz de ofrecer respuestas a los desafíos de sostenibilidad del siglo XXI. Rancagua se convierte así en un escenario de interpretación y relectura de este legado.

En este contexto, Matzner recupera una idea atribuida a Gaudí: “El arquitecto reusense habló de este proyecto como un puente entre España y América”, afirma, subrayando la carga simbólica que atraviesa toda la iniciativa.

La capilla de Rancagua entra en su fase decisiva de financiación. | Archivo

Si el proyecto llega finalmente a materializarse, la capilla de Rancagua se convertirá en un caso singular dentro de la historia de la arquitectura, ya que será una obra concebida dentro del universo conceptual de Antoni Gaudí y construida, finalmente, fuera de su territorio natural. Un gesto que conectaría Reus, Barcelona y Chile en una misma narrativa que atraviesa el tiempo y reabre, con una vocación contemporánea, un sueño interrumpido hace más de un siglo.

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