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Bertomeu, voz (y esperanza) para las víctimas del Sodalicio

Se nos ha dado la tierra

Abrazar la tierra

SE NOS HA DADO LA TIERRA

Vi una inmensa esfera que crecía

Y ascendía en volutas cada vez más densas

Envenenando el aire, la paz de los pájaros,

La pureza de los últimos rayos de la tarde, 

La luna perdida en su noche más negra.

Mirar la luna mientras la tierra se desangra

Escuché el llanto amargo de los niños, 

Condenados a una soledad prematura y doliente,

Sus gritos desolados y su pena irremediable;

Vi sus dientes ociosos, sus ojos asombrados,

La sed de sus agrietados labios. 

En una tierra pródiga, abundante, verde,

Amarilla en sus frutas más deliciosas,

Roja en redondeces carnosas y dulces,

De todos los colores, olores, sabores,

En tierras, bosques, laderas y montañas.

Todo se nos ha dado, todo pensado para el hombre,

Para todos los hombres: de aquí, de allá, 

De los del otro lado del muro, de los de este lado:

Más abajo del Río Bravo, más arriba también.

Emigración

Pero el hacha salvaje del poderoso engreído 

Corta y taja los pasos de los que anhelan 

la dicha humilde de un rincón, 

Un pedazo de tierra, un plato en la mesa,

Una labor por desempeñar para el orgullo,

 Un lugar desde el que gritar por la libertad

La emoción de una patria, el abrazo del vecino,

Del amigo, del patrón…

Se nos dio la tierra parar habitarla y quererla,

No la luna, que bien luce donde está.

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