El Festival Internacional de Cine de Berlín, la Iglesia católica y la política
Sin entrar en detalles, el cardenal Reinhard Marx criticó la orientación hacia una política de refugiados más populista de derechas: «Esta emulación de los radicales de derecha [por parte del gobierno actual] es terrible». Desde el punto de vista cinematográfico, según Marx, se trata también de ofrecer no sólo entretenimiento, sino de contar historias que llamen la atención sobre los destinos de las personas.
Desde la perspectiva de la Iglesia católica, se necesitan más películas que, con imágenes potentes, estremezcan a las personas y las confronten con temas importantes. También respecto a la precaria situación de los refugiados que cruzan el Mediterráneo, es importante una traducción cinematográfica de sus historias, afirmó el cardenal Reinhard Marx, presidente de la Comisión de Medios de Comunicación de la Conferencia Episcopal Alemana, el domingo 15 de febrero por la noche en Berlín. El motivo fue la recepción ecuménica de las Iglesias en la 76ª edición del Festival Internacional de Cine de Berlín (Berlinale 2026), donde se comentó el documental alemán «Kein Land für Niemand» («Ningún país para nadie»).
La película, realizada en 2025, aborda la política europea de asilo y de refugiados, así como la situación en las fronteras exteriores de Europa. Acompaña misiones de rescate en el Mediterráneo y documenta las condiciones de vida en los campos de las fronteras exteriores de Europa. Da voz a los refugiados que han sobrevivido al peligroso camino hacia Europa. En el centro se encuentra la interacción entre la política estatal y el compromiso de la sociedad civil, así como la influencia de un giro político hacia la derecha en la sociedad sobre la política migratoria. Se aborda la creciente criminalización de los movimientos de refugiados y los desafíos que enfrentan las organizaciones humanitarias de ayuda, como Sea-Eye. Las historias personales de refugiados se complementan con reflexiones sobre el rol de los discursos del miedo y las narrativas populistas en la agenda política.
«Para nosotros no es posible vivir personalmente una situación así», señaló Marx. Por ello es importante que, mediante películas y documentales, se abran nuevos horizontes a los espectadores. «Tenemos que preguntarnos: ¿Queremos que les pase algo así a los seres humanos?» Para Marx está claro: «El Mediterráneo no debe volver a convertirse nunca jamás en una trampa mortal». Además, nadie debería ser devuelto a países donde se hallen bajo la amenaza de tortura, persecución o muerte. Sin entrar en detalles, Marx criticó la orientación hacia una política de refugiados más populista de derechas: «Esta emulación de los radicales de derecha [por parte del gobierno actual] es terrible». Desde el punto de vista cinematográfico, según Marx, se trata también de ofrecer no sólo entretenimiento, sino de contar historias que llamen la atención sobre los destinos de las personas.
En la recepción también se presentó el Jurado Ecuménico de las Iglesias evangélica y católica. Desde hace más de tres décadas, este jurado otorga en el Festival Internacional de Cine de Berlín premios a películas cuyos temas están en sintonía con el Evangelio o que sensibilizan al público sobre valores espirituales, humanos y sociales.
Todo esto ocurre en una Berlinale que se inició con una declaración polémica del cineasta alemán Wim Wenders, presidente del jurado internacional, quien dijo la frase «Los cineastas tenemos que mantenernos al margen de la política» durante la rueda de prensa inaugural, el 12 de febrero de 2026.
Fue en el contexto de una pregunta de un periodista sobre la relación entre cine y política, específicamente en relación con el apoyo del gobierno alemán a Israel en el conflicto de Gaza, y por qué la Berlinale había mostrado solidaridad pública con causas como Ucrania o Irán, pero no con Gaza. Wenders respondió argumentando que el cine no debe entrar directamente en el terreno político ni hacer películas «dedicadas a la política», ya que eso lo colocaría en el ámbito de lo político. En cambio, señaló que los cineastas deben actuar como contrapeso a la política: fomentar empatía, cambiar la forma en que la gente ve la vida y hacer «el trabajo de la gente, no el de los políticos». Añadió que ninguna película ha cambiado realmente la opinión de un político, pero sí puede influir en el público.
Esta declaración generó controversia inmediata, con críticas de figuras como la escritora Arundhati Roy, quien canceló su participación en el festival por considerar inaceptable esa declaración y una forma de soslayar el debate sobre Gaza.
La periodista de origen turco Derya Türkmen ha comentado al respecto en su columna del 15 de febrero en el periódico berlinés «taz»:
«Un festival puede ser político sin tomar políticamente partido. Puede permitir la diversidad de opiniones sin hacer suya cada declaración. Puede hacer visibles los conflictos sin pretender resolverlos. Precisamente un festival internacional debería admitir voces contradictorias, también en relación con el conflicto de Oriente Próximo. La exigencia de mantener la política fuera de la cultura suena a búsqueda de tranquilidad, pero contradice la historia del cine y de la propia Berlinale. Los festivales de cine forman parte de la esfera pública, y la esfera pública es siempre política. Tal vez ahí radique precisamente la tarea de la Berlinale: no ser apolítica, sino lo suficientemente política como para poder soportar la diversidad»
Se trata de una reflexión pertinente, que se puede aplicar a las palabras del cardenal Marx en el evento, las cuales tienen una innegable carga política, en el buen sentido de la palabra. Porque de decisiones políticas dependen las vidas de muchos seres humanos. Y la Iglesia no puede ser ajena a esa realidad.
Fuentes: katholisch.de / taz