Schlegel y el templo vacío: "Puede que a la Iglesia le vaya mal, pero a las religiones les va muy bien"

El sociólogo de la religión Jean-Louis Schlegel afirma que hemos entrado en la era del vacío en el ámbito personal. Sostiene que esto afecta a todos los ámbitos, incluidas las religiones, la espiritualidad o la relación con la Iglesia

Jean-Louis Schlegel
Jean-Louis Schlegel
31 oct 2026 - 09:22

(Lucia Montobbio/Cristianisme i Justícia).- El sociólogo de la religión Jean-Louis Schlegel afirma que hemos entrado en la era del vacío en el ámbito personal. Sostiene que esto afecta a todos los ámbitos, incluidas las religiones, la espiritualidad o la relación con la Iglesia. El exdirector de la revista francesa Esprit habla en esta entrevista sobre el templo vacío, entendiendo el «templo» tanto en su sentido literal como en el religioso y cultural.

¿Cuáles son los síntomas de esta sociedad que se siente vacía?

Hay múltiples síntomas. Aun así, podríamos decir que el consumismo es el principal: una sociedad que piensa que puede hacerlo todo, que puede disponer de todo… Me refiero a objetos materiales, sí, como tener un coche, un televisor, etc., pero también a bienes inmateriales, como los culturales (viajes, vacaciones) o las espiritualidades. Somos una civilización que se ha vuelto muy materialista; incluso podríamos decir que nosotros mismos nos hemos convertido en objetos. Estamos en una sociedad en la que todo se cambia, todo se compra, todo se vende…

Esto afecta también a las religiones y a la espiritualidad. Las vemos por todas partes, bajo todas las formas posibles e imaginables. Hay propuestas religiosas y pararreligiosas o psicoespirituales que invitan al desarrollo personal y que también se han convertido en objetos de mercado.

He sido editor de libros en Francia y he publicado libros sobre temáticas muy diversas, también en el ámbito religioso. A partir de los años ochenta, ha habido un gran interés por dialogar con otras religiones y conocerlas, y han aparecido libros sobre el budismo, el judaísmo, el islam; sobre filosofía, sobre el cuerpo y la mente, la superación psicológica y otras espiritualidades… Nos encontramos en una época de espiritualidades sin Dios y de caminos místicos distintos de la religión institucional. Toda esta producción puede llegar a generar un vacío interior, un vacío que proviene del hecho de poder acceder a todo.

Espiritualidad
Espiritualidad
Nos encontramos en una sociedad nihilista, literalmente. Es decir, el individuo no es otra cosa que él mismo, sin historia, sin construcción de futuro. Solo cuenta el momento presente. Este 'presentismo' terrible barre la memoria histórica y las utopías de un futuro diferente

¿Cuantas más opciones tenemos, más vacíos nos sentimos?

Sí, es el anverso y el reverso de una misma realidad. Porque la multiplicidad de opciones obliga personalmente a cada uno a tomar sus propias decisiones religiosas, espirituales, humanas…

Además, habría que añadir las reflexiones del sociólogo inglés Christopher Lasch, que habla de una civilización narcisista. La sociedad narcisista aparece en la segunda mitad del siglo XX y cada vez está más ensimismada, sin preocuparse por el pasado ni por el futuro. Sobre esta idea hay mucha literatura. No conozco el contexto editorial catalán, pero en Francia se publican muchísimos libros sobre el futuro de uno mismo, sobre cómo ser uno mismo, sobre la construcción del yo… Decenas y decenas de libros pertenecen a este género.

En este sentido, nos encontramos en una sociedad nihilista, literalmente. Es decir, el individuo no es otra cosa que él mismo, sin historia, sin construcción de futuro. Solo cuenta el momento presente. Este «presentismo» terrible barre la memoria histórica y las utopías de un futuro diferente.

En resumen, el individuo se preocupa por sí mismo, por su vida, por su futuro, por su salud… Existe una profunda preocupación por el yo, y eso puede hacer que se sienta permanentemente insatisfecho.

Es agotador…

Exactamente, este es otro de los síntomas. Y este agotamiento puede llevar, en algunos casos, a la depresión. Alain Ehrenberg escribió un libro sobre esta cuestión: La fatiga de ser uno mismo (1998). Es una obra sobre el cansancio, sobre el desgaste que supone la energía que uno invierte en los movimientos para encontrar su propio camino cuando no hay caminos prescritos. Tanto las religiones como la secularización aparecen como meras opciones.

Ehrenberg afirma también que la neurosis dominante de nuestro tiempo es la depresión, especialmente entre los jóvenes. Hoy en día se da tanta importancia a ser eficientes, conquistadores, competitivos o exitosos que el sujeto queda todavía más expuesto al fracaso, a las decepciones y a la frustración de sentir que no está consiguiendo nada. Esto hace que muchas personas —y, sobre todo, muchos jóvenes— sufran depresiones. Esta situación se acentuó durante la pandemia.

¿Aprendimos algo del periodo de la pandemia?

No mucho, no. Mientras estábamos en ella, cuando todo nos resultaba increíble, sí parecía que iba a suponer un punto de inflexión: el final de una etapa y el comienzo de otra. Leímos por todas partes artículos sobre el cambio que supondría haber vivido confinados, sobre cómo empezaríamos a renunciar al consumismo y entraríamos en una transición que favorecería el ecologismo: menos coches, menos ruido…

Sin embargo, a medida que avanzaban los meses de confinamiento, se fue viendo cuál era el deseo real: recuperar la vida anterior a la pandemia. Surgieron presiones contra las medidas que adoptaban los políticos en relación con las restricciones sanitarias, y había una especie de euforia por volver a la vida normal, a la de antes de la enfermedad.

¿Con qué dificultades se encuentra hoy la Iglesia?

Algunas de las dificultades con las que se encuentra la Iglesia ya las hemos mencionado: el consumismo, la multiplicidad de religiones entre las que elegir, el giro individualista a la hora de tomar decisiones o la absoluta preeminencia del presente sobre los demás tiempos.

Por ejemplo, en Francia es evidente la disminución del número de personas que practican los sacramentos. El caso más llamativo, a mi entender, es el de la misa dominical. Hoy los jóvenes van quizá una vez al mes, o tres veces al año, y eso puede aceptarse; pero hasta hace muy poco no ir a misa todos los domingos era un pecado mortal, abominable.

Los líderes de la Iglesia suelen expresar que la sociedad está vacía y que, por eso, se encuentran con los templos vacíos. Desde mi punto de vista como sociólogo, añadiría que, aunque ciertamente existe un vacío, este se ha llenado con otros objetos materiales o inmateriales, y que algunos de ellos han servido igualmente para trabajar la espiritualidad. En resumen: puede que a la Iglesia le vaya mal, pero a las religiones les va muy bien.

La Iglesia no ha comprendido este giro hacia el individualismo. De repente, se empezó a votar sobre cuestiones que afectaban tanto a la vida privada como a la vida pública, y ante algunas de ellas la Iglesia se ha mostrado contraria.

Individualismo
Individualismo

¿Como el aborto?

Sí, el aborto es una de ellas; pero también otras: los derechos de las personas homosexuales, el uso de la píldora anticonceptiva, los derechos relacionados con la procreación y el final de la vida… En estos ámbitos, la decisión y la conciencia personales prevalecen sobre los mandatos de la autoridad de la Iglesia.

La técnica, en cambio, sí ha sabido seguir bien el movimiento social y ha desarrollado una serie de herramientas que han permitido una personalización extraordinaria en la toma de decisiones sobre uno mismo. Por ejemplo, en Europa la esperanza de vida es cada vez mayor; en Francia, la esperanza de vida media se sitúa actualmente en los 85 años para las mujeres y los 79 para los hombres.

En España, más o menos lo mismo: 86 años para las mujeres y 81 para los hombres…

Cuando la esperanza de vida es tan elevada, el final de la vida también puede volverse muy, muy difícil y complejo. Se ha puesto este debate sobre la mesa desde el punto de vista de la ciencia, en relación con los derechos al final de la vida, por ejemplo.

Pero también ha habido debates sobre el inicio de la vida. Uno de los elementos que aparecen en el siglo XX y que ha supuesto una revolución es la píldora anticonceptiva, que representa una liberación para la mujer y le otorga un grado de independencia aún mayor. Por otra parte, aparece también la posibilidad de formar una familia monoparental mediante la fecundación in vitro.

De hecho, han aparecido muchas nuevas formas de familia.

El deseo de formar una familia no ha cambiado mucho con el tiempo; sigue vivo. Pero, claro, saliendo del esquema tradicional, por lo que adopta una multiplicidad de formas: mujeres solteras que quieren tener hijos, parejas homosexuales, personas divorciadas que encuentran nuevas parejas…

Cambiando de tema, otro de los debates centrales que hay ahora mismo en la Iglesia es el de los abusos sexuales.

Es un tema preocupante y terrible. Se han ido descubriendo abusos sexuales y espirituales sistémicos cometidos durante años. En Francia se han contabilizado hasta 330.000 víctimas de abusos sexuales en setenta años, cometidos por sacerdotes y también por laicos dentro de instituciones católicas. Es una cifra enorme. La otra cuestión que me preocupa de esta realidad es el silencio en torno a la figura del sacerdote, de quien ha cometido el abuso sexual. Parece que un hombre adquiere poderes cuando ha sido consagrado, cuando ha sido ordenado sacerdote, y que entra casi en otra dimensión. Y no se dice nada sobre ello.

Sobre los abusos sexuales dentro de la Iglesia, acaba de salir un libro que hemos escrito conjuntamente con Danièle Hervieu-Léger, titulado Vers l’implosion? Entretiens sur le présent et l’avenir du catholicisme (‘¿Hacia el desmoronamiento? Conversaciones sobre el presente y el futuro del catolicismo’), que habla precisamente de la crisis de abusos sexuales y espirituales que ha sacudido a la Iglesia católica. Y la ha sacudido hasta sus raíces porque procede del propio seno del catolicismo, de sacerdotes y laicos reconocidos, pero también porque es universal y sistémica.

Sigo muy vinculado a la Iglesia y, cuando me planteo una pregunta sobre el catolicismo o el cristianismo, sé que estoy tocando una parte profunda de nuestra cultura y de la cultura de Europa

Hay quien lo describe como un sociólogo católico cuya principal motivación es la crítica a la Iglesia. ¿Se ve así?

No. En absoluto. Soy simplemente un sociólogo que trata de ser honesto, es decir, de decir lo que ve y no decir más de la cuenta. Es cierto que he estado durante mucho tiempo en la Iglesia católica y que, poco a poco, me he ido distanciando de ella como practicante. No obstante, sigo muy vinculado a la Iglesia y, cuando me planteo una pregunta sobre el catolicismo o el cristianismo, sé que estoy tocando una parte profunda de nuestra cultura y de la cultura de Europa.

Vacío del alma
Vacío del alma

Jean-Louis Schlegel

Jean-Louis Schlegel es filósofo, editor, traductor y sociólogo de las religiones. Su campo de estudio se centra en la evolución de las religiones y, particularmente, de la Iglesia católica en la sociedad contemporánea. Ha estudiado la evolución de las prácticas, la cultura, las instituciones, los poderes, el papel y el lugar de la religión en las democracias actuales, la relación —y la oposición— entre filosofía y teología, así como los fenómenos sociales relacionados con la religión (excesos «sectarios» y cuestiones en torno al fundamentalismo y al laicismo). Fue miembro del consejo editorial de la revista científica francesa de sociología de las religiones Archives de Sciences Sociales des Religions y director de la revista Esprit. Ha publicado numerosos libros. En junio de 2022 pronunció la conferencia de clausura del curso de la Fundació Joan Maragall, titulada «El templo vacío: la secularización cultural y espiritual».

Las noticias de Religión Digital, todas las mañanas en tu email.
APÚNTATE AL BOLETÍN GRATUITO

También te puede interesar

Lo último

stats