"Cuánto precisamos de sensatez" España ¡Ay España!

David López Royo
David López Royo

"¡Ay España! ¿Adónde está la brisa que necesitamos para dejarnos arrastrar con suavidad por una España llena de esperanza?"

"¡Ay España! El atardecer tiene que servirnos para mirar a las cumbres de nuestras montañas y descubrir en ellas la nieve perpetua de nuestra historia"

"Tenemos que ser capaces de transformar las distancias que nos alejan en cercanías atravesadas por caminos adornados por la concordia"

"¡Ay España! Qué el atardecer no arruine a nuestras montañas, valles, mesetas y playas, llevándonos a una división que nos haga perecer a todos"

Atardece de norte a sur y de este a oeste. El atardecer mezcla la noche con el día y hace que las montañas, los valles, las mesetas y las playas vaya adquiriendo un particular paisaje surcado por quebradas, riachuelos y ríos.

Las sombras que emergen del cielo cubren cada centímetro de una tierra que se ha forjado a través de siglos. Entre la penumbra van surgiendo manantiales que hacen que el agua que surca esta tierra pueda bañar a una tierra que no deja de buscar lo mejor para cada persona que la habita.

Es una tierra que se está agrietando y con las hendijas se está rompiendo poco a poco el espacio compacto ganado a través de los siglos ¡Ay España! Son hendiduras que van rasgando las montañas, los valles, las mesetas y las playas.

De este a oeste el sol va desapareciendo y los paisajes van siendo arrastrados, sin percatarse, hacia un valle obscuro, en donde se mezclan todos los vientos que buscan destruir, como un huracán, todo lo que hallan en su camino.

De norte a sur el atardecer se cruza con los ventarrones del valle obscuro; sin embargo el sol se mantiene firme desafiando la fuerza cruzada de la ventolera convirtiéndola a ésta en suave brisa.

¡Ay España! ¿Adónde está la brisa que necesitamos para dejarnos arrastrar con suavidad por una España llena de esperanza?

La esperanza hará que nuestros rostros sean capaces de ser acariciados por la confianza que todo puede cambiar.

Arrastrados por la angustia que puede producir la obscuridad tenemos que intentar construir un camino que no se vea abatido por la fuerza de un ciclón que todo puede arrasar.

El atardecer nos llevará a un amanecer que tenemos que aprovechar, en las horas frescas, para surcar una tierra en la cual se puedan plantar, otra vez, las semillas que den vida a un futuro más fraterno.

Esperanza

Roturemos la esperanza con un arado que vaya moviendo la tierra para prepararla para un paisaje que quede cubierto por el trigo que podamos compartir en una mesa.

¡Ay España! El atardecer tiene que servirnos para mirar a las cumbres de nuestras montañas y descubrir en ellas la nieve perpetua de nuestra historia. Su blancura tiene que emitir destellos de una luz que relumbre el interior de nuestras vidas, para que nuestros corazones sean capaces de superar las diferencias que podamos tener. Tiene que aparecer en todos nosotros el centelleo de la convivencia.

El atardecer no puede conducirnos a la obscuridad total, miremos desde nuestros valles al cielo porque en él descubriremos que millones de estrellas son nuestro techo. Un techo que es universal y bajo el cual vivimos millones de personas. Esto hará que nos planteemos que de este a oeste y que de norte a sur estamos bajo una misma bóveda; de esta forma nos podremos convertir en una campana que replica los valores del entendimiento.

Nuestras mesetas se podrán ver adornadas por una atardecer que haga resaltar el color oro de los trigos sembrados con cariño y paciencia.

¡Ay España! seamos pacientes y facilitadores del encuentro y de la escucha.

El atardecer puede convertirse en el momento especial del día para compartir el futuro, sentados junto al mar en una de las inmensas playas de las que disponemos.

Tenemos que ser capaces de transformar las distancias que nos alejan en cercanías atravesadas por caminos adornados por la concordia.

El atardecer puede ornamentar estos caminos con la luz suave de la confianza.

¡Ay España! Cuánto precisamos de sensatez.

¡Ay España! Qué el atardecer no arruine a nuestras montañas, valles, mesetas y playas, llevándonos a una división que nos haga perecer a todos.

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