Dotar a las sociedades de un camino certero desde una dimensión cristiana La dimensión social

David López Royo
David López Royo

"Escribo aquí un eje que puede ayudar a generar una sociedad que tenga como objetivo la dignificación de las personas"

"Son conceptos que pueden ayudar a establecer proyectos empresariales y políticos que busquen dotar a las sociedades de un camino certero y seguro para quienes habitan en las mismas"

"Son cuatro conceptos que  con otros más, a los que me referiré en el artículo de la próxima semana, deberían ayudar a configurar el eje de la dimensión social que debe de vertebrar nuestra sociedad"

Nuestra sociedad precisa de conceptos claros que se conviertan en referentes que afiancen el desarrollo de sus actividades en principios que puedan ayudarnos a construir una sociedad más coherente y justa.

Estos conceptos deben de servir de manera especial para el tejido empresarial, para los partidos políticos, para los gobernantes, para el tercer sector y por extensión para cada persona que configura la sociedad. Tienen que transformarse en energía de cambio para que el objetivo principal sea la dignificación de las personas.

Desde una dimensión cristiana, y en concreto desde la Doctrina Social de la Iglesia, el centro tiene que ser la persona tratada con dignidad. La dignificación es un camino al que estamos obligados; sin ésta será imposible cambiar todo lo negativo que afecta a las relaciones derivadas, principalmente, de la economía, de la política, de las relaciones internacionales y del trabajo; y por qué no decirlo de la propia presencia de la Iglesia. Hay que preguntarse si la Iglesia cumple con lo que predica, actualmente existe un gran porcentaje de personas que opinan que no, al contrario, la perciben como una maquinaria que tan solo busca el poder.

No obstante esto último, podemos considerar que los conceptos que nuestra sociedad demanda para que se pueda producir un auténtico cambio tienen, por cultura y por tradición, un fundamento esencial en lo que se puede considerar la Doctrina Social de la Iglesia; lo cual tampoco puede significar que la Iglesia debe de ostentar el marco normativo para su desarrollo. Puede ser una propuesta; pero nunca una imposición o una visión única; si bien a la luz de la Doctrina Social existen muchas fuerzas vivas en la Iglesia que son ejemplo y testimonio de un gran compromiso social y pastoral.

Se puede considerar que lo que seguidamente escribo es un eje que puede ayudar a generar una sociedad que tenga como objetivo la dignificación de las personas. Son conceptos que pueden ayudar a establecer proyectos empresariales y políticos que busquen dotar a las sociedades de un camino certero y seguro para quienes habitan en las mismas. Un camino basado en el respeto, la coherencia y el servicio, cuyas actividades sirvan para construir, desde la responsabilidad, un espacio de libertad y de convivencia.

El Papa León XIIIen la Encíclica Rerum Novarum, año 1891, en el número 26 nos indica que "No es justo, según hemos dicho, que ni el individuo ni la familia sean absorbidos por el Estado; lo justo es dejar a cada uno la facultad de obrar con libertad hasta donde sea posible, sin daño del bien común y sin injuria de nadie. No obstante, los que gobiernan deberán atender a la defensa de la comunidad y de sus miembros. De la comunidad, porque la naturaleza confió su conservación a la suma potestad, hasta el punto que la custodia de la salud pública no es sólo la suprema ley, sino la razón total del poder; de los miembros, porque la administración del Estado debe tender por naturaleza no a la utilidad de aquellos a quienes se ha confiado, sino de los que se le confían, como unánimemente afirman la filosofía y la fe cristiana".

Por lo tanto en primer concepto que debe de regir es el de la capacidad de elección que las personas debemos de tener ante las situaciones que la vida nos irá poniendo dentro del marco constitucional de una sociedad democrática.

El siguiente concepto está amparado en la dignificación del trabajo por cuanto éste nutre de autonomía a cada ser humano. Sin trabajo aparece la dependencia y esto anula totalmente a las personas generando clientelismo y pobreza.

El Papa Juan Pablo II en la Encíclica Centesimus Annus, año 1991, señala que "a este respecto, la Rerum novarum señala la vía de las justas reformas, que devuelven al trabajo su dignidad de libre actividad del hombre. Son reformas que suponen, por parte de la sociedad y del Estado, asumirse las responsabilidades en orden a defender al trabajador contra el íncubo del desempleo. Históricamente esto se ha logrado de dos modos convergentes: con políticas económicas, dirigidas a asegurar el crecimiento equilibrado y la condición de pleno empleo; con seguros contra el desempleo obrero y con políticas de cualificación profesional, capaces de facilitar a los trabajadores el paso de sectores en crisis a otros en desarrollo.

Por otra parte, la sociedad y el Estado deben asegurar unos niveles salariales adecuados al mantenimiento del trabajador y de su familia, incluso con una cierta capacidad de ahorro. Esto requiere esfuerzos para dar a los trabajadores conocimientos y aptitudes cada vez más amplios, capacitándolos así para un trabajo más cualificado y productivo; pero requiere también una asidua vigilancia y las convenientes medidas legislativas para acabar con fenómenos vergonzosos de explotación, sobre todo en perjuicio de los trabajadores más débiles, inmigrados o marginales. En este sector es decisivo el papel de los sindicatos que contratan los mínimos salariales y las condiciones de trabajo.

En fin, hay que garantizar el respeto por horarios «humanos» de trabajo y de descanso, y el derecho a expresar la propia personalidad en el lugar de trabajo, sin ser conculcados de ningún modo en la propia conciencia o en la propia dignidad. Hay que mencionar aquí de nuevo el papel de los sindicatos no sólo como instrumentos de negociación, sino también como «lugares» donde se expresa la personalidad de los trabajadores: sus servicios contribuyen al desarrollo de una auténtica cultura del trabajo y ayudan a participar de manera plenamente humana en la vida de la empresa".

El tercer concepto es la superación del conflicto entre civilizaciones, esto marca de manera constante las relaciones internacionales de los países y, por lo tanto, de todas aquellas actividades que se derivan de las mismas, como pueden ser, la economía, la salud, el sistema productivo, el modelo educativo y el sistema político.

Hoy podríamos hablar de la gran tragedia de los movimientos migratorios que se ven obligados a salir de su tierra para recalar en nuevas culturas y sociedades. Realidad que aprovechan las mafias para enriquecerse de manera injusta. También se podría señalar la brecha digital que produce un conflicto permanente entre realidades sociales avanzadas con respecto a otras carentes de los canales adecuados para beneficiarse de la tecnología, por cuanto ésta es un campo necesario para el desarrollo de las personas.

El Papa Pablo VI de manera inteligente en el año 1967, en su Encíclica Populorum Progressio nos advierte que "Por otra parte, el choque entre las civilizaciones tradicionales y las novedades de la civilización industrial rompe las estructuras que no se adaptan a las nuevas condiciones. Su marco, muchas veces rígido, era el apoyo indispensable de la vida personal y familiar, y los viejos se agarran a él, mientras que los jóvenes lo rehúyen, como un obstáculo inútil, para volverse ávidamente hacia nuevas formas de vida social. El conflicto de las generaciones se agrava así con un trágico dilema: o conservar instituciones y creencias ancestrales y renunciar al progreso; o abrirse a las técnicas y civilizaciones que vienen de fuera, pero rechazando con las tradiciones del pasado toda su riqueza humana. De hecho, los apoyos morales, espirituales y religiosos del pasado ceden con mucha frecuencia, sin que por eso mismo esté asegurada la inserción en el mundo nuevo.

El cuarto concepto es el de la responsabilidad ya que es la única manera de aceptar los deberes que se deben de practicar para con la sociedad reconociéndose al mismo tiempo los derechos que todo ser humano debe de tener.

El Papa Juan XXIII plasmó en la Encíclica Pacen in Terris la siguiente reflexión "En toda convivencia humana bien ordenada y provechosa hay que establecer como fundamento el principio de que todo hombre es persona, esto es, naturaleza dotada de inteligencia y de libre albedrío, y que, por tanto, el hombre tiene por sí mismo derechos y deberes, que dimanan inmediatamente y al mismo tiempo de su propia naturaleza. Estos derechos y deberes son, por ello, universales e inviolables y no pueden renunciarse por ningún concepto"

Estos cuatro conceptos con otros más, a los que me referiré en el artículo de la próxima semana, deberían ayudar a configurar el eje de la dimensión social que debe de vertebrar nuestra sociedad.

La Covid está cambiando nuestras relaciones, aprovechemos esta circunstancia para dotarnos de conceptos que nos hagan más personas y que nos ayuden a iniciar un proceso de transformación, en donde alcanzar la dignificación sea los talentos a recoger según la parábola que con tanto detalle relata Mateo 25:14-30. Así tenemos que la rentabilidad de los talentos tiene que ser la responsabilidad, la superación del conflicto entre civilizaciones, la dignificación del trabajo y la capacidad de elección.

Por una Iglesia mejor informada.
Solo gracias a tu apoyo podemos seguir siendo un medio de referencia.
Hazte socio/a de Religión Digital hoy

Volver arriba