Javier Travieso, siervo bueno y fiel

El Papa León ha aceptado hoy la renuncia de Mons. José Javier Travieso Martín, Vicario Apostólico de San José del Amazonas (Perú). Recuerdo cuando me habló de la idea de nombrarme vicario general. Creo que sabía que me iba a espantar un poco, así que lo hizo con casi un año de antelación para que me fuera preparando. ¿Cómo decirle que no?

Te gana con la bondad, la honestidad y la paciencia, te seduce esgrimiendo su humildad y haciéndote sentir su confianza en ti. Querido Javier: gracias por tu entrega, por tu testimonio, por tu bondad, por tu compromiso, por tu sencillez

El p. Francisco Abejón, César Caro y Javier Travieso en Trujillo en 2013
El p. Francisco Abejón, César Caro y Javier Travieso en Trujillo en 2013

La primera vez que vine al Perú, hace trece años, Paco Sayago, un compañero amigo de Javier desde la infancia, me recomendó que no fuera de frente de Lima a Chachapoyas, sino que pasase por Trujillo para conocer a Travieso. Y así llegué en bus a la Ciudad de la Eterna Primavera, caminé hasta la plaza de armas, y le timbré con el celular chanchito que me habían prestado. “Espérame ahí, que voy a recogerte”- me dijo. Y yo: ”Para que usted me reconozca, tengo barba y voy vestido con una chompa roja”. “Pues yo también tengo barba y voy vestido de obispo”.

Fue un bonito día, en el que le acompañé a un par de parroquias y me sorprendió el cariño que le tenía la gente. Era un obispo auxiliar cercano, que se recorría las comunidades y visitaba a los sacerdotes, incluso en los confines más lejanos de la sierra, de muy buen trato, afable y con capacidad de escucha. Con sus detalles, su amabilidad, ese porte y esa sonrisa que conquistaba y comunicaba seguridad.

Un año después le nombraron obispo vicario apostólico de San José del Amazonas. Yo llevaba poco más de un mes ya enviado al Perú, pero nos habíamos caído bien. Cuando comunicaron la fecha de la celebración de inicio de su servicio en Indiana, allá nos fuimos algunos paisanos a acompañarle y de paso a conocer la selva; y ya he contado que ese viaje fue definitivo para mí, me sentí irremediablemente atraído por la Amazonía, hasta hoy.

Solo dos años más tarde pasé al Vicariato, por supuesto con todos los permisos de los obispos implicados, porque así me insistió Javier. No le hizo mucha gracia que me quisiera ir a trabajar al río Yavarí, a Islandia, pero se dejó convencer con la suavidad que le caracteriza. Es un español que, después de cuarenta años en este país, ha perdido las aristas y se conduce con esa habilidad tan peruana de envolverte en una conversación en la que expresa lo que desea con claridad y sin traza de violencia.

Javier Travieso y Cesar Caro
Javier Travieso y Cesar Caro

Le costó trabajo adaptarse a la vida en la Amazonía. Durante muchos años sus tareas habían sido parroquiales y, sobre todo, académicas en la ciudad, de modo que tuvo que hacer acopio de toda su valentía y determinación para subir a los botes, afrontar los rigores climáticos, llegar a los puestos de misión alejados y aceptar que en la selva nunca hay grandes masas sino pequeñas asambleas.

Recuerdo cuando me habló de la idea de nombrarme vicario general. Creo que sabía que me iba a espantar un poco, así que lo hizo con casi un año de antelación para que me fuera preparando. ¿Cómo decirle que no? Te gana con la bondad, la honestidad y la paciencia, te seduce esgrimiendo su humildad y haciéndote sentir su confianza en ti. Me fui a Indiana pues, y justo ahí se desencadenó la pandemia y el obispo fue de los primeros en caer enfermo.

Desde agosto pasado sus dolencias le han imposibilitado en la práctica ejercer su ministerio, hasta que tomó la decisión de presentar su renuncia, que el Papa, que le conoce bien, ha aceptado hoy

Su salud quedó ofendida y nunca ha vuelto a ser el mismo. Le hemos visto experimentar cada vez más dificultades para las visitas y mayor necesidad de cuidados médicos, que le hacían ausentarse del Vicariato. Pero él tenía claro que debía prestar su servicio, cargando con la cruz: “el papa me ha enviado acá y yo tengo que hacer lo que pueda”. Siervo fiel y sencillo; con sus defectos, por supuesto, pero creyente y comprometido.

Desde agosto pasado sus dolencias le han imposibilitado en la práctica ejercer su ministerio, hasta que tomó la decisión de presentar su renuncia, que el Papa, que le conoce bien, ha aceptado hoy. En la Asamblea siempre entona una canción que ya le pedimos (porque es compositor y cantautor desde joven) y cuyo estribillo cantamos con él: “Una planta no está muerta mientras le quede raíz”. Me emociono en este momento al recordarlo.

Querido Javier: gracias por tu entrega, por tu testimonio, por tu bondad, por tu humildad. Tu vida no ha terminado; es cierto que ya no podrás continuar en el Vicariato, pero harás todavía muchas cosas en cuanto recobres energías y ánimos. Porque tú tienes una bella, profunda y robusta raíz, que es la vida de Jesús presente en la tuya. Nosotros la conocemos y la hemos disfrutado; estaremos siempre orgullosos de ser tus misioneros.

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