“La indignación moral de algunos intelectuales es una técnica utilizada para dotar de dignidad al idiota. Protestan contra los muertos mal enterrados y están afásicos ante el despido” (R. del Pozo, El Mundo, 22-6-10). Añadiría algo que ya publiqué ayer: “Lo mismo que un montón de artistas orgánicos y apesebrados españoles”. El hecho de reconocer la talla de un intelectual o de un arista en ciertos aspectos no debe impedir ver otros aspectos. Por ejemplo, admirar la toma de posición de Saramago en ciertos asuntos no impide criticarle que se haya manifestado en contra de ciertos regímenes dictatoriales y tiranos.