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La industria del fuego
Dios llueve con paciencia y mansedumbre infinitas y hasta con misericordia. Sin prisa y sin reposo. Llueve sobre el campo, sobre los árboles y los árboles llueven sobre la tierra, las piedras, las hojas secas del suelo; como una caricia que no deja ver el horizonte ni los montes. Ya han reventado manantiales que llevaban años secos. Escuchar la lluvia de noche en cama es como oír una tertulia de antepasados al amor del fuego de la lareira, como oír recitar sin parar, monótonamente, la letanía de Nuestra Señora. La lluvia ha ahondado las cunetas de las pistas, hecho regueros en los caminos y convertido en regatos los senderos del lobo y los del jabalí. Este año hasta puede que se ahoguen los ángeles que no saben nadar aunque vuelen porque la lluvia llega hasta el cielo. Los niños no recuerdan que haya empezado a llover nunca porque ha llovido toda su vida.
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