¿Epifanía y transfiguración?

La confinación del virus, acumulador de cadáveres, un impetuoso mar, un Godzilla llegado de fuera que con sus mortíferas alas desplegadas vaga por todas partes, cruel y terrible extermina personas cargadas de años y empezando a vivir, desnuda los fértiles campos, desde hace tiempo, vacíos de bueyes que tiren por los encorvados arados y los convierte en anchurosos campos de sombras y hace del mundo en un gigantesco cementerio, causa tremenda aflicción, profunda pena y dolor indescriptible, puede haber sido para muchos la ocasión de tomar en la mano las riendas de sí mismos aún en momentos de terrible enojo y desesperación, de reblandecer el corazón y humanizar su mirada del otro. Haber hecho este sinuoso camino puede haber obrado una epifanía y una transfiguración de muchas personas por haber derribado murallas inaccesibles e iluminado intimidades lo que, en adelante, permitirá mirar el mundo y a los demás de otra manera.

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