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Refugio de los muertos
Llega la noche, se traga los límites de las cosas y lo convierte todo en un continente insondable. El mundo se detiene y parece una vedad exiliada que permite pensar en los recuerdos y en las historias contadas en el pasado. Tiempo propicio para rumiar los misterios y asomarse a los abismos de la naturaleza. “Podemos defendernos de todo menos del paso del tiempo”, me dijo tonando el último sorbo.
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