esperanza naufragio soledad
La esperanza del náufrago
El confinamiento habrá dado tiempo a muchos para apreciar y disfrutar de la rosa manchada de polvo a la vera del camino, de la sombra espesa de la higuera del patio, de las manzanas y membrillos redondos como pensamientos de Dios, de la alegría que nos invade con el silencio cautivo de los colores de la aurora, de la amplitud de las calles y del pavor de las terrazas vacías; les habrá dado tiempo para admirar el picaporte de aquel viejo caserón, para repasar los viejos senderos recorridos en la infancia y volver a pisar las piedras que saltamos para cruzar el río y contemplar el vacío de los lugares que conocimos con aquellos que ya partieron. A muchos les habrá servido para, desnudos de todos los ropajes, admirar y disfrutar de la belleza que destila la vida ordinaria que nos rodea, y que, de ordinario, nos ignora e ignoramos. Esta mañana alguien me dijo: el rocío es el llanto de mi alma. Cualquier noche oscura y de tormenta puede tener un luminoso oasis inesperado.
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